Crítica de música

Kiss, un parque temático abierto hasta el final en el Rock Fest

La banda neoyorquina coronó el festival de Santa Coloma con un completo recorrido por sus hitos envuelto en pirotecnia y en aparatosos ‘gags’ escénicos, dentro de su anunciada gira de despedida

 Gene Simmons y Paul Stanley durante el concierto de la banda neoyorkina KISS en Can Zam durante el festival Rock Fest Barcelona.

Gene Simmons y Paul Stanley durante el concierto de la banda neoyorkina KISS en Can Zam durante el festival Rock Fest Barcelona. / FERRAN SENDRA

1
Se lee en minutos
Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

ver +

Con los años, Kiss ha desarrollado un tipo de concierto que se acerca más a la atracción de parque temático, con sus ‘gags’ guionizados, que a la imprevisible excitación que cabe atribuir a un bolo de rock’n’roll. De acuerdo, en las ligas mayores, casi todos lo hacen (como pudimos ver hace unas semanas, Red Hot Chili Peppers son una de las excepciones), pero los neoyorquinos le ponen al asunto un plus de diligencia industrial.

Noticias relacionadas

Kiss se despidió de sus fans barceloneses este sábado en el Rock Fest (siempre y cuando su ‘End of the road world tour’ no acabe eternizándose y los tengamos de vuelta en enésimos coletazos), y para ello contó con la artillería completa de recursos, tanto en ‘atrezzo’ (pirotécnico) como en repertorio: recorrido amplio por los hitos, sobre todo, de ayer y anteayer. Lo cual significa que el simpático hard rock con querencia glam de los 70 se alternó con las derivas metaleras-MTV de los 80. La aguerrida ‘Detroit rock city’ y el estribillo casi pop de ‘Calling Dr. Love’, teniéndoselas con ‘Heaven’s on fire’ y ‘Lick it up’, de cuando Kiss se confundió con el rampante ‘arena rock’ de Mötley Crüe o WASP. Y algún que otro tema de su obra moderna: ‘Say yeah’, de 2009, en el que se registró un aumento de la afluencia en la carpa de lavabos.

Bajo la bola de espejos

Los fans difícilmente pudieron sentirse decepcionados, aunque algunos giros restaran dinamismo: la verborrea de Paul Stanley, ciertos estiramientos de canciones y la rueda de solos (de guitarra, batería y bajo). Pero Kiss, la aparatosa atracción de feria, sigue funcionando a discreción hasta el fin de los días, con el número en el que Stanley ‘vuela’ subiéndose a la tirolina (para cantar ‘Love gun’ desde lo alto de una torre), el frenesí discotequero de ‘I was made for lovin’ you’, con una bola de espejos en la pantalla, y la despedida prometiendo ‘Rock and roll all nite’. Hasta siempre, señores de Kiss, o hasta luego.