Animal imponente

El falso mito de los leones asesinos de hombres

Patterson posa con uno de los dos leones que mató en Tsavo.

Patterson posa con uno de los dos leones que mató en Tsavo.

  • Con el estreno de la película 'La bestia' regresa un cliché cultural humano cimentado en el episodio real ocurrido en Tsavo, Kenia, a finales del siglo XIX y amplificado por la literatura y el cine

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Jordi Serrallonga
Jordi Serrallonga

Arqueólogo, naturalista y explorador. Colaborador del Museu de Ciències Naturals de Barcelona.

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Aunque el verdadero susto sea la cuenta del chiringuito o, en un despiste, la sustracción del bolso y las chancletas, siempre advierto que, antes de unas vacaciones en la playa, absténgase de visionar la película Tiburón (Spielberg, 1975). Metidos en el agua, seguro que nos persigue la banda sonora de John Williams hasta que el roce con una bolsa de plástico desate el pánico: ¿es la piel del feroz escualo? La literatura y, sobre todo, el cine, no han sido la mejor campaña de relaciones públicas para el denostado gremio de los tiburones. En vez de proteger a estos peces tan necesarios para el equilibrio de mares y océanos continuamos cazándolos: matar al 'malo'. Lo mismo podemos decir de otra cinta que también causó estragos en la psique del espectador. Me refiero a Los demonios de la noche (Stephen Hopkins, 1996). Aquí, el colosal tiburón blanco es sustituido por una pareja hambrienta de leones que cazan a sus presas humanas sin compasión.

La filmografía sobre felinos 'devoradores de hombres' es más amplia, y ahora se estrena La Bestia (Baltasar Kormákur, 2022). En definitiva, si tienen pensado un safari fotográfico y acampar en la sabana africana, seria aconsejable que aprendan a separar la realidad de la ficción pues, de lo contrario, no dormirán tranquilos. Este primate lleva más de 25 años conviviendo con leones salvajes en África y puede afirmar que no son animales asesinos. Entonces, ¿por qué, a diferencia de la fantasía sobre la que versa Tiburón, la trama de Los demonios de la noche está basada en un suceso histórico?

Terror en el campamento

En marzo de 1898, un ingeniero del ejército inglés, el coronel John Henry Patterson, fue destinado a Tsavo, en Kenia, para dirigir las obras del ferrocarril que comunicaría Mombasa con el lago Victoria. A falta de mano de obra especializada, la mayor parte de los trabajadores procedían de la India. Precisamente, nada más llegar, Patterson recibió informes acerca de varios indios atacados y devorados por felinos. Una pareja de leones machos había sembrado el terror en el campamento; burlaban los cercados y sustraían humanos incluso cuando dormían bajo techo. Los trabajos del ferrocarril se paralizaron y el coronel puso todo su empeño en eliminar a unos seres que muchos ya veían como 'demonios' nocturnos. Colocó trampas, cebos vivos y puestos de observación y los depredadores, día tras día, conseguían escabullirse; hasta que los abatió en diciembre del mismo año. Las pieles de ambos ejemplares se prepararon como alfombras para la casa de los Patterson. Durante un viaje por Estados Unidos, en 1924, vendieron el trofeo -junto con otros restos de sendas criaturas- al Field Museum of Natural History de Chicago, donde decidieron transformar las pieles en animales taxidermizados. Hoy todavía se exhiben al público.

Los dos leones de Tsavo que se exhiben disecados en el Museo Field de Historia Natural de Chicago.

/ Archivo

El testimonio de lo acaecido en Kenia fue publicado por el propio coronel Patterson (Los devoradores de hombres de Tsavo; Edhasa). El libro está plagado de presuntas exageraciones y, según el autor, habrían perecido más de un centenar de trabajadores; ahora bien, vistas las duras condiciones laborables y sanitarias seguro que la mayoría de las bajas indias y africanas fueron responsabilidad de los gestores europeos del ferrocarril, más que de una pareja de felinos. Por ejemplo, análisis isotópicos -realizados a partir de los huesos conservados en Chicago- han permitido estudiar la dieta de ambos especímenes y se ha calculado que solo habrían consumido un máximo de 35 humanos. Aun así, es innegable que son muchas víctimas. Pero, insisto, los leones no son asesinos de mujeres y hombres salvo en situaciones excepcionales. ¿Qué ocurrió en Tsavo, episodio sobre el que se ha edificado el falso mito de los leones asesinos?

Peste bovina y sepulturas deficientes

A finales del XIX, y a causa de las sequías, se originó una epidemia de peste bovina que diezmó grandes manadas de herbívoros salvajes: la fuente de alimentación de los depredadores naturales. Esto coincidió con la llegada de 3.000 obreros del ferrocarril; accidentes y enfermedades acabaron con un número considerable de ellos, y el poco cuidado que se les dio a sus cuerpos pudo facilitar que los leones accedieran a la carne humana; no son carroñeros, pero el hambre dicta las reglas. Poco a poco, perdieron el miedo al Homo sapiens y se atrevieron a atacar los campamentos de noche. Existen lobos que, ante la degradación de los bosques y la desaparición de sus presas habituales, se han especializado en la captura de animales domésticos; y las gaviotas que antaño se alimentaban del mar ahora pueblan los vertederos de las ciudades o roban el bocadillo del viandante. El objetivo es sobrevivir.

El coronel John Henry Patterson.

/ Archivo

Además, del estudio anatómico de los leones de Tsavo se deduce que, como mínimo, uno de ellos padecía una patología dental en los colmillos. La dentición es básica para la caza e ingesta de grandes animales, y un depredador con un problema bucal, para no perecer, es normal que centré su atención en criaturas más débiles. De hecho, durante la ocupación colonial de África, se habló mucho sobre otros 'devoradores de hombres'. Leones viejos solitarios (en un grupo familiar no caza el macho sino las hembras), enfermos y faltos de velocidad que atrapaban a niños y personas mayores, o adultos desprevenidos. Cazadores blancos, como John A. Hunter, abatieron a algunos de estos felinos por encargo del gobierno británico en Kenia. Y el guardabosques George G. Rushby rastreó a una familia de leones en la localidad tanzana de Njombe; según sus cálculos, entre 1932 y 1947, habrían causado la muerte de más de un millar de indígenas. Otra vez, la sequía y una epidemia de peste bovina eran la causa.

Tradición cultural leonina

En circunstancias normales a los felinos no les interesamos como comida. De lo contrario yo no estaría aquí. Bajo las acacias del Serengeti, pernocto en tiendas cuyos ventanales de tela mosquitera son un ridículo obstáculo para las enormes y afiladas zarpas de los leones; los mismos que rugen a tu alrededor y que, en más de una ocasión, han cazado antílopes -y otras piezas- en el interior de nuestros campamentos. De día estudio y filmo a la especie Panthera leo a bordo de todoterrenos abiertos; las familias de leones pasan tan cerca del vehículo que si sacara la mano tocaría sus cabezas. ¿Qué impide convertirme en el almuerzo cuando de un salto ya estarían dentro del 4x4?

Desde la Prehistoria los leones han aprendido que los humanos éramos el equivalente a problemas. A falta de velocidad, fuerza, garras o largos colmillos usamos herramientas y desarrollamos complejas estrategias de cooperación social para enfrentarnos a los peligros de la sabana. Consecuentemente, tras innumerables encuentros entre homininos y leones, en los cuales los felinos pudieron salir malparados, la experiencia acumulada -la tradición cultural- del rey león dictamina que es más fácil y productivo cazar a una cebra que a esos primates bípedos recién llegados a su territorio. En este sentido, cuando pretendo seguir a un grupo de leones sin que huyan, jamás lo hago acompañado por los maasai. Hace siglos que los guerreros ilmoran, armados de lanzas y machetes, se enfrentan a estos felinos para demostrar su valor; o han dado muerte a cualquiera de los que, por error, haya matado a una de sus vacas. Es detectar la presencia de un maasai y el león prefiere tomar otro camino. ¿Y el forastero? Siempre que respetemos las lógicas reglas de la sabana los leones seguirán con su día a día: comer presas de cuatro patas.

Cuidado con el hipopótamo

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La realidad es que el mosquito Anopheles sigue siendo el animal más mortífero de África (la malaria es una enfermedad endémica). Y de entre los mamíferos, tres herbívoros -hipopótamo, búfalo y elefante- son los que causan mayor número de accidentes mortales. Pero en la sabana, y en todo el planeta, el animal más peligroso es el humano. La caza furtiva y deportiva, sumadas a las consecuencias del cambio climático y la ocupación antrópica de los espacios naturales, es posible que extingan a los grandes depredadores en muy poco tiempo.

Para acabar, y visto el tráiler de La Bestia, quisiera recomendar la obra magna sobre el auténtico comportamiento del león: The Serengeti lion, del naturalista George B. Schaller. Sin olvidarme del diario que escribió Joy Adamson acerca de sus vivencias junto a la leona Elsa: Nacida libre (Capitán Swing). Un trabajo de conservación que continuaron su marido George -asesinado por furtivos-, el recién fallecido Tony Fitzjohn y un gran número de mujeres y hombres africanos. Y es que lo cierto es que en la naturaleza no existen animales malos... es un cliché cultural humano.