La depresión de Sissi

Las princesas están tristes, adiós al cuento de hadas

'La emperatriz rebelde', de la austriaca Marie Kreutzer, se suma a una serie de películas que rompen con las visiones idealizadas de personajes femeninos reales

Las princesas están tristes, adiós al cuento de hadas
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Desirée de Fez
Desirée de Fez

Periodista y crítica de cine.

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El 2 de diciembre se estrena en España 'La emperatriz rebelde', de título original 'Corsage', tras su paso por festivales como Cannes, Toronto y San Sebastián. La dirige la austriaca Marie Kreutzer y cuenta la historia de la Isabel de Austria, más conocida como Sissi. La visión que la cineasta tiene de la emperatriz poco o nada tiene que ver con la de la trilogía austríaca que protagonizó Romy Schneider en los 50, en la que el romanticismo borraba la complejidad y la desdicha del personaje y limaba las asperezas de su vida.

Interpretada magistralmente por Vicky Krieps ('El hilo invisible'), la Sissi de Kreutzer es una mujer de 40 años que se ahoga en la corte y es profundamente infeliz. Es una mujer libre a la que no le dejan serlo, una mujer consciente de vivir en un mundo que la oprime y la niega, una fuerza de la naturaleza encerrada en una jaula. Las convenciones, las obligaciones y los ataques (la observación y la vigilancia a las que está sometida, por ejemplo, distorsionan su imagen de sí misma) acaban destruyéndola, pero hasta el último momento, incluso sin fuerzas, decide sobre su cuerpo y sus afectos, pelea, huye y desea.

Adiós a los cuentos de hadas

'Corsage' coincide en el tiempo con otra propuesta sobre Sissi, la serie de Netflix 'La Emperatriz', más amable y menos oscura, pero no exenta de cierto enfoque crítico y de una voluntad de observar al personaje desde una óptica contemporánea. Sin embargo, está más conectada con otras películas recientes que también parten de la necesidad de cambiar el relato ficticio en torno a personajes femeninos que existieron de verdad. Hay en esas películas un deseo de contar a esas mujeres desde ángulos menos idealizados, de arrojar luz sobre sus historias y de explicar qué les pasaba por la cabeza y las entrañas, que en la mayoría de los casos era una tristeza brutal al ver que sus deseos (de libertad, de tener una identidad) se daban contra un muro.

Otras mujeres tristes: Jackie Kennedy, Priscilla Presley y Diana Spencer.

/ El Periódico

En definitiva, de hacerles un poco de justicia. Un ejemplo evidente es 'Spencer' (2021), de Pablo Larraín, en la que Kristen Stewart da vida a la princesa Diana de Gales. A partir de la puesta de escena y de la interpretación de Stewart, el director esquiva la biografía convencional para aislar y representar visualmente la desazón, la soledad y la sensación perpetua de estar en el lugar equivocado de Lady Di, una mujer, como Sissi, tan admirada como sometida íntima y socialmente a examen. Mucho de eso había ya en otro filme de Larraín, 'Jackie' (2016), sobre la mezcla de fortaleza y desamparo de Jacqueline Kennedy durante las horas y los días posteriores al asesinato de su esposo, el presidente John F. Kennedy. Todavía más que en 'Corsage', en ese díptico casi fantasmagórico huye del biopic convencional y lo psicológico se impone a lo narrativo con un objetivo: acabar con los relatos mitificados, sacar a esos personajes del cuento de hadas y contarlos como las mujeres reales que fueron.

Más controvertida, problemática y discutible que estas tres películas, 'Blonde' (2022), aproximación libérrima a la figura de Marilyn Monroe, también esquiva la idealización de un personaje real y propone un relato más crudo. Dirigida por Andrew Dominik según la novela de Joyce Carol Oates, la película, sin embargo, rompe con algo clave en las otras películas: el conflicto sostenido entre la fuerza de las protagonistas (deciden, pelean, no adoptan un papel de víctimas) y la dureza del mundo (tremendamente machista y misógino) en el que les tocó vivir. En 'Blonde' hay mucho de lo segundo y menos de lo primero.

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Evidentemente, es imposible pensar en películas como 'Corsage' y 'Spencer' sin tener muy presente la seminal 'María Antonieta' (2006). Hace ya dieciséis años que Sofia Coppola (Las vírgenes suicidas, Lost in Translation) aplicó la fórmula de esos filmes para contar la adolescencia de María Antonieta (desde su llegada al Palacio de Versalles). Su envoltorio era más pop, más dulce y más rosa que el de las otras películas citadas en este artículo, pero el corazón era el mismo. Hace unos días, Sofia Coppola compartía en su cuenta de Instagram la foto de la claqueta del rodaje de 'Priscilla', su nueva película. Esa Priscilla es Priscilla Presley, y le dará vida la joven actriz Cailee Spaeny (vista en Mare of Easttown). No han trascendido demasiados detalles sobre el filme, pero se sabe que es la adaptación de ‘Elvis & Me’, un libro publicado en 1985 en el que Priscilla Presley relata su relación sentimental con Elvis.

Nunca se sabe, pero teniendo en cuenta que Sofia Coppola ha descrito como nadie la aflicción femenina, también el conflicto entre la libertad y el deseo de las protagonistas de sus películas y la hostilidad del contexto, todo apunta a que su Priscilla también será (con razón y pese a pelear para no serlo) una princesa triste.

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