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NOVEDAD EDITORIAL

Margaret Atwood, sobre los resultados electorales en EEUU: "No creo que sea un momento para tirarse por un puente, no todo está perdido"

La escritora publica una colección de relatos, 'Perdidas en el bosque', que incluye una entrevista falsa a George Orwell, el final de Hipatia de Alejandría contada por ella misma o una serie de relatos sobre la vejez, la pérdida y la memoria

La escritora Margaret Atwood publica en español la colección de relatos 'Perdidas en el bosque'.

La escritora Margaret Atwood publica en español la colección de relatos 'Perdidas en el bosque'. / RODRIGO RUIZ CIANCIA/SALAMANDRA

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Ángeles Castellano

Madrid
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La escritora Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939) no pierde en sentido del humor pese a la situación del mundo actual. Ante los resultados electorales en Estados Unidos, dice que nos encontramos en "una situación de Elige tu propia aventura. ¿Estamos ante un Augusto César o un Calígula? Saca las palomitas de maíz, porque va a ser muy interesante de ver". La autora de la distopía El cuento de la criada ha vuelto a la ficción. Lo hace con una colección de quince relatos titulada Perdidas en el bosque y publicado en español por Salamandra. Por esto, atiende a los medios españoles y latinoamericanos a través de una videoconferencia desde Ottawa, a donde acaba de regresar tras un viaje a Europa.

Lo hace justo después de la victoria electoral de Donald Trump. Aunque no le parece una buena noticia, deja espacio para la esperanza. "No creo que sea el momento para tirar la toalla y tirarse de un puente", dice. "No todo está perdido. Hay demasiada gente en Estados Unidos que no toleraría una dictadura" responde a los periodistas.

Atwood cree que a Harris le jugó en contra ser una mujer negra y tener poco tiempo para hacer campaña. "Mucha gente, incluidas las mujeres, temía que ella pudiera hacerles lo mismo que le han hecho en el pasado a personas como ella", responde. "La gente tenía miedo de perder identidad, estatus y poder". Para la escritora, la conversación pública en los últimos años ha girado mucho en torno a la identidad y casi nada en relación con la clase social. "Creo que la conversación va a volver ahora a ser sobre la clase, porque algo que ha ocurrido en Estados Unidos es que las afiliaciones de clase se invirtieron: solía pensarse que los demócratas representaban a la clase trabajadora y ahora la percepción es que los republicanos les representan en la actualidad y los demócratas a las élites, y esto podría significar casi cualquier cosa, pero sobre todo, gente educada quisquillosa".

Y aunque insiste en que lo que ocurra en los próximos cuatro años es una incógnita porque "Trump miente tanto que realmente no sabemos lo que piensa", Atwood se pregunta incluso si el presidente, el candidato de mayor edad nunca elegido, sobrevivirá al mandato completo. "En cuatro años tendrá 78 ó 79 años y no sabemos nada del estado real de su salud", afirma. En caso de no lograrlo, Atwood también es clara sobre su sucesor, el nuevo vicepresidente, J. D. Vance: "es una gran incógnita, empezó diciendo que Trump era como Hitler y terminó siendo su compañero en la candidatura, ¿qué debemos creer realmente?". La escritora pone un símil en la ficción: "¿Alguien recuerda la serie Yo, Claudio? En ella seguimos a Claudio, que todo el mundo piensa que es un simple, pero logra no ser asesinado, como sí lo son todos los demás candidatos a la jefatura del Imperio, fingió ser completamente sumiso, pero eso no era realmente lo que era. No sabemos lo que piensa J. D. Vance".

Los derechos de las mujeres

La distopía por la que Atwood es reconocida en todo el mundo, El cuento de la criada, fue escrita en 1984, pero está más de actualidad que nunca, en un mundo en el que se explota a las mujeres con fines reproductivos, pero a la vez, en algunos países como EEUU, se trata de restringir el derecho al aborto. Así comienza a ocurrir en este país, donde esta semana se volvían a disparar las ventas de este y otros libros sobre totalitarismos tras la victoria de Trump. Atwood valora positivamente los resultados del referéndum sobre el aborto que se planteó en las mismas elecciones presidenciales. "Los republicanos han hecho algo muy inteligente, que es separar el referéndum de la elección presidencial, porque al hacerlo una cuestión estatal, en algunos estados fuertemente republicanos podías votar a Trump como presidente y a la vez a favor de defender que la salud de las mujeres debe estar protegida, como ha ocurrido en Montana", defiende.

Su libro estuvo fuertemente influenciado por un autor, George Orwell, que aparece en su colección de relatos entrevistado por ella a pesar de que está muerto. "Este relato -titulado La entrevista post mortem- lo escribí como un encargo", explica en la entrevista. "Elegí a Orwell porque había algunas preguntas que quería plantearle y lo hice a través de un médium. Orwell, que siempre me ha interesado, habló a través del médium y, como notarán los lectores en relato, aún está fumando en el más allá, no tuvo que abandonarlo". Y remata, con una sonrisa: "Supongo que no es tan malo para él como lo era cuando estaba vivo".

Dice que lo primero que leyó de este autor fue Rebelión en la granja, cuando aún era tan joven que no era capaz de distinguir que se trataba de una alegoría política -"pensé que era una historia de animales", admite-, y más tarde, con 13 ó 14 años, leyó 1984, ya plenamente consciente de lo que estaba leyendo. "Mi interés sobre las formas totalitarias de gobierno comenzó con él", dice. "Otra cosa que me influyó fue que en estas historias sobre el futuro y gobiernos horribles siempre necesitas una explicación sobre cómo llegaron a ser así y Orwell señala en medio del libro que el enemigo puede que exista o que no exista, porque si el Gobierno controla la televisión y los medios de comunicación no puedes saber nunca qué es real". Esto, afirma, está en su distopía también, que escribió antes de que existiera Internet.

Memorias de juventud

Atwood explica que está trabajando en sus memorias, que se centran en sus recuerdos de juventud. "No son una autobiografía", afirma rotunda, "sino simplemente una colección de cosas que puedes recordar. Lo que usualmente recuerdas son cosas estúpidas, y además va cambiando con el tiempo la forma en que las recuerdas". Por ejemplo, dice, con 18 años, tu primer amor "puede ser recordado como una tragedia, algo devastador, mientras que cuando tienes 30 posiblemente pienses que fue algo gracioso y con 60 no puedes ni siquiera recordar su nombre y probablemente no lo reconoces en la calle porque se le ha caído el cabello. Lo siento, pero va a pasar" advierte.

Para ella, su etapa temprana, esa anterior a convertirse en una escritora de éxito, es la más interesante y a la que está dedicando más páginas. "Escribir sobre publicar un libro, presentarlo, publicar otro, presentarlo y todo eso es bastante aburrido y estable, no hay mucho más que decir al respecto", dice.

Preguntada sobre qué le ha enseñado la escritura, responde que justamente tiene que ver con el fracaso, "porque mucha escritura fracasa, la terminas tirando a la papelera. Los escritores siempre están fallando, de una u otra manera, aunque también lo están la mayoría de las personas la mayor parte del tiempo", afirma.

Algo hay de memorias y experiencias propias en su libro recién presentado, Perdidas en el bosque, que incluye varios relatos sobre un matrimonio que recuerda diferentes momentos de su relación: la juventud, la madurez y la vejez, en la que uno de los dos ya falta. Estos relatos, en los que se trata el duelo y la pérdida, confiesa que son los que más se acercan a su experiencia vital, su relación con su compañero de vida, Graeme Gibson, que falleció en 2019. En medio, además de la entrevista a Orwell, también aparece un relato (Muerte a golpe de concha) en el que Hipatia de Alejandría narra su propio fallecimiento y en La impaciente Griselda, un relato escrito en 2020 para un proyecto centrado en el Decamerón que la revista del diario estadounidense The New York Times realizó durante la pandemia, admite que tuvo la oportunidad de reescribir la historia dentro de la obra de Giovanni Boccaccio que menos le gustaba. "También se escribió durante una plaga, la peste negra".

Distopías y utopías

De momento no tiene entre sus planes escribir otra distopía, aunque no cree que estas hayan perdido su sentido en el mundo actual, "porque siempre puede ser peor", dice. En la conversación hace un repaso a los motivos por los que aparecieron las utopías a finales del siglo XIX (básicamente, explica, porque gracias a los avances tecnológicos y descubrimientos científicos, la gente tenía mucha confianza en el futuro), algo que cambió tras las dos guerras mundiales. Hoy, dice que llegan a sus manos muchas distopías que tienen como centro el cambio climático y los derechos de las mujeres, "aunque también hay algunas que son lo bastante cómicas como para girar en torno a un futuro en el que los hombres viven malos tiempos".

Aunque es crítica con las utopías literarias ("puede ser un poco aburrido si todo en el futuro va bien y no hay ningún conflicto que desencadene la acción", afirma) en el encuentro con periodistas explica el proyecto Utopías prácticas, en el que participaron en línea alrededor de doscientas personas de diferentes lugares del mundo para imaginar una propuesta práctica de sistema social utópico alternativo al actual. "Hay dos preguntas que se evadieron bastante", indica. "Una de ellas es qué harían con las personas que rompen las reglas o son criminales, porque nadie quiere hablar de ejército, policía o cárceles", explica, para después afirmar: "lo siento, pero esto no concuerda con lo que conocemos sobre la naturaleza humana".

La otra, indica, tiene que ver con la organización económica. "Nadie abordó qué pasa si alguien acumula riqueza, no es un tema con el que los pensadores utópicos realmente les gusta lidiar".

'Perdidas en el bosque'

Margaret Atwood

Traducción: Victoria Alonso

Editorial Salamandra

304 páginas | 19,95 euros