Muestra con pedigrí

Cerdanyola recupera el blues con nuevos escenarios

El festival celebra su 31ª edición programando a artistas como Nick Lowe, Selwyn Birchwood y The Silos, e incorporando al Bosc Tancat como sede principal de los conciertos

El estreno del espacio del Bosc Tancat como sede de los conciertos más importantes ha despertado algunas objeciones entre la afición

Nick Lowe.

Nick Lowe.

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El pulso del blues vuelve a Cerdanyola, ciudad que desde 1988 asocia su nombre a este imaginario de raíz afroamericana. Una cincuentena de conciertos, todos de entrada libre, recuperarán la plena actividad prepandémica en la ciudad del Vallès, a partir de este viernes y hasta el 9 de octubre, con un programa que cubre desde la tradición bluesística más genuina hasta expresiones de músicas hermanas, incluyendo a un trovador pop de alta cuna como es el británico Nick Lowe.

Es la 31ª edición del Festival de Blues de Cerdanyola, y propone un cartel “muy prototípico”, afín a su identidad, estima Siscu Campos, portavoz de la comisión organizadora de la muestra. “Buscamos que haya variedad de estilos a partir del blues, abrazando el rock, el swing, el soul o el jazz”. En la parcela más ortodoxa, talentos como el cantante y guitarrista galés Martin Harley, con su banda, que abrirá encabeza la jornada de este viernes, de la mano de la Barcelona Big Blues Band con Jonathan Herrero (de A Contra Blues), en el nuevo recinto del Bosc Tancat. Ahí actuarán figuras internacionales como Selwyn Birchwood (sábado) y The Chris O’Leary Band (domingo), así como Nick Lowe (6 de octubre), los rockeros The Silos (7) y el ‘soulman’ J. P. Bimeni con The Black Belts (8).

Cambio de recinto

El estreno del espacio del Bosc Tancat, con dos escenarios, como sede de los conciertos más importantes, ha despertado algunas objeciones entre la afición. Se trata de un parque de 8,5 hectáreas que el festival considera “magnífico y amable para disfrutar de los conciertos, así como de la oferta de restauración y del mercado de vinilos”, apunta Campos. Pero está todavía un poco más alejado del centro de Cerdanyola que la Masia Cordelles, incorporada en las dos últimas ediciones y ahora inhabilitada para la muestra por “problemas administrativos entre el ayuntamiento y la propiedad”.

El festival ha ido encajando diversos recintos a lo largo de los años, incluyendo el emblemático Teatre de l’Ateneu, al que no renuncia. “Lo tenemos en cartera porque es una cuestión sentimental”, indica Siscu Campos. “Los cambios nos cuestan a veces, pero hay una voluntad de la comisión de no repetir fórmulas y explorar nuevos espacios para que el festival se despliegue por toda la ciudad, no en un barrio en concreto”.

A la parrilla de conciertos se suman otras actividades, como exposiciones, talleres y una ‘master class’ de improvisación en el blues a cargo de Llibert Fortuny. Con todo ello, el festival espera recuperar y superar las cifras de asistencia anteriores a la pandemia, entre 13.000 y 14.000 personas.

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