Àfora Focus

Rafael Argullol: "Vivimos en un mundo sin dioses, sin paraísos, sin infiernos"

El premiado escritor y filósofo ofreció una interesante visión del nuestra época a través de 10 obras pictóricas en el Teatre Romea

Barcelona 19-09-2022 Icult. Rafael Argullol abre hoy con una conferencia el nuevo curso de Àfora. Teatro Romea. AUTOR: MANU MITRU.

Barcelona 19-09-2022 Icult. Rafael Argullol abre hoy con una conferencia el nuevo curso de Àfora. Teatro Romea. AUTOR: MANU MITRU. / MANU MITRU.

Marta Cervera

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Arte, belleza, historia, el bien y el mal. El poder. El desasosiego y la hipocresía. De todo esto y mucho más ha hablado El premiado escritor y filósofo Rafael Argullol (Barcelona, 1949) a través de una selección de diez obras pictóricas hasta principios del siglo XX. Respodía así al reto que le ha lanzado el periodista Fèlix Riera que le ha acompañado en el escenario del Teatre Romea. La primera propuesta de esta temporada del hub de pensamiento Àfora Focus-Fundació Romea tenía como objetivo conectar pasado, presente y futuro a través de 10 obras artísticas.

Cada cuadro se proyectaba en una gran pantalla. El recorrido empezó y acabó con dos imágenes de cuerpos desnudos. La primera fue el fresco renacentista 'La expulsión de Adán y Eva del Paraíso' pintado por Massacio sobre 1424, "una obra rupturista sobre un tema que parece en todas las mitologías, el Paraíso Perdido", señalo antes de recordar que el apocalipsis era el otro gran tema común. 'La tempestad' (1508) de Giorgione, una obra enigmática que contrapone la tranquilidad de los personajes en primer plano con la tormenta que se avecina al fondo. La eligió por ser representativa de una época como la nuestra donde, pese a todos los problemas que nos rodean, "vivimos atrapados en una aparente normalidad", apuntó. Argullol pasó acto seguido a hablar de 'Melancolía I' (1514), un grabado de Durrero. "Muestra la perplejidad del ser humano, esa sensación de impotencia e inconsistencia que tenemos hoy cuando vemos que podemos perder no ya el Paraíso, sino la Tierra", dijo el autor de una treintena de libros de diferentes géneros y catedrático de Estética y Teoría de las Artes en la Facultad de Humanidades de la Universitat Pompeu Fabra.

"¡Ya tiene mérito vivir sin perspectivas utópicas en el siglo XXI!"

A continuación apareció 'La muerte de Marat' (1793), de Jacques-Louis David. No la eligió por su mensaje político sino por su clariddad y su ausencia de barroquismo a la hora de mostrar el cuerpo sin vida en la bañera de uno de los artífices de la Revolución Francesa. El romanticismo entró en escena con 'Caminante sobre un mar de nubes' (1818), de Caspar David Friedrich. "Hemos heredado de ella esa idea de sentirnos escindidos de un todo, de una unidad. Vivimos en un mundo sin dioses, sin paraísos, sin infiernos. Fuera del horizonte tecnológico poco se cree en utopías en este siglo XXI", apuntó. "¡Ya tiene mérito vivir sin perspectivas utópicas!", resaltó con ironía provocando la risa de buena parte del numeroso público.

Y conectó después con la impactante visión de 'La balsa de la Medusa' (1819), de Théodore Géricault, con dos poderosos elementos que mueven al ser humano: el miedo y la esperanza. En esa zozobra entre ambos pueden aparecer monstruos como ese 'Saturno devorando a su hijo' (1820-1823) de Francisco de Goya, la angustia de 'El grito' (1893) de Edvard Munch y la hipocresía burguesa a la desafió Gustav Klimt con 'Nude veritas' (1899). La inspiradora lección de arte y vida acabó con 'La danza' (1910) de Henri Matisse, "una obra dionisíaca" que conecta con lo ancestral y expresa la "joie de vivre". ¿Mejor bailar y no pensar?

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