'Ocell d'aire i de foc'

Pilar Rahola rescata la lucha de los maquis y las torturas policiales de Via Laietana en su nueva novela

‘Ocell d’aire i de foc’ es la historia de una joven que, en plena represión franquista, rompe con el papel de mujer sumisa para explorar su sexualidad y defender su conciencia política

Pilar Rahola, ayer en la Llibreria Ona

Pilar Rahola, ayer en la Llibreria Ona / ZOWY VOETEN

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Judith Navarro

Barcelona, década de los cincuenta. Un ya muy consolidado régimen dictatorial continúa castigando, veinte años después de su toma del poder, a los enemigos de la patria y a los defensores de la “anti España”. Franco inaugura el Valle de los Caídos, la comisaría de la Via Laietana es un calabozo repleto de prisioneros torturados y, por las montañas de Cataluña, los maquis luchan todavía contra el fascismo. 

Nina es una joven de diecinueve años que ha crecido en una familia adinerada y, por supuesto, afín al bando nacionalista. Su futuro ya está decidido. Ha sido educada en la obediencia y la sumisión que les pertoca a las mujeres de su clase, se casará, y formará una buena familia con la que desarrollar el papel de madre que le corresponde. Pero su porvenir se viene abajo tan deprisa como un castillo de naipes cuando descubre las cartas escritas por su abuela, Merceneta, huida desde hace ya una década.

De ella poco se sabe. Solamente que fue una traidora que abandonó el país en compañía de su amante, un judío que, a su vez, también escapaba de los nazis. Sin embargo, hay algo en sus escritos que remueve las entrañas de la protagonista. A raíz de su lectura, Nina descubre su sexualidad, y nace en ella un compromiso político clandestino. Ansía ser dueña de su propia vida. Abandona su rol de dama perfecta e inicia su camino hacia la libertad, como un pájaro de aire y de fuego. 

Y ese, ‘Ocell d’aire i de foc’ (Editorial Columna), es precisamente el título que la escritora, periodista y analista política, Pilar Rahola, da a su última novela. La cuarta, y no sabe si decir última, dentro de una saga de temática histórica de la que también forman parte ‘Mariona’, ‘Rosa de cendra’ y ‘L’espia del Ritz’. 

Mujeres fuertes y homenajes 

La de Nina es la historia de una joven fuerte que rompe con las ataduras de su destino para abrirse su propio camino. Y, aunque su carácter rebelde puede recordar al de la autora, esta asegura que no es en ella misma en quien se basa. “Cuando escribes, vas dejando restos de tu personalidad en todas partes y, por tanto, hay un poco de mí en cada página. Pero pienso que la protagonista es más bien un alter ego de mi madre que mío. Es un personaje que se construye a sí misma, y yo ya nací en una familia republicana, antifascista, y con muchos miembros fusilados. Mi conciencia política, mi mentalidad liberal… me vienen amuebladas de casa. En cambio, mi madre sí tuvo que desarrollar su ideología por sí misma, a medida que experimentaba ciertas situaciones, y eso también le hacía tomar consciencia de lo que significaba ser mujer en la época que a ella le había tocado vivir.”  

Hay algo especial en la mirada femenina que interesa a Rahola a la hora de escribir, sobre todo, al tratar épocas de conflicto. Y es que las mujeres “siempre sufren el doble, sea la época que sea”, asegura. Pero eso no significa que los hombres no tengan también un peso importante en su literatura. ‘Ocell d’aire i de foc’ es también un homenaje a Quico Sabaté y a los cinco últimos años de actividad de los maquis, aquellos grupos armados que se dedicaron a luchar contra el fascismo y su represión. 

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“Jamás he entendido cómo puede ser que la resistencia francesa contra los nazis esté tan mitificada y a la oposición española contra el franquismo se la sigue considerado terrorismo. Se cometen muchos errores a la hora de hablar de aquellos años, y la mayoría parten de un mismo punto problemático que es que, a día de hoy, a Franco sigue sin tratársele como lo que fue, un asesino de masas”, cuenta. 

La escritora que, para elaborar el libro, ha tratado con empatía y se ha metido en la piel de personajes franquistas, confiesa que lejos del ejercicio literario, hay cosas que jamás podrán justificarse: “La historia no es neutral, la forman víctimas y verdugos. Hay torturadores que disfrutaban haciendo sufrir y, durante 20 años, se encargaron minuciosamente de no dejar con vida a nadie que no pensara como ellos. Son responsables de actos inhumanos y eso, para mí, como ciudadana, es imperdonable” 

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