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NOVEDAD EDITORIAL

Adelanto de 'El secreto de la oropéndola' de Emily Dickinson, una colección de poemas sobre aves

Publicado por la editorial Nórdica libros, el poemario es una edición ilustrada por Ester García

'El secreto de la oropéndola', de Emily Dickinson y ilustrado por Ester García, novedad editorial de Nórdica libros

'El secreto de la oropéndola', de Emily Dickinson y ilustrado por Ester García, novedad editorial de Nórdica libros / Nórdica

Emily Dickinson

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Chaparrón estival

Una gota cayó sobre el manzano,

otra en el techo de la casa; seis

rozaron con sus labios los aleros,

y hasta hicieron reír a los hastiales.

Un puñado al arroyo socorría,

que iba corriendo a socorrer al mar.

Yo barruntaba: ¡Oh, si fueran perlas!

¡Qué collares podríanse engarzar!

El sol lanzaba su sombrero al vuelo,

los pájaros cantaban, exultantes,

los árboles fulgían en los huertos

y el polvo en los caminos de las cuestas

volvíase a posar. Las brisas en ventura

bañaban sus laúdes pesarosos.

Izó el oriente entonces su bandera

y puso fin a tanto festival.

Salmo del día

Hay en los días de verano,

en el lento expirar de sus antorchas,

un no sé qué que me enaltece.

Hay en sus mediodías algo —

en su insondable azul, una callada

música más allá de todo allende.

Hay en las noches de verano

algo también, tan luminoso

que no sé no aplaudir cuando aparece.

Mi afán escrutador oculto entonces,

no sea que una gracia tan radiante,

y tan sutil, de mí se aleje.

Los dedos que me hechizan no descansan.

Su lecho angosto el manantial purpúreo

que corre bajo el pecho está raspando.

Oriente aún enarbola su bandera

y el sol conduce aún su caravana

de grana por los cerros.

Como flores que saben del rocío,

mas no esperaron nunca

lucir sus gotas en sus pobres frentes;

o abejas que pensaban del verano

que era solo un rumor, habladurías,

una quimera, un desvarío;

o criaturas del círculo polar

turbadas vagamente por el trópico

que algún ave viajera trajo al bosque,

el oído recibe las señales diáfanas

del viento, para que lo anodino y puritano

se torne acogedor, dichoso, antes

de que lo imprevisible ocurra:

venga el cielo a las vidas que juzgaban

tal modo de alabar irreverente.

Veranillo de San Martín

Esta es la temporada en la que vuelven

los pájaros, muy pocos, uno o dos,

a echar la vista atrás.

Esta es la temporada en que reaviva

el cielo los pasados artificios

de junio: error de oro y azul.

¡Oh, fraude que no logras que la abeja

pique, pero tan convincente

que me haces, ay, casi creer

—aunque una hojita tímida se meza

en el aire alterado, suavemente—

porque hasta las semillas dan a luz!

¡Oh, sacramento del verano,

postrera comunión en la neblina,

acoge a una criatura más;

deja que pruebe tus sagrados símbolos,

que moje tu hostia consagrada

en tu vino inmortal!

La oropéndola

Entre los seres que Midas tocó

—tocarnos a todos no pudo—

estaba esa cándida espléndida,

esa beatífica de la oropéndola.

Pura ebriedad, por más que burla

burlando lo niegue, divina;

tan cegadora —posada—

parece una veta en la mina.

Una implorante —la muy tuna—.

Una epicúrea ladronzuela —

Un oratorio que de súbito

al éxtasis se eleva.

La jesuita de los huertos,

la embaucadora que encandila,

como fragancia, al derramar

sus huidizos anhelos.

El meteoro de las aves,

el fulgor y la gloria de Birmania

que desfila, como una procesión

de bardos y baladas.

Nunca creí en un Jasón en busca

de ningún vellocino de oro;

yo no soy más que un alma rústica

que ama la paz del alma, sobre todo.

Pero si alguna vez un Jasón hubo,

me dé la tradición consentimiento

para admirar, junto al manzano, y deleitarme

con su perdido emolumento.

'El secreto de la oropéndola', de Emily Dickinson y Ester García

Emily Dickinson

Ilustraciones: Ester García

Eitorial: Nórdica Libros

128 páginas | 22,50 euros

Fecha de publicación: 9 de septiembre 2024