Opinión |
Fenómeno musical

50 años de 'Tubular bells'

El disco aparecía en las tiendas aquel 25 de mayo de 1973. Quizá hubiera tardado 10 años en triunfar. ¿Qué pasó entonces para que se convirtiera en un éxito tan icónico?

MIKE OLDFIELD. La portada de 'Tubular Bells' también adornará las cartas emitidas en Gran Bretaña.

MIKE OLDFIELD. La portada de 'Tubular Bells' también adornará las cartas emitidas en Gran Bretaña.

Quim Casas

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No sé si el mundo de la música le debe poco o mucho al ‘Tubular bells’ de Mike Oldfield, pero lo que sí es cierto es que Richard Branson se lo debe todo a este disco. Había fundado un pequeño sello musical en 1972, Virgin Records. Virgin era el nombre de una pequeña tienda de discos en Londres a través de la cual Branson y sus socios vendían discos de rock con descuento.

Años después se convertiría en una multinacional con sede también en los Estados Unidos, una cadena de grandes tiendas musicales y una compañía aérea propia. A principios de los 90, Virgin fue vendida a EMI y en 2012 la adquirió Universal Music. ¿Qué hubiera sido de Virgin, y de Branson, considerado hoy el doceavo hombre más rico del Reino Unido, con un patrimonio estimado de 5.000 millones de euros, sin el disco de Mike Oldfield?

50 años del disco

 ‘Tubular bells: 50 aniversario’, documental realizado por Matt Hargraves y narrado por el actor Bill Nighy, explica un poco la gestación del disco y se centra después en los ensayos para un espectáculo entre circense y cinemático que celebra los 50 años de la aparición del disco.

Con dirección artística de Robin Smith, este tributo reinventa la música de Oldfield convirtiéndola en un balé circense contemporáneo, un poco al estilo del Cirque du Soleil. No fue fácil levantar el espectáculo. El día del estreno, en agosto de 2021, una fuerte tormenta cayó sobre Londres y el agua se filtró por distintas partes del techo del Royal Festival Hall.

 Otro local de conciertos emblemático de Londres, el Queen Elizabeth Hall, fue cinco décadas atrás el escenario escogido para la presentación de ‘Tubular bells’. Aconteció el 25 de junio de 1973 y participaron en el concierto algunas luminarias del ‘art rock’ británico de la época: Steve Hillage, Kevin Ayers, Mick Taylor, Tim Hodkingson, Fred Frith, David Bedford y John Graves. Justo un mes antes había aparecido en las tiendas este primer disco de Oldfield, también la primera referencia de la discográfica de Branson. ¿Qué era aquello? ¿Rock progresivo? ¿Música clásica más música pop? ¿Space rock? ¿Rock experimental? ¿Minimalismo repetitivo?

 Registrado en The Manor, una mansión en las afueras de Londres que Branson compró después de que Tom Newman, productor del disco, le convenciera de que era el lugar idóneo para convertirlo en un estudio de grabación, ‘Tubular bells’ utilizó el sonido multicanal y permitió que prácticamente todos los instrumentos fueran tocados, grabados y regrabados por Oldfield, entonces un chaval introvertido y melenudo de 19 años y que olía siempre a porro, según recuerda Newman en el documental. Había llamado a las puertas de todas las discográficas británicas con las cintas tubulares bajo el brazo. Nadie le hizo caso. Branson y Newman tuvieron ojo, eso es indudable.

Una leyenda precoz

 El disco aparecía en las tiendas aquel 25 de mayo de 1973. Newman comenta que quizá hubiera tardado 10 años en triunfar. ¿Qué pasó entonces para que se convirtiera en un éxito tan icónico? En diciembre de aquel año se estrenaba en Estados Unidos el filme ‘El exorcista’. William Friedkin, su director, utilizó uno de los pasajes del disco de Oldfield, antes de que este hubiera salido a la venta.

La película fue un éxito de taquilla brutal. Los espectadores se preguntaban de donde había surgido esa música que creaba una atmósfera tan inquietante. Y el nombre de Oldfield y ‘Tubular bells’ empezó a correr en boca de todos. Hoy es uno de los discos más vendidos de la historia del rock. Llegó a estar durante casi 300 semanas seguidas en lo más alto de las listas británicas.

 No es un álbum de canciones. Está dividido en dos largas partes, con una parte central que se repite como un largo ‘loop’ durante toda la obra, con un total de 49 minutos de duración. Olfield, que había compuesto las bases del tema con solo 17 años, tocó en la grabación el piano de cola, órgano, bajo, guitarras eléctricas varias, guitarras acústica y española, percusiones y, por supuesto, las campanas tubulares que dan título al disco. En las sesiones se sumaron el actor cómico-musical Vivian Stanshall en calidad de maestro de ceremonias –cita en un momento de la segunda parte todos los instrumentos utilizados en la grabación–, el batería Steve Broughton, Lindsay Cooper (fagot y oboe) y la hermana de Mike, Sally Oldfield, a las voces.

 Iba a titularse ‘Opus one’. Demasiado pomposo. Newman sugirió el de ‘Tubular bells’. Oldfield había sido bajista y guitarrista de la Whole World Band, el grupo de Kevin Ayers, figura esencial de la escena musical de Canterbury, y en 1974 participaría en la grabación de otro clásico de esa escena, el disco ‘Rock bottom’ de Robert Wyatt. Tras el éxito de ‘Tubular bells’, Oldfield publicó ‘Hergest ride’ y empezó a vivir de la inercia de su ópera prima.

Realizaría una nueva grabación de aquel disco con la Royal Philharmonic Orchestra, compuso dos secuelas –‘Tubular bells II’ (1992) y ‘Tubular bells III’ (1993)– sin tanta repercusión, y, en 2007, lanzó una variación para piano de la primera parte de la obra. El pasado abril se publicaron en vinilo las cintas con las maquetas originales de ‘Tubular bells’. El disco se titula ‘Opus one’. Oldfield ha vuelto a sus orígenes, pero sin el reclamo de las campanas tubulares, su carrera había sido bien distinta.

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