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Crítica de teatro

Dagoll Dagom se despide con un 'Mar i cel' pletórico

El barco de ‘Mar i Cel’ se prepara para zarpar por última vez con Dagoll Dagom

Dagoll Dagom presenta su nuevo 'Mar i Cel'

Dagoll Dagom presenta su nuevo 'Mar i Cel' / VICTÒRIA ROVIRA

José Carlos Sorribes

José Carlos Sorribes

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Ir viento en popa, a toda vela, en la cresta de la ola, llegar a buen puerto… Podríamos prodigarnos en esas expresiones marineras, algo gastadas pero adecuadas, para hablar del cuarto estreno de 'Mar i cel' desde que levantó anclas (una más) el primero en 1988. Así se explica la triunfal reposición del icónico musical botado (la última) a partir de la obra de Àngel Guimerà. Xavier Bru de Sala puso el texto y Albert Guinovart se encargó de la música. Y no puede bajar el telón de mejor manera Dagoll Dagom, el gran tótem del teatro musical en Catalunya. Cumple 50 años esta compañía que fundó Joan Ollé y que hoy despiden sus tres grandes popes: Anna Rosa Cisquella, Miquel Periel y Joan Lluís Bozzo. Los dos primeros, encargados de dirigir este pletórico 'the end'.

Fue 'Mar i cel' el gran salto de Dagoll Dagom, sin olvidar El Mikado, con una historia de amor, un Romeo y Julieta, entre un joven musulmán (Saïd) y una joven cristiana (Blanca), prisionera con un grupo de cristianos en un barco de piratas moriscos. Sucedía en la época, a inicios del siglo XVII, en que fueron expulsados de España esos musulmanes bautizados bajo el reinado de Felipe III y con el Reino de Valencia como el primer foco de conflicto. Cuenta también este musical con todos esos ingredientes que nos llevan a hablar de un clásico. Nos sigue interpelando hoy, casi cuatro décadas después de su estreno, con la misma fuerza su mensaje sobre la intolerancia y sobre dos esos mundos como son Occidente y Oriente a los que tanto les ha costado y cuesta encontrarse. Y ni ejemplos hace falta poner.

La presencia imponente del barco pirata

Esta cuarta versión es, cómo no, fiel al igual que las anteriores a la presencia imponente, capital, del barco pirata que domina la escena del Teatre Victòria. Es el de siempre, el de la primera vez, pero esta vez con un brío, energía y movimientos que casi lo hacen volar. Cosa de engranajes y soluciones técnicas de 2024, mucho más avanzadas obviamente que las de 1988 y también que las 2004 y 2014, los años de los anteriores montajes. La poderosa embarcación tiene, además, el apoyo de unas proyecciones de fondo y de la excelente iluminación de Albert Faura.

Por ese barco se mueve la veintena de intérpretes de 'Mar i cel', que demuestran la madurez que ha alcanzado el teatro musical en Catalunya en cuanto a su nivel interpretativo. Cantan todos y todas la música de la afinada orquesta que dirigió Sergi Cuenca en el estreno con fuerza, tonalidad y expresividad brillantes. Desde el traidor Joanot (Abel García) al magnético grumete Idriss (Berta Luna) o la madre de Saïd (Clara Renom), todos los intérpretes se merecen el bravo. Y, por supuesto, con los dos protagonistas al frente.

Alèxia Pascual y Jordi Garreta no solo pasarán a la historia del teatro catalán por hacer el último 'Mar i cel' de Dagoll Dagom, también por la seguridad y conexión que manifiestan en todo momento. Por ejemplo, en uno de los grandes 'hits' de 'Mar i cel', el emotivo 'Per què he plorat' que desató una de las múltiples ovaciones de la noche de la 'première'. O qué decir de la épica rotunda del 'Himne dels pirates'. A ver quién era capaz de no dejar escapar una lagrimita o de no saltar de la butaca hacia el escenario.

Hablar de gran éxito, por lo tanto, se queda corto cuando ya se han vendido 150.000 entradas. 'Mar i cel', una arrebatadora apoteosis.