Liepiņš, feliz reencuentro en el Palau

El pianista letón, ganador del Concurso Maria Canals 2019, propuso un difícil programa con obras de Schumann y Prokófiev

El pianista letón Daumants Liepiņš, en una imagen promocional.

El pianista letón Daumants Liepiņš, en una imagen promocional. / EPC

1
Se lee en minutos
Pablo Meléndez-Haddad

Con un concierto extraordinario a cargo del pianista letón Daumants Liepiņš, ganador del Concurso Internacional de Música Maria Canals Barcelona 2019, arrancó el martes la temporada 22-23 del Palau de la Música Catalana. Con Schumann y Prokófiev en el programa, Liepiņš se reencontró con un público que, aunque no muy numeroso, se entregó a su talento, a su técnica de precisa digitación y a su contenido sentido expresivo.

Noticias relacionadas

El programa comenzó con la ‘Fantasía en Do mayor, Op. 17’ de Robert Schumann, un monumento romántico erigido en honor a Beethoven de gran exigencia. Daumants Liepiņš pudo con él sin escatimar en pedal ni en efectos, sobre todo en el comienzo del último movimiento, de conmovedora belleza, el cual estuvo bien servido aunque no llegó a emocionar a pesar del evidente dominio del intérprete. En cambio en el rítmico y marcial tiempo central alcanzó cotas de absoluto virtuoso.

La dificultad técnica e interpretativa del programa escogido por el pianista continuo de mano de Serguei Prokófiev y de su imposible y definitoria ‘Sonata núm. 8 en Si bemol mayor, Op. 84’, una obra de madurez que el autor comenzó a componer conjuntamente con la sexta y séptima sonatas, llegando a esbozar una decena de movimientos a la vez. Resulta curioso constar que parte del material temático de la obra proviene de una banda sonora cinematográfica concebida por el propio Prokófiev. El fraseo algo errático y las asperezas rítmicas del primer movimiento estuvieron siempre controlados en manos del intérprete letón, una proeza que ya es en sí misma un triunfo. Liepiņš contrastó todo ello con la aparente dulzura del inquietante ‘Andante sognando’, muy bien digerido y con todas las voces muy presentes. La apoteosis del ‘Vivace’ final llegó con sentido del equilibrio, pero siempre al servicio del espectáculo.