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Entrevista

Yerai Cortés: "¿Por qué tiene que ser tan grave mostrarte vulnerable?"

El guitarrista que protagoniza el documental ‘La guitarra flamenca de Yerai Cortés’, de C. Tangana, donde airea episodios íntimos de su entorno familiar, actúa este miércoles en la sala Paral·lel 62, dentro del Festival de Jazz de Barcelona, cinco meses después de tener que suspender su actuación en el Sónar por una lesión doméstica

El presente dorado del documental musical: la vulnerabilidad del ídolo, la apuesta de las plataformas y la amenaza del "lavado de cara"

El guitarrista Yerai Cortés posa para EL PERIÓDICO, este martes 12 de noviembre en Barcelona

El guitarrista Yerai Cortés posa para EL PERIÓDICO, este martes 12 de noviembre en Barcelona / ELISENDA PONS

Jordi Bianciotto

Jordi Bianciotto

Barcelona
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Una lesión doméstica, cuando se cortó el tendón de una mano al rompérsele una copa de vino de cristal finísimo que estaba lavando, le forzó a suspender su pase en el último Sónar, pero de todo puede sacar Yerai Cortés una lección de vida. “Un corte, una herida que se cura, la mano que vuelve a su sitio… Pero no me olvido de la cicatriz, porque sigue ahí, y aprendo a mirarla de otra manera, convivo con ella y la utilizo”, medita. “Sí, a veces quizá me pongo demasiado místico”, sonríe este guitarrista sumido en un estado de gracia, proyectado ahora a través de un documental, ‘La guitarra flamenca de Yerai Cortés’, dirigido por C. Tangana, y que este miércoles acoge la sala Paral·lel 62, dentro del Festival de Jazz de Barcelona. 

Alicantino asentado en Madrid a los 18 años (ahora tiene 29), Cortés era hasta hace poco un guitarrista conocido por sus actuaciones en tablaos (“tocar para el baile era lo que más me gustaba”) y por su asociación con artistas como Sandra Carrasco, Richard Bona y Farruquito. Pero cruzarse con C. Tangana, hará tres años y medio, en una cena en casa del productor Javier Limón, le cambió la vida. De la química resultante salió esta película galardonada en el reciente In-Edit, que se adentra en el territorio familiar más privado de Cortés y asocia su arte con la guitarra a una herida íntima que, como el corte con la copa de cristal, él ha aprendido a interiorizar y a sanar. “Es la misma herida. El proceso de recuperación es muy parecido”, estima. “Sentía un impulso que me llevó a querer contar esta historia, y así se lo dije a Pucho (C. Tangana), sabiendo que en el proceso había una parte terapéutica”.

De puertas para adentro

Ese relato tiene que ver con unos padres separados cuando él era un niño, un alto muro de incomunicación entre ambos y una tía fallecida que guarda un gran secreto familiar. La música, sus pulsaciones a la guitarra flamenca, envuelven una historia que Cortés quiso contar “de puertas para adentro”, sin pensar en el público. “Para que pudiésemos solucionar cosas que no estábamos gestionando bien”. Sus padres llevaban dos décadas sin hablarse, pero el filme obró el milagro. Bajaron las defensas, renació el diálogo y hace poco coincidieron cordialmente en el estreno en San Sebastián. “Me pegué una fiesta con ellos. Yo le había dicho a Pucho que no quería que la película, para que gustase, creara problemas dentro de la familia. No sabes lo que nos ha sanado”. 

Así se presenta Yerai Cortés por la puerta grande, con unas composiciones enredadas en ese relato familiar con secuencias de intriga y de ‘thriller’, que darán lugar a su primer álbum propio, tras haber lanzado tres sencillos. Una vía inusual, la de airear aspectos turbios de tu biografía, con la que ha querido “borrar al artista heroico” y mostrar debilidades. “Sí, se está viendo mi parte íntima, ¿pero no estamos faltados de ser más personas los artistas? Algunos, no todos”, cavila. “¿Por qué tiene que ser tan grave mostrarte vulnerable, enseñar las cosas que no han salido tan bien en tu vida, o las que te han dado miedo? Cada vez que alguien ve el documental me estoy sanando, y menos mía es esa historia, y pasa a ser más de la gente”.

Grito de protesta

El flamenco versa, al fin y al cabo, sobre “personas que están todo el rato huyendo de la desgracia y la represión, cambiando de pueblo y de ciudad”, observa. “Es un canto de protesta, que habla de penas y fatigas”. Pero no hay que ver a Yerai Cortés como un alma en pena. “No, no, yo no he pasado fatigas, pero he leído y me interesa de dónde viene el flamenco. Esta película refleja solo una parte de mí, es un cajón que he abierto”. Tampoco cree que el dolor haga que la música sea mejor o más genuina. “Yo aparto al músico de esto. La música acompaña. Es el único lenguaje que tengo”. Se considera un privilegiado. “He currado como un loco, pero he tenido suerte en la vida. Yo creo en ella también”.

C. Tangana ve en él a un músico al que “los modernos tratan de moderno, y los gitanos, de gitano”, y a él esa ubicación le parece interesante, aunque dice sentirse musicalmente “en tierra de nadie, buscando todavía”. Pero el concierto de Paral·lel 62 será de “flamenco ortodoxo”, avisa. Titulado ‘Flamenco coral’, consta de su guitarra y las voces de seis palmeras. “Estoy empezando como guitarrista solista y quería contar con la palma y la voz, lo que tenemos en el cuerpo, lo más puro y precario”. ¿Se ve metiéndose en el futuro en fusiones con otros estilos, como hace Tangana? “Si surge una energía bonita con alguien, me lanzo a hacer música de lo que sea. Pero no me fijo tanto en el género como en la persona”.