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Pilar Palomero: "La adolescencia es el momento de descubrir quién eres, no para cuidar a alguien que acaba de nacer"

Pilar Palomero, directora de ’La maternal’, fotografiada esta semana en Barcelona

Pilar Palomero, directora de ’La maternal’, fotografiada esta semana en Barcelona / Manu Mitru

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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Pilar Palomero se convirtió en una de las nuevas voces del cine español gracias a su ópera prima, ‘Las niñas’ y ahora da un paso más allá en su todavía corta, pero contundente trayectoria gracias a ‘La maternal’, en la que vuelve a centrarse en la adolescencia, pero en esta ocasión desde un punto de vista diferente, mucho más crudo y doloroso. Lo hace a través de una niña (interpretada por Carla Quilez) que se queda embarazada con 14 años e ingresa en un centro de acogida para madres menores de edad en riesgo de exclusión social. 'La maternal' nos muestra una realidad sin filtros lastrada por los tabús y la estigmatización social y nos regala una película reveladora repleta de autenticidad. 

Me da la sensación de que ha corrido más riesgos con esta película que con su anterior trabajo, 'Las niñas'

Yo también lo siento así. Tenía claro que no iba a ser una película ni complaciente ni autocomplaciente. Trata un tema complicado, un tema que cuesta mirar. Sabía que partía de una realidad muy dura y había que tomar muchas decisiones complicadas. Pero era consciente que con esta segunda película no quería repetirme, hacer algo que ya conociera. En 'Las niñas' había mucho de autobiográfico, y en esta ocasión quería abordar un tema que me fuera totalmente ajeno y encontrar la forma de que mi voz estuviera legitimada para abordarlo. 

¿Qué pasos siguió a la hora de documentarse? 

Lo primero que hicimos fue reunirnos con el director de uno de los dos centros que hay en Barcelona para madres adolescentes. Él nos puso en contacto con una educadora, Carol (que terminó interpretándose a sí misma en la película), y ella sirvió de puente para conocer a mujeres que se habían quedado embarazadas muy jóvenes. Nos contaron su experiencia y sentí las ganas que tenían de hablar, de que se las escucharan, de relatar lo que habían pasado con sus familias, con su entorno, cómo se habían enfrentado a la maternidad o se habían visto obligadas a ello. 

Es importante este aspecto remarcar este aspecto, porque no se trata de una película pro-vida.

En la mayoría de los casos no es una opción, porque cuando se enteran ya no hay vuelta atrás, están de más de cuatro meses. No se trata de que decidan libremente si ser madres o no, se trata de adolescentes obligadas a ser madres, es muy diferente. La adolescencia no es momento para ser madre, es momento para ser hija.

¿Qué impacto le causó enfrentarse a esta realidad? 

Me sacudió por completo escucharlas. Y pensé, por qué no se habla de esto, qué injusto. Pero me di cuenta de que hay cosas a las que preferimos dar la espalda, como si no existieran, porque provocan incomodidad. Por eso decidí hacer esta película, para intentar transmitir lo que yo sentí, para que se conociera esta realidad que parece lastrada por el tabú, para visibilizar a estas mujeres. 

En ‘Las niñas’ había un proceso de maduración paulatino. En el caso de ‘La maternal’, la protagonista entra en la edad adulta de forma abrupta.

La adolescencia es un periodo para ser adolescente, y eso va reñido con la maternidad. Yo hablaba mucho de eso con Carol, que ha colaborado conmigo en el guion. Son dos momentos antagónicos. Es momento para descubrir quién eres, para revelarte contra el mundo, no para cuidar y entregarte a alguien que acaba de nacer. Eso genera uno de los conflictos más grandes que yo he visto en mi vida.

¿Cree que hay una buena educación sexual en nuestro país? 

Creo que no se trata de un tema solo de educación en lo referente a conocer los métodos anticonceptivos o cómo protegerte de las enfermedades de transmisión sexual, sino que tiene que ver con la educación emocional. Ahí es donde espero que la película genere algún tipo de reflexión, porque es nuestra responsabilidad como sociedad dar esas herramientas, y no solo a las mujeres, sino también a los hombres, especialmente a los hombres, para que no haya maltratos y abusos. 

Hábleme del personaje que encarna Carla Quílez.

Ella está enfadada con el mundo, pero siempre la vi como una niña sola, que no siente el cariño de su madre, que tiene que hacer frente a responsabilidades que no son propias de su edad. Por eso tiene rabia, porque además se siente juzgada por los demás, por la historia familiar que arrastra. Quería que Carla reaccionara contra eso casi atacando. Tanto su personaje como el de su madre lo han tenido jodido en la vida, y era importante para mí no edulcorarlas, que no fueran amables para el espectador, quería retratarlas con sus grandezas y con sus virtudes, que fueran humanas. Creo que el mayor problema que tienen es que no saben comunicarse ni cómo expresar sus afectos. 

En la película hay elipsis narrativas en ciertos momentos fundamentales.

Cuando me entrevisté con este grupo de mujeres (algunas salen en la película formando parte del centro) me llamó la atención que nunca hablaran del parto. Lo que les interesaba eran otras cosas: por qué se habían quedado embarazadas, por qué no habían podido abortar, cómo era la relación con su familia, su preocupación por tener que dejar los estudios, cómo se habían sentido señaladas por todo el mundo. Cosas que trascendían lo físico. Así que cuando decidí narrar casi dos años en la vida de esta niña, opté por ser fiel a sus preocupaciones en lo que respecta a la maternidad obligada. 

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En la película mezcla a actrices no profesionales con algunas que no lo son. Nunca se lo pone fácil en ese sentido.

Me doy cuenta de lo mucho que me gusta trabajar con mujeres, ya sean intérpretes o no, pero es que en este caso, las chicas no profesionales trabajaron como actriz reales. Y me gusta tanto lo que han hecho, la verdad que desprenden. Al final, tanto Ángela Cervantes, que era la que tenía una carrera más sólida como Carla, que vino a través de un 'casting', y las mujeres del centro, se fusionaron de una manera muy orgánica a pesar de sus diferentes procedencias. Es algo de lo que me siento muy orgullosa.