Conciertos de la Mercè

31FAM desata la fiebre urbana en la playa del Bogatell

  • El quinteto de Sabadell mantuvo en vilo al jovencísimo público del escenario ‘Mediterràniament’ a golpe de trap y reguetón con textos románticos, eróticofestivos y filosóficos

31FAM en la playa del Bogatell.

31FAM en la playa del Bogatell. / FERRAN SENDRA

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Las trompetas han dado paso a las rimas en ‘autotune’, y las fiestas de Barcelona ya no son pasto de grupos del ramo verbenero, sino de los rampantes artificieros de la música urbana. En primer plano están los chicos de 31FAM, que en poco tiempo se han convertido en una de las atracciones más populares del circuito en Catalunya, fundiendo pistas de trap con algún que otro meneo tropical reguetonero, y causando suspiros así de hondos en su jovencísima (y bastante femenina) clientela.

El grupo de Sabadell arrolló este viernes en la playa de Bogatell, abriendo el cartel completado por Alizzz y Santa Salut, ante miles de asistentes que acudieron a la tradicional llamada de Damm en la Mercè, como antes de que el covid trastocara nuestras vidas. Sensaciones de desahogo compartidas sobre la arena, en un escenario ‘Mediterràniament’ que este año se ha movido de lugar y que ahora está encarado hacia el norte, un cambio efectuado por recomendación de Protección Civil.

 

Esa poética bilingüe

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 Había inquietud en el ambiente: muchas miradas al cielo. “Però si plou, aguantarem, oi que si?”, saludaron ellos, al tiempo que entraban en materia con temas como ‘Y.N.V.’ y ‘Sincero’, exponente este de su arte bilingüe en su expresión más lírica: “Yo te soy sincero / Tú no tiene’ sentimientos (…) On vas tan bonica? / Si et mous així al meu llit ets pura dinamita”. Irrumpió entonces un cuerpo de baile de siete chicas dando juego. El trasfondo eróticofestivo era meridiano: “és una nit per tenir molt sexe, sí o no? On són els solters I les solteres de la Mercè?”.

Pero, aunque 31FAM, con sus contorsiones y sus rimas libidinosas, tiene algo de ‘boy band’ versión ‘centennial’ (o acaso alfa: la edad media baja que es una barbaridad), sería injusto reducirlos a eso, porque en su cancionero hay margen para la introspección y la angustia metafísica, como corresponde a todo buen trapero. Textos con letras tirando a nebulosas, como ‘Vida gris’, y lamentos sentidos que dieron a entender que, más allá de sus chándales y de sus capuchas, hay corazones de oro: ‘El nostre últim ball’ les hizo ponerse tiernos y confesar que el de Bogatell era “el millor concert per acomiadar la temporada”. Solo faltaban ‘hits’ como ‘Nens del barri’ y ‘Valentina’ para rubricarlo, ante su público más grande y motivado, secundando cada sílaba como si no hubiera un mañana.