Concierto

Estopa se come el Estadi Olímpic a golpe de rumba, energía ‘punkie’ y embrujo ‘calorro’

 Los hermanos Muñoz hicieron historia con un arrollador y generoso concierto en el que presentaron su nuevo álbum, ‘Estopía’, y recorrieron los hitos de sus 25 años de trayectoria

Jordi Bianciotto

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Después de los temblores, el vértigo y el susto, al final del camino estuvo el diálogo de tú a tú, íntimo y cálido pese a todo, de Estopa con los suyos, nada menos que 60.000 este miércoles en el Estadi Olímpic, una enormidad y una gran familia al mismo tiempo. La trenza de la suerte de Jose lucía larguísima, augurio de la noche de gloria de los Muñoz desde los primeros compases de ‘Tu calorro’ (tras 37 minutos de retraso). Lo dejó claro David: “¡Estamos jugando en casa, no podemos perder ni empatar, solo ganar!”.

No disimularon los hermanos el impacto de esas graderías llenas hasta la bandera. Las manos en la cabeza, expresión de perplejidad y despiporre. Solo David sabrá si le flaquearon las piernas al ver todo aquello, pero ya se encargó el público de hacerle sentir el calor de hogar entonando a todo pulmón lo de “tu perfume es el veneno / que contamina el aire que tu pelo corta…” La señal de ‘stop’ como atrezzo, uno de los múltiples guiños al mundo de ‘Estopía’, y los bloques de Sant Ildefons, Cornellà (“ciudad santa”), en las pantallas, recordando los orígenes.

Morir en Barcelona

Con ‘Cacho a cacho’ ya nada pudo pararlos. Una de esas aceleraciones que en otros tiempos volvían lelos a los músicos de estudio. Implacable Anye Bao, marcando el paso con las baquetas. Y en ‘El día que tú te marches’ (canción sobre el mayor terror nocturno del artista, perder la inspiración), Chonchi Heredia, cómplice en el primer álbum (que el 18 de octubre cumplirá 25 años), soltó su arremolinado fuelle vocal flamenco, como en ‘El run run’. Chonchi “la maestra”, así la presentó David. En la montaña rusa de ‘Tragicomedia’, el Estadi se llenó de puntos de luz, crisálidas por obra y gracia de las pulseras de ‘leds’ sincronizadas. David retocó ahí la letra: “Si me tengo que morir, que me muera en… Barcelona”. Y ‘Ké más nos da’ fue tralla, guitarra ‘punkie’ con palmas, taca-taca, Extremoduro contra Los Chichos.

En las dos horas y media de un concierto de Estopa pueden pasar muchas cosas. Que el ritmo baje, hora valle, y nos adentremos en las cavilaciones de ‘Sola’ (otra de las canciones nuevas, de sobre sentirse un poco desamparado o falto de atención, que David dedicó misteriosamente a su hermano) y en el tradicional ‘momento Jose’ de ‘Ya no me acuerdo’ (con la guitarra española de Juan Maya). O que bromeen con un artilugio del que, subiendo y bajando resortes, puedes retirar de la circulación a “los intransigentes y los racistas” o (más difícil si cabe) hacer que el Barça vuelva a ganar una Champions.

Media luna rumbera

Tan sobrados de éxitos como van, pudieron colocar ‘La raja de tu falda’ a medio concierto, y asociarla a la sección más flamenca, de taburete, cajón y músicos en media luna, con la voz y el baile de Chonchi Heredia, que derivó en una fibrosa versión de ‘El del medio de Los Chichos’. “Para el Jero”, rubricó David. De un ídolo a otro: ‘La rumba del Pescaílla’, a toda mecha, también en clave acústica, en honor a ese pionero de la rumba catalana, “que era molt bona persona / però el que més li agradava, la ciutat de Barcelona”. David, encadenando cervezas, ojos cerrados en las estrofas más sentidas. Jose, a lo suyo, ese laborioso segundo plano (solo en apariencia).

Y a partir de cierto momento, el fiestorro puro y duro, con ‘Partiendo la pana’ repartiendo cañas urbi et orbi, y la evidencia de que la intensidad de Estopa era sentida y acompañada aun en las localidades más alejadas. Atómico poder de comunicación y el Estadi cual caldera en ebullición, entregado al país de ‘Estopía’, con sus símbolos en acción: un Seat Panda de verdad, rojo y con matrícula de Badajoz, sobre el que Jose se alzó victorioso en ‘Camiseta de rocanrol’.

David dedicó ‘Pastillas de freno’ a “la clase obrera de Catalunya… y la de Cuenca”, y ‘La ranchera’ implantó el jolgorio filo-etílico en el lugar, pura diversión a granel, canturreada a placer, rumbo a cartas tan calientes como ‘Fuente de energía’ y ‘Paseo’, ‘Vino tinto’ y ‘Ojitos rojos’. Y quemando las naves, ‘Como Camarón’, volviendo al principio de todo, a aquel álbum que en 1999 cambió sus vidas y unas cuantas más.

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