Crónica

Sheryl Crow luce estilo y ‘hits’ en la apertura del Alma Festival 27 años después

La cantante y compositora de Missouri, que no actuaba en Catalunya desde 1997, recorrió su repertorio de rock con raíces y ganchos pop en el Poble Espanyol

Jordi Bianciotto

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Hacía cerca de tres décadas que no la veíamos en Barcelona, desde aquel remoto pase en Zeleste 2 en 1995, en tiempos de la onda expansiva de su primer álbum, ‘Tuesday night music club’ (dos años después pasó por el pirenaico Doctor Music Festival, y antes, en 1988, había sido corista preferente de Michael Jackson en el Camp Nou), y Sheryl Crow sació apetitos acumulados, este lunes en el Poble Espanyol, con su rock ‘roots’ salpicado por unos cuantos ‘hits’ de la era MTV. Concierto sólido de una ‘singer-songwriter’ con carisma y buenas canciones, tal vez más reconocida ahora que en otros tiempos, cuando su dimensión comercial hacía fruncir el ceño a parte de la afición de la música americana.

Fue la noche de estreno del Alma Festival, segunda edición y “12ª de los Jardines de Pedralbes”, quiso subrayar su director, Martín Pérez, recordando su currículo, en el parlamento de bienvenida. Y una Sheryl Crow que, tras echar a andar con ‘Real gone’ (de la banda sonora de ‘Cars’), se hizo un poco de lío con las lenguas (“Barcelona és molt maca”, aseguró al hablar de sus visitas a la Sagrada Família y al Park Güell; “my Spanish is caca”) y, pasándose definitivamente al inglés, transmitió su propósito de “emprender el camino hasta el principio”. Carta poderosa para entrar más en materia, ‘Run baby run’. Y de ahí, a la canción que lo cambió todo en su vida, ‘All I wanna do’, en cuyo clímax dejó de cantar para que el público se la hiciera suya.

Sarcasmo hacia la IA

Banda competente, con Audley Freed (ex-The Black Crowes) a la guitarra, y aptitudes para hacer brillar el estribillo pop de la álgida ‘My favourite mistake’ y el dulce trote de ‘Living Las Vegas’. Material de los 90 y primeros 2000, muy mayormente. Aunque unos años atrás dijo que no volvería a grabar discos, esta primavera publicó ‘Evolution’, álbum del que interpretó la pieza titular, ejercicio sarcástico en torno a la IA. “Puse la radio y oí una canción que sonaba como algo que escribí”, comienza la letra, en la que dice que estamos “perdidos en el espacio y el tiempo” y que tal vez un día u otro encontremos “la gran solución”.

Crow conserva esa voz bonita que a veces raspa un poco y con la que remata ciertas estrofas con un sutil deje ‘dylaniano’. Ya fuera tocando la guitarra acústica, la eléctrica o el bajo (en una ‘There goes the neighborhood’ corpulenta y rockera), ejerció un liderazgo tranquilo, fundiéndose a veces con la banda, dejando que todo fluyera sin sobreactuaciones. Mantuvieron la tensión trofeos como ‘If it makes you happy’ y el muy californiano ‘Soak up the sun’. Y, al final, un sereno ‘I shall believe’ recordó sus aptitudes como cancionista confesional, alimentada por las más nobles fuentes del oficio.

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