Estrella mundial del pop
El regreso emocional de Adele a Londres
La cantante inglesa brinda dos conciertos únicos a sus fans londinenses cinco años después de su última actuación
Más de 65.000 personas llenan Hyde Park para poder ver la actuación de la cantante, visiblemente emocionada

El regreso emocional de Adele a Londres / Sony
Cuando los primeros acordes de piano empezaron a sonar, todavía no había anochecido en Hyde Park y se percibía en el ambiente que iba a ser una noche especial. De pronto, sonó la voz de Adele, subiendo las escaleras hacia el escenario, entonando los primeros versos de 'Hello', provocando el delirio del público. Era su retorno a los escenarios después de cinco años, cuando suspendió la gira por problemas en las cuerdas vocales e insinuó una posible retirada. Era también su vuelta a casa, su vuelta a Londres con dos conciertos únicos. Su voz sonaba espléndida, poderosa, vestía un elegante vestido negro.
"Es muy extraño estar delante de una multitud otra vez", confesaba ante las 65.000 personas congregadas en el césped seco de Hyde Park que se perdían por la interminable explanada. En ese mismo escenario actuaron en el pasado Barbra Streisand, Céline Dion, Neil Young, Tom Petty o Blur. Y la policía desconectó en 2012 los micros de Bruce Springsteen y Paul McCartney cuando entonaban el 'I Saw Her Standing There' ante el público extasiado porque la normativa municipal no permitía hacer ruido más allá de las diez y media de la noche.
Adele creó una atmósfera bondiana con la melodramática 'Skyfall', se introdujo en las aguas turbulentas de su divorcio con 'Easy on Me', pidió a su joven amante que pasase una última noche con ella en el 'All I Ask' con el único acompañamiento de Eric Wortham al piano. Luego cantó la preciosista 'Make You Feel My Love', de Bob Dylan, de su álbum debut de 2008, y 'Someone Like You', con el público cantándola al unísono como ya fuera suya y con Adele con los ojos llenos de lágrimas, soplando para poder seguir cantando.
Humeante taza de te
Un momento Adele, de 34 años, se desnudaba emocionalmente con canciones crudas y tristes y, al momento siguiente, interactuaba con el público, divertida, paseándose como una monologuista cómica, riéndose de sí misma mientras sostenía una humeante taza de té. Explicó que había comprado la bandera arcoíris de LGTB (el sábado era el día del Orgullo Gay en Londres) a dos muchachos a cambio de bebidas gratis y una posición de primera fila en el concierto. "¿Habéis bebido mucho?", les preguntó Adele acercándoles el micro. "Mucho", contestaron ellos.
Esta misma dicotomía entre la celebración y la tristeza, tan particular de Adele, se reproducía en el público. Se veía a gente llorando y abrazándose y, al segundo siguiente, riendo y bailando. Y a veces reían y lloraban a la vez. El concierto era un viaje emocional. Los fans londinenses comprobaban como Adele, pese a vivir en California, no había perdido un ápice de su acento duro del norte de Londres, del barrio trabajador de Tottenham donde creció.
La lluvia
La recta final del concierto empezó con la R&B 'Oh My God', con la poderosa 'Set Fire to the Rain', que coincidió además con el principio de la lluvia en Hyde Park, una lluvia que no importó a nadie y menos a Adele ("me sentaré a vuestro lado si empieza a llover", dijo) y que acabó amainando. La balada 'Hold on', sobre la imposibilidad de ver a su hijo de nueve años, presente en el concierto, todos los días durante su divorcio.
Con la inconmensurable 'Rolling in the Deep', alcanzó tal vez la cumbre del concierto ya entrada la noche. "Hay un toque de queda muy estricto en esta zona y los vecinos pijos se quejan si nos pasamos", bromeó antes de cantar 'When We Were Young' y 'Love is a Game' con la bandera arcoíris de los muchachos de la primera fila. Y se despidió hasta nadie sabe cuándo, antes de que a las diez y media la policía le desconectara el micro.
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