Estreno de cine
Galder Gaztelu-Urrutia: “Me prometí que no volvería a meterme en el dichoso hoyo, pero aquí estoy”
Niño de la guerra, campeón de boxeo, poeta, 'segurata' de El Canto del Loco... así es Hovik Keuchkerian, el actor de moda

Protagonizada por Milena Smit y Hovik Keuchkerian, la película vuelve a la cárcel de la primera película para contemplar el enfrentamiento cada vez más violento entre un grupo de presos . / EPC

Cuando, en marzo de 2020, ‘El Hoyo’ se erigió en fenómeno cultural tras convertirse en la película más vista entre los usuarios de Netflix en buena parte del mundo, el primer sorprendido por aquel rotundo éxito fue su propio director, Galder Gaztelu-Urrutia; aunque su primer largometraje había triunfado en el Festival de Sitges meses antes, al fin y al cabo, justo después de eso había pasado con mucha más pena que gloria por los cines españoles. “Fue todo muy extraño, sobre todo porque llegó a Netflix al principio de la pandemia, solo una semana después de que se declarara el confinamiento”, recuerda ahora. “Mientras sus visionados se disparaban y se hacía famosa internacionalmente, yo estaba encerrado en casa, dando entrevistas por ‘zoom’ y en pijama. Viví aquel momento de forma muy atípica”. El de Bilbao confiesa que, pese a aquella popularidad, inicialmente no se planteó dar continuidad a la película con una secuela. ”Tengo que reconocer que acabé un poco harto del dichoso hoyo, y que me hice la promesa de no volver a meterme en él jamás, pero aquí estoy. Con el tiempo comprendí, especialmente gracias a la respuesta del público, que aquel universo merecía ser ampliado”.

Hovik Keuchkerian, protagonista junto a Milena Smith de la película. / EPC
El resultado de aquel cambio de parecer se incorpora hoy mismo al catálogo del gigante del ‘streaming’. ‘El Hoyo 2’ es, de acuerdo con lo previsible, "mucho más grande, y tiene mucha más acción, más giros y más sorpresas”, en palabras de su director. Por lo demás, exhibe el mismo estilo visual minimalista y claustrofóbico que su predecesora, y una mezcla similar de ciencia ficción, horror y crítica social. Como aquella, transcurre en el seno de un sistema carcelario vertical en el que cada celda está debajo de la anterior y en el que los presos, a razón de dos por celda, son alimentados a través de una plataforma llena de comida que va descendiendo, por lo que las posibilidades de acceso a la comida disminuyen cuanto más abajo se está. “Como narrador, siempre me han interesado las paradojas sociales y el debate público”, afirma Gaztelu-Urrutia. “Ambas películas son una reflexión sobre el reparto desigual de la riqueza, una lacra que ha afectado a todas las sociedades pasadas y afecta a todas las actuales, y que por eso nunca pierde interés. Pero en ‘El Hoyo 2’, además, el conflicto central tiene que ver también con la ideología”.

Milena Smith en ‘El hoyo 2’. / EPC
Protagonizada por Milena Smit y Hovik Keuchkerian, la película vuelve a aquella cárcel para contemplar el enfrentamiento cada vez más violento entre un grupo de presos que controla el reparto de la comida organizándose en torno a un misterioso líder y a una lógica inflexible que denominan “La Ley” -transgredirla significa la muerte- y una facción de convictos insurgentes que dicen rebelarse contra la tiranía y en pos de la libertad. “Son dos posturas igualmente nocivas”, aclara el director. “Por un lado, unos tipos abiertamente individualistas y orgullosos de su supremacismo; por el otro, gente que predica el colectivismo pero que en realidad defiende la propiedad privada y los privilegios heredados”.
Como sus palabras permiten adivinar, ‘El Hoyo 2’ trata de hacerse fuerte en el territorio de la ambigüedad; puede entenderse como una película progresista porque defiende la necesidad de cambio social, e invita a ser considerada como reaccionaria en cuanto que asume que cualquier intento de lograr ese cambio es inútil, porque está abocado al fracaso -los ricos siempre serán ricos, y los pobres siempre pobres-, y que los ideales son puro postureo.

El director de cine Galder Gaztelu-Urrutia. / FESTIVAL DE SITGES
“Lo que me interesa principalmente es hablar de nuestra subjetividad”, aclara Gaztelu-Urrutia. “Las mismas normas que nos parecen horribles cuando nos causan sufrimiento de repente pasan a ser maravillosas cuando nos vemos beneficiados por ellas. Yo soy de los que se pasan el día echando la culpa de todo a quienes están por encima de mí pero luego, cuando miro a través del hoyo, me doy cuenta de que hay más gente debajo de mí que encima. Es lo mismo que nos pasa a todos, y nos impone una responsabilidad. Si usamos los abusos que nos imponen los de arriba como justificación para abusar de los de abajo, no vamos a solucionar nada”. Para que la fórmula de estas películas funcione, en su esquema narrativo no hay espacio para ese tipo de razonamiento solidario. “Quizá al fondo del hoyo, entre los olvidados del sistema, sí exista la posibilidad de una utopía socialista”, sugiere el director. “Eso es algo que tenemos pendiente explorar”. ¿Significa eso que la existencia de ‘El Hoyo 3’ es una opción? “Tal vez. Me gustaría seguir haciéndome preguntas, pero la última palabra al respecto la tienen los espectadores”.
¿Logrará la nueva película la misma respuesta por parte del público que obtuvo su predecesora? ‘El hoyo’, recordemos, aterrizó en Netflix en un momento en el que los cines estaban cerrados y la gente, encerrada en sus casas, consumían casi todo su entretenimiento audiovisual en ‘streaming’, y ‘El hoyo 2’ no contará con esa ventaja; a su favor, eso sí, tiene una premisa argumental que, opina su director, “es tan relevante ahora como entonces: las desigualdades sociales y económicas siempre van a más”.
Él, en cualquier caso, asegura no prestar excesiva atención al éxito. “Lo que pasó con la primera película me pilló con 45 años, y con los pies bien plantados en el suelo; por entonces yo había dedicado mi vida sobre todo a la publicidad, y me iba razonablemente bien. Por supuesto, aquello me ha dado acceso a presupuestos más elevados para hacer el cine que me gusta, así que no me quejo”. Este mismo fin de semana, Gaztelu-Urrutia estrena otro largometraje en el Festival de Sitges, que se titula ‘Rich Flu’ -en español, la gripe de los ricos- y que también es una distopía. “Trata sobre un misterioso virus que afecta a las personas más ricas y poderosas del mundo”, avanza el director “Cuanto más dinero acumulas, más posibilidades tienes de morir”. Rodada en inglés con reparto internacional, incide en el asunto que hasta ahora funciona a mod de hilo conductor de la filmografía de su autor. “Al nacer todos heredamos una determinada posición en el escalafón social: para algunos es un sillón en un consejo de administración, para otros es una carnicería, y los hay que solo heredan un montón de deudas; eso siempre será así”, comenta Gaztelu-Urrutia. “Pero tenemos que establecer una red de redistribución digna y justa de los recursos, o acabaremos lamentándolo”.
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