MÚSICA
Guille Milkyway (La Casa Azul): "He tardado 20 años en gustarme en directo"
El proyecto unipersonal del músico barcelonés ha encontrado por fin su traslación perfecta en grupo para el directo, y sus fans podrán disfrutarlo con dos grandes conciertos en pocas semanas en Madrid y Barcelona que celebran su cuarto de siglo en la música. Un momento idóneo para hacer balance

Guille Milkyway, el músico detrás de La Casa Azul, en Madrid. / ALBA VIGARAY
Guille Milkyway está pletórico. El personaje más bien atormentado que fue durante años, que se escondía detrás de una máscara hecha de sonidos eufóricos y caras de ficción y que a duras penas se dejaba ver en público, parece hoy cosa del pasado. Su proyecto principal y más conocido, La Casa Azul, cumple estos días 25 años, y lo va a celebrar con dos conciertos de los grandes en Madrid (WiZink, 11 de octubre, últimas entradas) y Barcelona (Sant Jordi Club, 9 de noviembre, todo agotado). Se diría que un cuarto de siglo purgando sus inquietudes e inseguridades a través de canciones pop perfectamente diseñadas y con un punto naíf ha tenido su resultado. O quizá sea que este también ha sido el año en el que ha cumplido 50, y desde esa atalaya todo se relativiza más. En cualquier caso, está contento y tiene muchas ganas de hablar, de contarlo. Lleva unas de sus habituales gafas estrafalarias, pero en Guillem Vilella (su nombre real) no hay ni rastro de impostura.
La clave de su felicidad es justo eso que le espera ahora, los conciertos: "Este es un momento muy importante, porque creo que por fin somos muy sólidos en directo. Y jamás hubiera esperado que La Casa Azul fuera un grupo sólido en directo, con una buena propuesta de concierto", dice quien durante muchos años se ha considerado apenas (como si fuera poco) un músico de estudio, un compositor y un pensador de ese arte siempre complejo, y a menudo injustamente despreciado, que es la música pop. Y suena extraño escucharle, porque ya hace bastante que los conciertos de La Casa Azul son de los que dejan a su público entusiasmado. Él admite que sí, que la cosa viene de atrás. "Es algo que me propuse en 2017. Dije: no puede ser que solo esté contento de grabar mis discos. Tengo que aprender a presentar las cosas en directo de una manera igual de satisfactoria. Y decidí montar un grupo estable, empezar a trabajar con buenos músicos, con una buena escenografía, un buen relato escénico… Ahora, cuando me veo en vídeos actuando en concierto, digo: 'esto sí que lo iría a ver. Me gusto'. He tardado 20 años en gustarme en directo".
P. ¿Vivía entonces escindido entre el músico de estudio y el músico de concierto?
R. Durante años me justificaba diciendo: es que son dos disciplinas distintas. Porque es cierto que lo son. Desde que la música se puede grabar, una disciplina es la de la grabación, igual que el cine. Una película está montada y ese es el final. Tú no le dices a un director de cine: ahora hazte una gira por teatros para presentar tu película actuando en directo. ¿No tiene sentido, no? Pero aquí parece que sí, que tiene que ser automático. Cuando era joven tenía unos amigos heavys que sentían lo mismo, pero al revés. Decían: “es una mierda esto de venir a grabar discos, no suena como sonamos de verdad”. A mí me pasaba igual, pero en concierto: no sonaba como yo era de verdad. Así que dije: aprenderé la otra disciplina. Y creo que lo he hecho. Por eso decía que es un momento de plenitud.
P. Pero lo del grupo sigue siendo solo para el directo, ¿no? En la parte de creación, La Casa Azul sigue siendo solo Guille Milkyway
R. Sí, sigo haciendo las cosas solo, por lo menos de momento. A lo mejor dentro de unos años no, pero me está costando dar ese paso.
Los dos primeros discos de La Casa Azul los grabé por las noches en mi casa mientras tenía otro trabajo. Hacía investigación de mercados, marketing y fui comercial para una gran empresa"
P. ¿Cuándo empezó con La Casa Azul tenía claro que quería vivir de esto, dedicarse a la música profesionalmente?
R. Tuve claro una cosa: yo quería que este proyecto me acompañara toda mi vida. Porque me iba muy bien poder expresarme de una forma más natural sobre muchas de mis vivencias, en el plano emocional sobre todo. Y eso lo hago con la música. Pero no me planteé vivir de esto porque asumía que era imposible. Creía que no valía. Y empecé a sentir un malestar muy fuerte. Terminé de estudiar Económicas y me puse a trabajar. Los dos primeros discos de La Casa Azul los grabé por las noches en mi casa como pude mientras tenía otro trabajo. Hacía investigación de mercados, marketing, y luego fui comercial para una gran empresa. Durante dos años me movía por Andalucía y Extremadura visitando clientes. Y por las noches grababa.
P. ¿Le gustaba aquel trabajo?
R. Sí, había partes que me interesaban. Pero era muy perverso. No me hacía sentir muy realizado a nivel moral. Aborrecía el entorno empresarial. Es muy agresivo, ultracompetitivo. Y yo soy cero competitivo… Salvo cuando juego a tenis, que sí me gusta ganar [risas].
P. ¿Cuándo pudo empezar a vivir de esto?
R. Hacia 2006 o 2007. No es que pude empezar a vivir de la música, es que yo tomé la decisión de dejar el trabajo y al día siguiente me puse a ver cómo podía vivir de esto. He tenido la suerte de estar rodeado de gente que me animó, y el sello donde yo grabo, Elefant, me ayudó mucho. También es cierto que hacía música para publicidad [la célebre campaña de Amo a Laura para MTV], o que empecé a hacer música para series de televisión, y eso me tranquilizó. Hizo que el choque fuera más suave.
P. Ha mencionado a su sello, Elefant. Lleva con ellos estos 25 años, imagino que sin intención de cambiar. No es algo habitual
R. Sí. Pero esto lo he tenido claro siempre. Mi primera demo se la hice llegar a Juan de Pablos, que hacía Flor de pasión en Radio 3, mi programa favorito desde que era niño. Yo sentía que Juan era como yo, una persona que vivía a través de la música y que tenía muy pocos prejuicios. Él también defendía mucho lo que llamaba ‘recoleterías’, esa música aparentemente insustancial de los años 60 y 70 que nos encantaba. La maqueta le llegó un sábado y el lunes puso una de las canciones en Flor de pasión. Al poco tiempo de escucharme en el programa , me llamó Luis Calvo de Elefant Records. Estuvimos dos horas largas al teléfono en las que solo hablamos de música: “¿Tienes un original del disco de Roger Nichols del 68?” Dos horas hablando de música que yo no podía compartir con casi nadie. Así que, ¿con quién voy a tener esa conexión? Y luego, que en Elephant he sido 100% libre y he trabajado muy bien a todos los niveles: editorial, promoción… Estoy en el lugar perfecto.
P. Aunque siga en un sello 'pequeño', hay un momento en que La Casa Azul pasa de ser indie a ser mainstream. ¿Fue consciente de aquel cambio?
R. Soy cero consciente de que eso haya pasado, pero es que todo ha sido super orgánico, aunque suene a discurso cliché. Porque yo nunca he tenido una aspiración en ese sentido. Es muy gratificante que te conozca la gente, que conecten contigo. Pero hacer cosas para conseguir esto... Yo necesito mi rutina. Tener mi lugar pequeño y tomar el café en mi sitio cada día, tener a mis amigos. Esta es una industria muy salvaje, muy exigente. Requiere un talento especial estar en ese otro nivel. Un saber hacer que yo no tengo.
P. Al principio de su carrera se escondía bastante. No circulaba casi su foto, y en los discos aparecía aquel grupo 'fake'. ¿Le ha costado ser protagonista de su carrera, quizá por timidez?
R. Sí [rotundo]. Pero era inseguridad, más que timidez. Yo soy tímido en general, pero he aprendido mucho, he trabajado mucho ese aspecto para ser una persona más feliz... Iba a decir más funcional [risas].
P. ¿Lo ha hecho personalmente o también con terapia?
R. Sí, también. Y me siento orgulloso. A mí no me vale eso de “es que yo soy así y no cambiaré”. Que tampoco quiero hacer aquí de gurú de autoayuda, ojo, que cada cual haga lo que le dé la gana. Pero bueno, a mí me ha ido guay y yo creo que está bien no dejar que la vida se propase contigo. Lo de no dar más la cara tenía más que ver con la sensación de no saber hacerlo bien. Hay gente que maneja muy bien un escenario, o en el entorno más social de la música, pero yo no. Con el tiempo, acabé viendo que podía ser yo tranquilamente, que no debía responder a un cliché, que es lo que yo pensaba antes. Pero eso me costó un tiempo.
Yo te puedo explicar cómo me siento, pero lo hago mejor en una canción de La Casa Azul"
P. Ahora que estamos en momento de balance, ¿qué diría que le ha dado La Casa Azul y qué cree que La Casa Azul le ha dado al público?
R. Creo que son cosas parecidas. Mi manera de proceder no sigue mucho la norma, pero a quien conecta con eso no hace falta que le explique mucho más, porque nos entendemos bien. Eso me permite explicar las cosas que siento de manera veraz y concisa, que es algo que me cuesta mucho hacer de manera directa, charlando. Yo te puedo explicar cómo me siento, pero lo hago mejor en una canción de La Casa Azul.
P. Como dice, sus letras son bastante literales, no abundan las metáforas
R. He intentado hacerlo así. Me gustan algunos grupos que utilizan mucha figura metafórica, pero creo que a mí no me sale muy bien. Lo otro lo leo y digo: sí, es exactamente lo que quería decir. Y creo que se transmite bien. Aunque a veces sí hago metáforas. Ahora he estado trabajando en un disco con Soleá Morente y con ella me ha sido más fácil. Quizá por no ser exactamente yo. Pero tampoco es que yo siempre utilice el costumbrismo puro o la cosa muy directa. A mí me ayuda mucho a la hora de escribir crear una especie de escapismo radical y confrontarlo con una realidad muy del día a día. Vivo un poco así: estás con un problema y de golpe miras al espacio y querrías irte del mundo. En la música pop siempre están esos lugares que uno toma como refugio: los Beach Boys con In My Room o los Beatles en There’s A Place. Esa idea de que hay una vía de escape, de que no estamos encerrados.
P. Hablando del disco de Soleá, llevan dos años lanzando adelantos. ¿Hay ya fecha de salida?
R. Yo creo que saldrá en enero o febrero de 2025. Con La Casa Azul también hay tres singles publicados que estarán en el nuevo disco.
Se dice que somos esclavos de los tres minutos, pero este modelo te permite lanzar singles de ocho minutos, o discos conceptuales. Podemos hacer lo que queramos"
P. Todo esto nos conduce a lo de siempre: con tanto protagonismo de la canción, ¿está en crisis el concepto álbum?
R. Tenemos esa sensación, pero también piensa que los Beatles sacaban singles y la mayoría de los LPs eran el recopilatorio de los que se habían publicado durante ese año. Yo siempre he pensado que el álbum era un elemento al que la industria obligaba. Y a mí me ha resultado un poco liberador que no tengas que tener una excusa para no crear de golpe un álbum. Y por eso creo que este es un buen momento. Hay cosas obviamente malignas que son producto de una industria y unos mercados en los que todo va rapidísimo, con una esclavitud total de las cifras y los likes… Pero hay una cosa increíble que nos permite también mostrarnos libremente. Se dice que somos esclavos de los tres minutos, pero este modelo te permite lanzar singles de ocho minutos, o discos conceptuales. Podemos hacer lo que queramos. Antes había que salir en la radio. Hoy en día mandan mucho las listas editoriales de las plataformas digitales, que sería el equivalente a las radiofórmulas de antes, pero incluso ahí puedes estar con la canción de ocho minutos, y antes habría sido imposible salir en Los 40 Principales.
P. Volvamos sobre el nuevo disco de La Casa Azul. ¿En qué punto está? No tiene álbum nuevo desde 2019
R. Tiene que salir ya. Está grabado, pero no lo he sacado porque cuando dilatas algo tanto en el tiempo tiendes a rechazar lo antiguo, ya no te representa, parece que no suena bien... Te agotas a ti mismo y empieza ahí una inseguridad que, estando solo, tampoco ayuda. Igual que cambié lo de la timidez, tengo que ser menos quisquilloso. El disco saldrá, pero con unas canciones más nuevas.
La mayoría de artistas que me han gustado eran desastres en su vida. Yo no quiero eso"
P. Ahora hablamos todo el tiempo de salud mental, pero hace ya 17 años que publicó una canción sobre el Myolastán y siempre ha sido sincero con sus problemas con la ansiedad, la autoestima…
R. En aquel disco hablé mucho de eso, es verdad. Pero también a mi manera. Tenía la sensación de que cuando se hablaba de esto en música tendía a ser romantizándolo hasta extremos enfermizos. El malditismo en la cultura pop está a la orden del día. Y a mí no me ha gustado nunca. Me encanta leer biografías, y la mayoría de artistas que me han gustado eran desastres en su vida. Yo no quiero eso. Mi tío, que vivía en un mundo de fantasía y su pasión era el Quijote [su tío era el reputado filólogo y cervantista Alberto Blecua], muchas veces me decía: “Guille, a ver si encuentras ese punto de equilibrio entre la bohemia y la vida recta”. Y es verdad, porque la bohemia es muy atrayente, pero es autodestructiva. Y lo otro no te permite expresarte artísticamente. Encontrar ese equilibrio ha sido muy importante.
P. Más allá de dedicarse a esto profesionalmente, es un gran erudito musical. ¿Cómo ve el fenómeno de la música urbana y su potencia entre las generaciones más jóvenes? ¿La sigue?
R. Sí, escucho mucha música encuadrada dentro de lo que se etiqueta como música urbana. Aunque escucho de todo. Ahora está por ejemplo esta chica que se llama BB Trickz que aparentemente es como un hype, pero que me parece muy interesante: rapea distinto y es muy directa en lo que habla, por ejemplo de los maltratos de su padre... Tiene una canción con un chico que se llama Skater Dater en la que mezcla post punk con trap, muy guay... Lo que pasa ahora es muy parecido a lo que ha pasado siempre. Lo que hay detrás de toda la crítica al reggaeton, o en su momento al trap, y la que habrá con lo siguiente, es muy parecida a la crítica que recibía el punk en su momento, el hip hop o incluso el jazz a principios del siglo XX. Aquellas críticas del New York Times que decían: “esto es indecente, cuatro negros aporreando tambores sin tener ni puta idea, es un sacrilegio para la música culta de tradición europea”. Para mí es la fricción eterna: surge una contracultura, después la asume el mainstream, los que criticaban la contracultura porque no la entendían al final la acaban asumiendo, y cuando se establece como mainstream los mismos del entorno dicen: "esto es una mierda, cómo puede ser que todo sea igual…"
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