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Rosalía se inventa un concierto inspirado en TikTok

Rosalía se dirige a la cámara en un momento del primero de sus dos conciertos en Barcelona, el 23 de julio

Rosalía se dirige a la cámara en un momento del primero de sus dos conciertos en Barcelona, el 23 de julio / Ferran Sendra

  • La artista catalana convierte su 'Motomami World Tour' en una experiencia audiovisual que bebe de la cultura de internet. Y, claro, con una cuidada imagen vertical. Ella y C. Tangana han puesto las pantallas en el centro del espectáculo de masas.

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Ignasi Fortuny
Ignasi Fortuny

Periodista. Principalmente, escribo sobre música.

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No había empezado todavía el primer concierto de Rosalía en Barcelona y algo se movió en el escenario para sobresalto del público. Un chico cruzó disimuladamente el lateral de la pista para coger posiciones, pero la multitud lo vio y, como si ya supieran que aquel tipo vestido de negro sería la estrella invitada de la noche, soltó un chillido al unísono. Ese hombre, operador de una 'steadycam' (una cámara que permite captar muy bien el movimiento), sería a la postre parte indispensable del espectáculo que estaba a punto de empezar. En el escenario del Motomami World Tour solo hay sitio para la diva catalana, ocho bailarines y él. Es más: Rosalía llega a dar la espalda al público persiguiendo la cámara. Pero, todo esto, ¿por qué?

No es casualidad que las grandes pantallas que acompañan a la catalana sean verticales. Rosalía ha apostado por un concierto en formato 'stories' (no hay que olvidar que presentó 'Motomami' en un concierto emitido por TikTok). Más allá de la 'steadycam', en numerosas ocasiones la catalana y algunos de sus bailarines sostienen en su mano un artefacto que tiene una especie de cámara, como un móvil en modo selfi. Esa imagen es pinchada constantemente: primerísimos planos, subjetivos, imperfectos y naturales. Internet ha llegado al espectáculo en vivo.

Concierto de Rosalía en el Palau Sant Jordi de Barcelona. / FERRAN SENDRA / VÍDEO: GEMMA SÁNCHEZ / ACN

Y las pantallas, esas en las que hoy en día se consume todo o casi todo, permiten enfocar los macroconciertos de manera distinta. Una vuelta de tuerca a los espectáculos de masas al igual que ha hecho C. Tangana, otro mastodonte de la misma generación, en la gira de su álbum 'El madrileño'. Si, al final, en un recinto como el Sant Jordi la inmensa mayoría del público mira a las pantallas, ambos han sublimado, cada uno a su manera, esa imagen. "Son artíficies de un giro radical de la situación y de un cambio de época histórico en la música. Son los máximos representantes de una escena con personalidad punk que ha roto todos los moldes a la hora de crear, distribuir y mostrar su trabajo", ilustra sobre los citados artistas Sergio Caballero, codirector del festival Sónar y persona responsable de la imagen del mismo.

C. Tangana lleva ocho cámaras de gira (252 metros cuadrados de pantalla led) y Rosalía mezcla hasta 14 señales de imagen. Los dos tienen encima del escenario la presencia de un operario de 'steadycam'. "Te rompe la imagen estática. Se mueve con el artista y te enseña otra forma de jugar, te da movimiento y otro punto de vista", comenta Aleix Mateu, realizador y periodista especializado en música. "El uso de la 'steadycam' de uno y de otro no tienen nada que ver. C. Tangana intenta meter al público dentro de una película, una película antigua, te coloca en otro sitio, y Rosalía es más bien lo contrario, quiere mostrarte el ahora mismo y resalta mucho su figura, su actuación", añade.

C Tangana, con el músico Víctor Martínez y la presencia de una cámara, durante un concierto en Madrid de su gira 'Sin cantar ni afinar'


/ ÁNGEL DE CASTRO

La cultura de internet

Si el del madrileño es un concierto coral, con multitud de músicos y figurantes pasando por ahí, el de la catalana está centrado en su figura gigante (no hay músicos, dirían algunos). No parece casualidad que él presente pantallas horizontales y ella, verticales. Es Rosalía y nada más: no hay invitados. "Me sentí como si estuviera viendo sus 'stories', tan cercana como se muestra por las redes", expone Janira Planes, directora de comunicación de Wuolah y especialista en cultura de internet, que estuvo en el concierto de la catalana del pasado sábado.

A veces, la imagen que se puede ver en las pantallas del concierto de la de Sant Esteve Sesrovires está distorsionada con filtros y, en ocasiones, incorporan fondos (como unas montañas o un desierto). "La influencia de internet se ve constantemente en los elementos visuales", ilustra. Más allá de los comentados, otro ejemplo evidente: Rosalía y su séquito aparecen en el escenario con unas máscaras iluminadas de inspiración clara a los filtros de Instagram.

Rosalía ya sin la máscara inspirada en filtros de Instagram

/ FERRAN SENDRA

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Y no solo en la manera en la que se retransmite el concierto o lo visual está presente la cultura de internet, también en la manera de consumir el producto. "En el concierto me pareció que había mucho cambio brusco, estímulos constantes, canciones cortas, introdujo novedades.... Y eso lo encuentro como algo muy de internet", opina Planes, que lo compara a "cuando haces 'scroll' en TikTok y te encuentras un vídeo de relax, luego uno hiperpicado..."

Más ejemplos de cómo internet se ha introducido en una 'motomami'. Hay poses exageradas, como cuando masca chicle, que parecen ser pensadas ya para el 'meme' posterior. Y, después, hay naturalidad e, incluso, intimidad, esa que se comparte también por las redes sociales. La realización del concierto permite ver cómo se desmaquilla, bebe agua o suda de lo lindo. Y todo eso se ve bien de cerca. Y en vertical, claro. "No te pierdes expresiones, emociones... Un concierto así gana mucho ya que permite al artista ser cercano con el espectador", zanja Planes.