Entrevista
Mathias Enard publica 'Desertar': "La literatura sirve para compensar las imágenes de los informativos fríos y terribles'
El escritor francés, vinculado a Barcelona y premio Goncourt, compone un profundo alegato antibelicista en su nueva novela
Sigrid Nunez: "Trump es hoy una amenaza mayor para la democracia que en 2016 y 2020"
Vuelve el fenómeno Sally Rooney: "Su nivel de sinceridad es bestial; no ha existido una escritora así jamás"

Premio Goncourt en 2015 y Premio Albert Camus en 2022, el escritor francés Mathias Enard ha regresado a la narrativa con la novela 'Desertar'. / VICTORIA ROVIRA

Lo que encierra 'Desertar' (Random House / Empúries), la última novela del escritor francés Mathias Enard -arabista, goncourt, barcelonés de adopción- es un milagro. ¿Cómo se pueden reducir los grandes conflictos del siglo XX a poco más de 200 páginas? Vale, reducir no es la palabra adecuada porque rara vez tan poca extensión tuvo tanta hondura. Enard, que hace apenas unos meses está viviendo en las afueras de Berlín, un lugar idílico que enseña en las fotos de su móvil, ha creado una novela que en realidad son dos. En la primera, en un lugar y época innominadas (aunque se deduce que es el Mediterráneo), en primerísimo primer plano un desertor cubierto de mugre y sangre reseca se encuentra con una refugiada en fuga. La segunda, mucho más cosmopolita y sutil, está dibujada como una gran panorámica histórica: la hija de un insigne matemático que decidió vivir en la RDA tras la guerra evoca la amorosa relación sus padres aunque la madre prefirió situarse en el lado contrario y llegó a ser colaboradora de Willy Brandt. Ahora que la guerra, las guerras, han vuelto a nuestros informativos, bueno será leer esta parábola antibelicista que nos interpela con brillantez.
Usted vivió hace años en Berlín y ha regresado allí hace muy poco. ¿Esta novela nace de esa experiencia?
Nace de un momento muy concreto. Hace años me dieron un premio importante en Alemania y la entrega se realizaba en Weimar. El día antes organizaron una cena de gala en el pequeño castillo de Ettersburg, un pabellón de caza donde Schiller había escrito ‘María Estuardo’. Allí uno de los asistentes, que había sido presidente del Bundestag me contó que la última vez que había estado allí fue en el 2005 con Jorge Semprún, con motivo del 60 aniversario del campo de concentración de Buchenwald, que se encontraba a poco más de media hora de allí a pie. Mi sorpresa fue enorme, sabía que Buchenwald estaba en Weimar pero me era muy difícil relacionar aquel pequeño castillo tan encantador, con su cuidado jardín, situado en las colinas más hermosas del mundo con el campo de concentración.

Mathias Enard en la librería Finestres. / Guillem Roset / ACN
En medio de la belleza y la cultura estaba el mal.
Ahí pensé que tenía que utilizarlo como punto de partida o punto final de una historia sobre el siglo XX, que es lo que es este libro. Investigué, fui a Buchenwald, leí todos los discursos de Jorge Semprún, de quién había sido amigo y entonces… empezó la guerra de Ucrania. Eso me dio una nueva perspectiva y me hizo pensar que necesitaba complementar la historia del matemático con la del desertor.
En la novela utiliza la imagen de dos bolígrafos unidos por una goma que trazan un mismo dibujo. ¿Es eso?
Son historias paralelas que nunca se encuentran pero en la mente del lector se establecen reacciones entre una y otra.
Es sobre todo una novela antibelicista, aunque no lo exhiba.
No enarbola ninguna bandera, es verdad. La literatura no está para lo obvio sino para lo hondo y eso no se consigue con lemas. Hay que mostrar las cosas de una forma indirecta, ver cómo los personajes se relacionan con su propia historia y con el mundo en el que viven. Aquí pretendía mostrar la violencia de la guerra y cómo esta se puede dejar atrás, si es que se puede.

El escritor francés Mathias Enard. / Toni Albir. EFE
Este libro retrata el gran momento del comunismo como utopía política.
Ahora es algo que nos parece muy lejano, pero para muchos hombres y mujeres fue muy importante, fuente de grandes ideales, pero también de enormes decepciones, cuando muchos de ellos descubrieron en los años 50 que el comunismo de la URSS no les llevaba a ningún sitio, como le ocurrió a Semprún. Paul Heudeberg, mi matemático, toma otro camino, cree en ello como si fuera una religión.
En sus novelas se suele apoyar en distintas disciplinas como la antropología, las relaciones internacionales, o la música. Aquí se vale de las matemáticas ¿no se estaba metiendo en un berenjenal?
De joven estuve a punto de estudiar matemáticas en la universidad. Siempre me interesaron mucho y en los últimos años he vuelto a ellas porque me parecen una forma muy interesante de relacionarse con el mundo, una manera de moverse entre nuestro mundo interior y la realidad externa.
Un personaje lanza una bonita metáfora: “todos estamos conectado como una serie de números, aunque no sepamos bien por qué".
Eso es una realidad, también matemática. Tenemos esos conjuntos de números, algunos infinitos, y no sabemos bien que son: si fruto de nuestra imaginación o tienen una vinculación directa con nosotros. Eso es un hecho, el porqué es otra cosa.

Premio Goncourt en 2015 y Premio Albert Camus en 2022, el escritor francés Mathias Enard ha regresado a la narrativa con la novela 'Desertar'. / Toni Albir
Otro de los momentos significativos de la novela es la experiencia de la caída de las Torres Gemelas que retrata como el kilómetro cero de la fobia de Occidente hacia el mundo árabe que tan eficazmente está utilizando la extrema derecha.
Es un fenómeno clave del cambio de siglo. Recuerdo que antes del 11-S se hablaba del fin de la Historia. En los 90 se decía: ya está, hemos ganado, el capitalismo puro, bello y perfecto se ha hecho cargo de todo. Pero chocan dos aviones y todo el mundo tiene que revisar sus ideas. Siempre es así, hay corrientes, movimientos de la historia invisibles para los ojos que estaban ahí preparando la mayor violencia posible .
El 7 de octubre del 2023 fue también uno de esos momentos para los israelís. ¿Cómo gran conocedor de Oriente Próximo imaginaba algo así?
Recuerdo que entonces estaba en un festival de historiadores, especializados en esa zona y nadie lo podía creer. Como tampoco me cabe en la cabeza lo que vino después en Gaza o ahora en el Líbano. Lo peor está siempre por llegar.
Esta quizá sea una pregunta para un politólogo, pero cree que pueda pasar de ser un conflicto regional a uno global.
De momento parece que los rusos han decidido concentrarse en lo suyo, y no aprovechan la situación para mover fichas en Oriente Próximo porque ya tienen un hueso duro de roer en Ucrania. Si no fuera por eso habría apoyado a Irán y eso lo habría cambiado todo porque es lo que hicieron en todos los años de guerra civil en Siria. El conflicto ha quedado enquistado durante 50 años y viene de más atrás, 70 años largos. Recuerdo haber visto documentales de los 70 en los que un combatiente palestino aseguraba que esto se iba a solucionar antes del año 2000.
Gran profeta. ¿La literatura sirve de algo en un contexto así?
La literatura puede hacer pensar a los individuos y, sobre todo, despertarles sentimientos. Qué sentimos ante el desamparo total de la guerra, qué responsabilidad tenemos frente a ello y cómo nos manejamos en este mundo. La literatura sirve para compensar las imágenes de los informativos fríos y terribles que nos muestran cuerpos destrozados pero no las historias y las vidas que hay tras ese horror.
- Javier Ruiz deja TVE para dirigir La Séptima, la nueva cadena de televisión, y Cintora asume 'Mañaneros
- Joc de cartes estiu' busca el mejor restaurante en primera línea de mar de Badalona
- Muertos S.L.' se despide en Netflix con una cuarta y última temporada
- Muere a los 68 años el bajista Felipe Lipe, el gafotas de Tequila
- La cantante argentina La Joaqui comparte con Rosalía y el público su dolorosa propuesta de separación
- Consumo multa al Reggaeton Beach Festival con 320.000 euros por prácticas abusivas
- Cinco películas en salas y cinco en plataformas que no puedes perderte este agosto
- ¿Quién vigila las escenas de sexo en los rodajes? 'El mayor riesgo es poner a personas sin formación