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QUEMAR DESPUÉS DE LEER

Chicago fabrica dibujantes

El autor de la primera novela gráfica nominada al Booker, Nick Drnaso, ha vuelto, y con él, ha vuelto el frío de la ciudad en la que el cómic cobró, en palabras de Chris Ware, vida, porque no podía no hacerlo

Nick Drnaso, una de las grandes revelaciones del cómic de los últimos años.

Nick Drnaso, una de las grandes revelaciones del cómic de los últimos años. / Sara Martínez

Laura Fernández

Laura Fernández

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Una vez estuve en Chicago. Nevaba. El lago Michigan se había helado. Visité el Museo Field de Historia Natural. En el Museo Field puede contemplarse el especímen más grande y mejor conservado de Tyrannosaurus Rex que se ha encontrado nunca. Mide más de 12 metros. Y se llama Sue, en honor a la paleontóloga Sue Hendrickson, que fue quien lo encontró, en 1990. Hay tazas y camisetas con su nombre por todas partes. En el Art Institute, en cambio, lo que más hay son reproducciones del archifamoso American Gothic de Grant Wood. El Art Institute, por cierto, está justo delante del kilómetro cero de la carretera más famosa de Estados Unidos: la Ruta 66. Hacía un frío de mil demonios. Los perros calzaban botas. Y debí cruzarme con al menos una docena de dibujantes.

Chris Ware, algo así como el James Joyce de la viñeta —su obsesión por jugar con la forma le ha llevado tan lejos que ha creado una vanguardia propia: su último cómic era un rompecabezas de una ingente cantidad de diminutas piezas que había que construir para poder leer—, comisarió el año pasado una exposición en el Chicago Cultural Center que dejaba claro por qué su ciudad es la capital del cómic indie estadounidense, o, mejor la capital del dibujante de cómics estadounidense. La exposición llevaba por título un elocuente Chicago: Where Comics Came to Life (1880-1960) —es decir, algo parecido a Chicago: Donde los cómics cobraron vida— y mostraba cómo se pasó de la tira cómica a la narración cotidiana en los periódicos y revistas de la ciudad.

La importancia de la Chicago Academy of Fine Arts, la Academia de Bellas Artes, es fundamental. Pero tal vez de nada habría servido su existencia, daba a entender la muestra, si la prensa de la época —y la época arranca en 1880, pero sobre todo, a principios del siglo XX, en los años 10— no hubiera tratado de buscarle un hueco a todo aquel talento que se formaba, sin prejuicios, y siempre en la vanguardia, allí dentro. Hueco que, al principio, tuvo forma de tira cómica, pero que, poco a poco, y antes que en ninguna otra parte —a buen seguro porque se confiaba en ellos— evolucionó hacia lo episódico autobiográfico, o episódico cotidiano. Es decir, hacía lo que hacen, o han hecho, Ware y otros ilustres vecinos de la ciudad, como Daniel Clowes, o Nick Drnaso.

Nick Drnaso, el autor de la primera novela gráfica nominada al Booker, la demoledora y brillante Sabrina (Salamandra Graphic), acaba de publicar una nueva novela gráfica, Clase de actuación (también en Salamandra Graphic). Drnaso toma siempre un puñado de vidas de personajes por completo perdidos, a los que su existencia les resulta incomprensible y triste, y trata de encontrarles una salida, que a menudo no es más que un espejismo de salida. Hay una expansión —en tristeza, desubicación y belleza misfit— de su universo en Clase de actuación, como la hubo de Beverly a Sabrina. Le recuerdo en el diminuto cuarto en el que duerme y dibuja en la casa que comparte con su mujer, la también dibujante, Sarah Leitten, en Chicago. Parecía uno de sus personajes.

Drnaso creció consciente de que su ciudad fabrica dibujantes. De que de todas partes llegan aspirantes a dibujantes y acaban encontrando su lugar. El propio Chris Ware lo hizo. Fascinado con el icónico colectivo artístico Hairy Who, Ware se mudó a Chicago en los 90. “Fui a Chicago a dibujar el mundo”, dijo en una ocasión. “Al llegar, me pareció una ciudad postapocalíptica, abandonada, sucia. Pero a la vez me parecía que allí iba a toparme con la dura vida real”, dijo también. La exposición que comisarió dedicaba un apartado especial a Frank King, el historietista que llegó a Chicago en 1905, para estudiar, y acabó cambiando la idea misma de la tira cómica. King se hizo famoso en 1916 y en 1925, ya vivía como una especie de millonario. Fue el primer dibujante con merchandising.

King había empezado a publicar una tira cómica en el Chicago Tribune, que acabó convirtiéndose en la primera tira cómica que evolucionó hacia alguna otra cosa. Innovó, King, en el color y el diseño de página, pero sobre todo, en la narrativa. Los personajes fueron envejeciendo. Y se hicieron tan icónicos que se fabricaron muñecos. De ahí lo del merchandising. La tira en cuestión se llamó Gasoline Alley, y en algún sentido, lo desencadenó todo, en el único lugar en el que podía hacerlo. Se diría que Chicago dejó crecer, y la cosa creció. Hoy, en la ciudad, las librerías, son tiendas de cómics. Y hay decenas de ellas. No llegué a visitar ninguna, pero me traje un flyer de First Aid Comics, donde la mujer de Drnaso exponía sus viñetas. La historia nunca se detiene.

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