11º Festival Celsius 232

Catriona Ward: un arcón lleno de pesadillas

La autora de 'La casa al final de Needless Street' y 'La pequeña Eve' vuelca en el género del terror su experiencia con las alucinaciones nocturnas

La escritora Catriona Ward, en Avilés.

La escritora Catriona Ward, en Avilés. / María Fuentes / La Nueva España

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Ernest Alós
Ernest Alós

Jefe de sección de Participación

Especialista en Cuando puedo, escribo sobre historia, literatura fantástica y de ciencia ficción, ornitología, lenguas, fotografía o Barcelona.

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En 'La pequeña Eve', una secta pagana que adora a las víboras, con niñas sometidas a los abusos de su líder en una isla escocesa que acaban inmoladas en un círculo de piedras. En 'La casa al final de Needless Street', un solitario con fuertes limitaciones, eterno sospechoso del asesinato de una niña, que vive con una gata creyente en Dios y recibe las visitas de su hija. Pero en las dos novelas de la escritora Catriona Ward, publicadas en los últimos 10 meses en España no todo acaba de ser lo que parece. Las visiones, alucinaciones o visiones distorsionadas de los hechos de los protagonistas son el rompecabezas (mejor engranado en la segunda de las novelas) que realmente debe resolver el lector (más que el 'whodunit', el subgénero policiaco que se centra en identificar quién es el asesino, Ward juega al quién es (realmente) quién.

Y no es casualidad. La ganadora del premio Shirley Jackson de novela de misterio explica, en su visita al Celsius 232, el Festival de Terror, Fantasía y Ciencia Ficción de Avilés, qué es lo que le llevó a este género, en el que ha triunfado internacionalmente con 'La casa al final de Needless Street'. Fue su regreso cada verano a una mansión en Dartmoor, en los páramos de Devon. "Esta experiencia que tuve desde los 13 años es el terror más profundo que he experimentado nunca. Siento que lo estoy introduciendo en todas mis novelas. En la cama, sentía realmente una mano que me agarraba por la espalda y me sacaba de la cama y me hacía caminar. Sigo experimentando estas alucinaciones, aunque cuando cumplí los 30 ya tuvieron un diagnóstico, como alucinaciones hipnanógicas, y sigo sintiendo el mismo miedo. Fue terrible descubrir que aunque me cambiara de casa estas experiencias me acompañaban, así que no era la casa la que estaba embrujada, era yo quien lo tenía dentro. Al descubrir lo gótico en la novela creo que descubrí el arcón perfecto donde meter este miedo, trasladándolo a mis novelas Las novelas de misterio son un buen lugar para tratar el miedo y la pérdida".


'La casa al final de Needless Street'

"Y donde transmitirlo", añade. Porque al otro lado hay un lector al que le fascina el horror: "Lo que nos da el terror es que podamos tener un espacio en el que podamos hablar, leer, sobre cosas de las que no se permite hablar cuando crecemos y nos hacemos adultos. El terror nos hace sentir menos solos, ya que pensamos que habrá otras personas que sentirán la misma sensación que nosotros sentimos ante ciertas escenas. Como escritora pongo mis miedos en las páginas que escribo y espero que el lector me acompañe en el viaje y sienta el miedo que yo he depositado allí".

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Con dos novelas ya traducidas en España por Cristina Macía para la editorial Runas, ya podemos ver otras constantes en la obra de Ward. El narrador no confiable, engañoso: "El narrador en primera persona, del que no nos podemos fiar, es -dice Ward- lo que le da realismo a las historias. Nosotros mismos no sabemos qué información es relevante, de quién fiarnos, qué harán las personas que están en nuestro alrededor". Las identidades escurridizas: "Lo que más asusta no es no saber dónde está el monstruo, sino no saber qué parte de nosotros es el monstruo. Para mí lo más terrible es no saber quién eres, no conocer nuestros secretos internos, explorar nuestro yo profundo. No hay nada más terrorífico que no conocerse a uno mismo, no saber de qué eres capaz". La enfermedad mental; pero con cuidado: celebra no haber estudiado a fondo el trastorno de identidad disociativo (TID), antes conocido como desorden de personalidad múltiple (DPM), hasta después de haber escrito sus novelas: "Fue mejor tratarlo desde mi yo abstracto, porque cuando escribes sobre personas reales tiene que tener mucho cuidado con cómo las expones. Lo que intento es no perpetuar los estereotipos del género del terror sobre las enfermedades mentales. Creo que no se tiene en cuenta las percepciones de las personas que los sufren".


'La pequeña Eve'

Y animales. Una víbora real o mítica en 'La pequeña Eve'. La gata Olivia en 'La casa al final de Needless Street. Quizá el personaje que más le agradecen sus lectores. Una gata robaescenas. "Cuando planteé este personaje ya sabia que sería parte de la historia central pero no sabía que se iba a apoderar de la historia de esta manera, que sería el centro moral de la novela. De alguna manera, además de ser un elemento que da confort, que tranquiliza a Ted, creo que es necesario para el lector, da un contraste con la narrativa oscura. ¡Es la naturaleza de los gatos, adueñarse del protagonismo! En resumen, es la historia de un gato que resuelve un crimen."

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