Crítica de teatro
'Golfus de Roma', irresistible divertimento en el Teatre Condal
Daniel Anglès dirige un musical con aire de vodevil y esencia circense que tiene en Jordi Bosch al líder de una sobresaliente elenco

A1-156544103.JPG / RICARD CUGAT

'Golfus de Roma' es de aquellas obras que merecen una reposición, aunque solo sea para darse un festín desacomplejado, evasivo y gozoso. Estrenada en Broadway en 1962, cuenta con música del enorme Stephen Sondheim y un libreto inspirado en tres farsas clásicas de Plauto. Ya han pasado casi 30 años desde que Mario Gas la pusiera en pie en 1993 con Javier Gurruchaga, Josep Maria Pou y Vicky Peña al frente en el festival de teatro clásico de Mérida.
No cabe por ello más que aplaudir la recuperación que la productora Focus y el festival de Mérida, donde se estrenó el pasado año en su versión castellana, ha hecho de la obra, hoy dirigida por Daniel Anglès con el apoyo de Roger Julià. Entre ambos levantan un gran musical que es un vodevil de cuidado, o viceversa. Es tiempo de comedia, no de tragedia, se dice en la canción que abre el montaje y a partir de ahí llega un 'poti-poti' que funciona sin desmayo, aunque la presentación de personajes y situaciones ralentice algo el inicio de la obra.
La comicidad de Jordi Bosch
Si Gas tenía a Gurruchaga, Anglès contó en Mérida y Madrid con Carlos Latre, y en el Condal con Jordi Bosch para el personaje del liante esclavo Pseudolus que lucha con denuedo, y algo más, por conquistar la libertad. Apuesta ganadora donde las haya porque la comicidad de Bosch es tan conocida como abrumadora. Él es el líder de un reparto sobresaliente con Frank Capdet, el propio Roger Julià, Mercè Martínez, Meritxell Duró, Eloi Gómez, Ana San Martín, Víctor Arbelo… Todos cantan y actúan en el terreno de la excelencia en un montaje que se permite licencias sin freno.
El aroma circense, poco romano cierto, invade siempre el espectáculo del Condal. Algo que puede atraer a un público de 8 a 80 años. Y no solo porque veamos narices rojas, rostros maquillados de blanco o vestuarios propios de los clowns. También por ese arrollador arranque de fanfarria con todos los músicos por la platea, que sigue a la 'performance' en solitario de OriolO (el clown Oriol Boixader) que recibe a los espectadores. Es un gran calentamiento y un claro indicador de por dónde van a ir los tiros: mucho desenfreno, entradas y salidas incesantes y una comicidad apta para un público de 8 a 80 años.
Anglès aumenta las revoluciones de su versión con unos músicos que, bajo la experta batuta de Xavier Mestres, igual tocan que irrumpen en escena convertidos en personajes secundarios. Es otro de los aciertos del montaje, como lo es la escenografía de la ilustre Montse Amenòs a partir de una trotada autocaravana, un contenedor donde vive los señores romanos y una barraca de feria para acoger el burdel de Casa Lycus. Y es que nada chirría en una gran y colorista producción que hace de este 'Golfus del Paral•lel', más que de Roma, un irresistible divertimento.
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