Actuación

Manolo García embruja y electriza en Porta Ferrada

  • El cantante del Poble Nou retomó el contacto con el público catalán, dejando atrás dos años y medio de parón, con un concierto exultante, dotado de más brío rockero del habitual, en el que mezcló sus nuevas canciones con abundantes repescas de El Último de la Fila

Manolo García, en el festival de la Porta Ferrada, en Sant Feliu de Guíxols, este viernes.

Manolo García, en el festival de la Porta Ferrada, en Sant Feliu de Guíxols, este viernes. / Jordi García Almansa

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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A Manolo García, el parón pandémico le hizo crear más y más canciones, hasta 27, las que integran su lanzamiento bicéfalo de la pasada primavera, los álbumes ‘Mi vida en Marte’ y ‘Desatinos desplumados’. Y si en su música siempre se han percibido indicios de un anhelo por bajarse del mundo, que todos podemos compartir en un momento u otro, ahora el roce con la realidad es todavía más contrastado, y de ahí salen conciertos con un punto de catarsis y de huida a una esfera paralela, como el que ofreció este viernes en el Festival de la Porta Ferrada.

Un ciudadano García en forma pletórica, tras sobreponerse a ese covid que le asaltó hace unas semanas, a las puertas de la gira, y que forzó los aplazamientos de las cuatro primeras fechas. Y con un plus de brío rockero, y querencia por las canciones salidas del túnel del tiempo, de vidas anteriores. Fue inédito ese arranque con tres temas seguidos de su época con El Último de la Fila, empezando con ‘Insurrección’, guitarra eléctrica colgada (en jugosa entente con la mandolina de Josete Ordóñez), empalmado con ‘Lejos de las leyes de los hombres’ y con otro reflejo de los viejos días, ‘Lapiz y tinta’.

Conexión con el público

Escenas de alivio y liberación, quitándonos todos de encima tanto polvo (pandémico) acumulado. “¿Estáis contentos? Alegría y reencuentro. A tomar por saco la mascarilla, ¡qué coñazo!”. Noche con contornos de evento social en el Guíxols Arena, con 3.500 asistentes prestos a celebrar su cruce de poesía ensoñadora y calórica entrega física, con todo el refinado arte instrumental (siete músicos de confianza) y una explosiva conexión con el público.

Manolo García no ofreció conciertos de formato reducido en tiempo de restricciones, y se diría que su regreso a la escena, dos años y medio después del cierre de la gira ‘Geometría del rayo’, modificó algunas de sus leyes. “Este año, lo más importante del mundo es que cantéis, que podáis cantar”, nos hizo saber. “Es curioso, porque no me había dado cuenta de eso en otras giras. Este año necesito que cantéis, y por eso estamos tocando más canciones que todos podáis conocer”, reflexionó, al tiempo que aludió a la “angustia” que parece estar flotando a nuestro alrededor, “que ha tomado un sesgo muy extraño, muy de ’a por ellos’”, apuntó. “Es importante que nos defendamos cantando”.

Apetito de vida

La parte más eléctrica del nuevo material, la del álbum ‘Mi vida en Marte’, se hizo notar con una secuencia de temas que fue del medio tiempo ‘Diez mil veranos’, con su ansia de vitalidad, al blues de ‘Reguero de mentiras’, con la voz cómplice de la violinista Olvido Lanza. De ahí al repescado reggae de ‘Estoy alegre’ y a la sensual ‘A veces se enciende’, de nuevo con vistas a El Último.

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El otro de los nuevos discos, ‘Desatinos desplumados’, de tacto más acústico, tuvo menor presencia, pero ‘La maturranga’ abrió con tramas de violín y guitarra una secuencia más serena. Manolo García tiene sus reservas a la hora de considerar que lo suyo pueda ser considerado flamenco, con todas las letras, pero en ‘Laberinto de sueños’ hubo pellizcos rumberos que quiso poner en contexto. Recordó que se crio en el Poble Nou, donde “sonaba de todo”, incluida la “rumba layetana y la de Gràcia, rumba del pueblo para el pueblo, con alegría y desparpajo”. El adolescente Manolo adoraba tanto a Led Zeppelin y a los Beatles como a Peret. Y ya puestos, a Sisa y a Pau Riba. “Estimava la vida, com ara tots aquí. Visca la rumba catalana!”.  

Alumbrado por esa máxima, y sin rebajar las guitarras eléctricas, volvió a hacer cantar al público, su misión primera en esta gira, en un ‘medley’ asentado en ‘Somos levedad’ y en bises que apuntaron de nuevo a El Último con ‘Aviones plateados’ y ‘Sara’. Manolo García en modo integral, sin escatimar ni reservarse energías ni trucos para el futuro, dándolo todo en un espectáculo que contempla otras dos citas en escenarios catalanes, este sábado en el festival Arts d’Estiu, de Pineda de Mar, y el 5 de noviembre en el Palau Sant Jordi.