NOCHES DEL BOTÁNICO
Sheryl Crow y el rock americano que cambió tu vida (sí, la tuya)
Autora de grandes éxitos como 'All I Wanna Do', 'If It Makes You Happy' y 'Hard To Make A Stand', se reivindica por primera vez en España con un cancionero inapelable que resucita recuerdos

Sheryl Crow repasó sus 30 años de carrera en las Noches del Botánico. / VÍCTOR MORENO | NOCHES DEL BOTÁNICO

A Sheryl Crow no sólo hay que reconocerle sus canciones. Desde que irrumpió en la industria en 1993 con el exquisito Tuesday Night Music Club, no ha dejado de patear sus cimientos con tal de abrir camino a artistas de vena salvaje y mente afilada como ella. Sufrió el desprestigio y el rumor de una prensa que se fijó más en su vida privada que en sus temas. Y, claro, cómo no, el tiempo la ha colocado en el lugar que se le negó entonces. Si bien All I Wanna Do, If It Makes You Happy y Steve McQueen reventaron las radiofórmulas, jamás tuvieron un reconocimiento a la altura. Fue el público el que la reivindicó frente a una burbuja demasiado casposa como para arrodillarse frente a una mujer. Este martes, en las Noches del Botánico, se coronó como la gran dama del rock americano que nunca reinó, pero sí enamoró.
Agarrada a su guitarra, destripó un repertorio compuesto de joyas que hemos incorporado a nuestra memoria sin saber que le pertenecían. 30 años liderando una revolución silenciosa que hoy, referente para las jovencísimas Olivia Rodrigo y Lorde, sentó las bases de un cambio inexcusable. Así lo demostró anoche: firme, solvente y segura en un Madrid que la abrazó por primera vez. Anteriormente, visitó España en 1989 como corista de Michael Jackson en su Bad World Tour. Sin embargo, no lo había hecho con sus propias composiciones bajo el brazo. Vaya. Una pena teniendo en cuenta el despliegue musical que lideró en la Complutense.
“Oh, Dios. Qué noche tan loca. ¿Y esta tormenta? Estamos felices de acompañaros. Vamos a pasarlo bien con temas que conocéis”, dijo Sheryl sobre el aguacero que regó la capital horas antes. Le bastaron un par de acordes para ganarse a un foro ansioso por escuchar sus grandes éxitos. Un concierto que rozó más la gloria que la sorpresa, aunque tampoco le hizo falta más. Sonaron las icónicas A Change Would Do You Good, Run, Baby, Run, My Favorite Mistake, Strong Enough, Leaving Las Vegas… y, en cuestión de minutos, la complicidad tomó las riendas de la velada. Flanqueada por un envolvelte bajo y una picada batería, sacó lustre a un cancionero que la ha consagrado en el Rock & Roll Hall of Fame de Cleveland (Estados Unidos). Sin olvidar los 50 millones de discos que ha despachado y los nueve premios Grammy que ha ganado.
Con Hard To Make A Stand y The First Cut Is The Deepest, la cantautora navegó por un pop frágil que le sienta de maravilla en directo. En comunión absoluta con su banda, formada por cuatro músicos, puso en valor unos coros que se han convertido en marca de la casa. Tanto como las palmas que la acompañaron en aquellos versos que mejor la representan: “We got loud guitars and big suspicions, great big guns and small ambitions... and we still argue over who is God”. Sólo así logró dar a su aguda y cristalina voz la epicidad que rodea a las grandes rockeras. Un ejercicio de garra único en las siete ediciones que el festival lleva a su espalda.
Madura y luminosa
En 2019, tras publicar Threads, Sheryl anunció que aquel sería el último proyecto de su carrera por no tener nada más que aportar. No obstante, cinco primaveras después, editó Evolution en un arrebato de sinceridad consigo misma: como autora de raza, de una necesidad personal salió su álbum más confesional. Íntimo y luminoso, cierra un círculo repleto de aristas. De él, precisamente, tocó el corte que le da título. Y, ojo, quizá sea su trabajo más desprejuiciado desde C’mon C’mon. “¿Okay? Soy una mujer mayor”, bromeó. No habló en exceso, lo justo y necesario para avivar aún más a una masa en efervescencia. Prefirió ceder el protagonismo a sus notas, en ellas ha recogido las palabras precisas para afrontar cada emoción.
El éxtasis llegó con Soak Up The Sun y Everyday Is A Windind Road, tal vez los temas que mejor han aprovechado el paso del tiempo. La madurez les ha sentado como un guante, dándoles una honestidad abrumadora. Tal vez, quién sabe, la desconocida fórmula para trascender las ondas. De lo que no hay duda es del pulso que Sheryl tiene para desmenuzarlas en las proporciones exactas. A sus 62 años, sigue haciendo aquello que dicta su corazón. La estrella que la ha guiado durante 22 elepés en busca de la melodía ideal para celebrar tantas noches de amor. Como la que acaba de cerrar… que, sin querer, ha vuelto a cambiar tu vida.
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