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Crónica del concierto

Reventar Madrid en catalán: el pop melancólico de Joan Dausà hace historia en la noche del Clásico

Tras llenar el Palau Sant Jordi el pasado enero, el cantautor barcelonés repite la hazaña en un Palacio de Vistalegre hasta los topes

Entrevista a Joan Dausà: "En Madrid hay mucha gente que no tiene ni idea de lo que está pasando aquí"

Joan Dausà durante un momento del concierto en Madrid.

Joan Dausà durante un momento del concierto en Madrid. / /

Pedro Del Corral

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Corrían las 22:15 horas cuando, en una esquinita del Palacio de Vistalegre de Madrid, una joven de 16 años soltó a su padre entre botes: "No entiendo lo que dice, pero me gusta". Estaba allí por él, barcelonés en acogida. Mientras él coreaba hasta la última palabra en catalán, ella bailaba. No le hizo falta hablarla para disfrutar de un concierto que, quizá, de haberse producido en otra ciudad, no hubiese llamado tanto la atención.

Este sábado, Joan Dausà(Sant Feliu de Llobregat, 1979) logró un hito: reunir a 10.000 almas en la capital para cantar sus grandes éxitos. Dos horas en las que la música ganó el pulso a la política. 

El reto surgió el pasado 20 de enero cuando, tras reventar el Palau Sant Jordi de Barcelona, el cantautor propuso a los asistentes repetir la hazaña en otro destino. "¿Vendríais", preguntó. Al rato, 6.000 seguidores se habían inscrito en su web para poner en marcha el plan. Por aquel entonces, desconocían que Madrid sería la elegida. Y, con los ojos vendados, se apuntaron a la preventa.

Público entregado

Ocho meses después, puede respirar tranquilo: no solo convenció a su público, sino a otro buen puñado de personas que han encontrado en sus canciones un refugio sin necesidad de compartir lengua. 

"Esto es muy bestia. Madre mía. ¿Hay alguien que no entienda el catalán? Algún grupito, sí. Gracias por venir y dejaros llevar por la emoción. Este será un concierto entre Víctor Manuel y La La Love You", dijo frente a una multitud eufórica. Un estado que se mantuvo a lo largo de la velada, incluso en los momentos más íntimos.

Apenas se notó la afonía que arrastraba. Hay tanta carga emocional en sus letras que resulta imposible no verse reflejado en ellas. Si por algo destaca Joan es, precisamente, por relatar la vida como pocos. A veces, nostálgico. Otras, azucarado. Pero siempre con la dosis justa de verdad. Un anzuelo costumbrista que, anoche, otra vez, lanzó con efecto. 

Bromas inteligentes

A pesar de la espontaneidad que le caracteriza, interpelando y alentando a la masa, bromeando con inteligencia, el concierto estuvo perfectamente estudiado: el orden de las canciones, la cadencia de los versos, el protagonismo de la banda…

El triunfo de Joan es puramente artesanal: cocinado a fuego lento, en voz bajita, dando cabida a los sentimientos. Hay una alegre melancolía en su proyecto que lo vuelve único. Está hecho a su imagen y semejanza, por eso resulta magnético. Bastaron los primeros acordes de Crema-ho totNunca es tardeBuenos Aires y Truca’m para comprobarlo. 

Desamores y abandonos

Tampoco faltó Jo mai mai, la canción con la que debutó hace 12 otoños: la inolvidable historia de amor que compartió con Judit se ha convertido en un clásico dentro y fuera de su repertorio. En parte, gracias a la película Barcelona, nit d’estiu, inspirada en ella. "Sé que hay quien se ha pagado el transporte, el alojamiento y la entrada para estar aquí. Os amo", señaló enfundado en un traje negro mientras daba paso a las situaciones cotidianas que paladea en cada tema. Desamores, abandonos, despedidas… con una ventana siempre abierta a la esperanza. Marca de la casa. 

No es la primera vez que Joan actúa en Madrid, antes ya lo hizo en el teatro Infanta Isabel y la sala Galileo Galilei. Ahora bien, en esta ocasión, el aforo se ha multiplicado en consideración. De ahí que, para celebrar el salto, haya invitado a Víctor Manuel al escenario para interpretar Planta 14 y Solo pienso en ti. También estrenó Octubre del 24, el himno que creó junto a Paula Koops específicamente para esta cita. Versionó Aquí no hay playa. Sin olvidar, como buen culé, las palmeadas conexiones con el Bernabéu para conocer el resultado del Clásico. Todo ello mientras aquel padre y su hija, en su rinconcito, exhaustos, aplaudían esta diversidad como motor de unión.