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Jordi Casanovas: "La pandemia ha puesto en duda la democracia"

  • La Villarroel estrena 'Immunitat', la nueva obra del autor y director en la que juzga el sistema democrático a partir de lo ocurrido durante la pandemia

Jordi Casanovas, este viernes en la Villarroel.

Jordi Casanovas, este viernes en la Villarroel. / Ricard Cugat

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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El autor y director Jordi Casanovas tuvo tiempo durante la pandemia para reflexionar. Ahora, cuando lo ocurrido todavía está fresco en nuestra mente analiza la gestión política de todo aquello en 'Immunitat', una obra interpretada por Òscar Muñoz, Mercè Pons, Javier Beltrán, Vicenta Ndongo, Ann Perelló, Borja Espinosa y Carla Tovias, que estrena en la Villarroel. La conoce bien, pues es donde también presentó su última obra, 'Els dies d'ahir', cuya adaptación al cine acaba de rodarse en Alella coproducida por Focus y TV-3.

¿Qué tipo de juego plantea 'Immunitat'?

Immunitat es un juego serio. Seis personas convocadas para que digan lo que piensan sobre la gestión política de los últimos años, tras la llegada de la pandemia. Ellos creen que se trata de contestar solo a unas preguntas, pero los dejan encerrados solos en una sala y con un pulsador verde y rojo para responder a favor o en contra de lo que se les plantea. Sí o no. Una inteligencia artificial, que procesa los datos para determinar cómo gestionar futuras crisis mundiales, pandémicas o climáticas, les empieza a preguntar. Pero hay una peculiaridad que los protagonistas de la prueba no saben cuando acuden a la convocatoria: deben ponerse de acuerdo en la respuesta. Ha de ser por unanimidad. Aquí empiezan a chocar, a discutir, y afloran las diferentes ideas de cada uno.

Catalunya es el peor lugar para hacer teatro. Tenemos una gran tradición pero falta público

¿Ha sido fácil hablar sobre un tema reciente con tantísima información?

No. Había de sortear todo lo que ya se había hecho. Es una propuesta diferente. No es una obra sobre la pandemia. Pivota sobre la democracia y los peligros de las consecuencias de una crisis -eco, sanitaria, social- sobre las personas. Va sobre cómo estas valoran la democracia o la afrontan, de este juego democrático que obliga a comprender al otro. La pregunta que flota desde el principio es ¿podemos llegar a entendernos con alguien que piensa lo contrario que nosotros? Esta es la invitación que hago al público para que lo traslade a sus propias vivencias.

La idea de la democracia es dar cabida a todo el mundo.

La virtud de la democracia debería ser el 'disens', no el consenso sino el tener precisamente miradas diferentes y pese a ello ser capaces de llegar a un punto de acuerdo. No que todo el mundo piense lo mismo sino que gente con distintas ideas asumamos que no podemos hacer todo lo que nosotros pensamos sino que hay que alcanzar un punto en el que nos adaptemos los unos a los otros.

Nos preguntamos: ¿Es censurable no votar? ¿Hay personas más o menos capacitadas para participar en la vida política?

En el confinamiento se podían pasear perros pero no llevar a los niños al parque. ¿Habla de ello?

De manera metafórica, porque la obra está planteada como un juego, un ‘thriller’ donde adivinar quién es quien y porqué cada uno está allí. Nos preguntamos: ¿La representación parlamentaria es justa? ¿Votar solo entre sí o no es democrático? ¿Es censurable no votar? ¿Hay personas más o menos capacitadas para participar en la vida política? ¿Hay gente que considera que ciertas personas no deberían votar? La pandemia ha hecho poner en duda muchas cosas acerca de nuestras democracias. El confinamiento fueron solo tres meses y se hizo mucha literatura y ficción, en general, autocomplaciente. Se habló de una pérdida de ciertas comodidades pero no se prestó atención a cosas más bestias y muy fuertes que se han quedado bajo la alfombra. Cosas graves que debemos verbalizar.

Durante la pandemia ha habido inmunidad e impunidad

Se refiere a las residencias de ancianos.

Son varias las cosas que se han quedado enterradas proporcionando un tipo de inmunidad que deberíamos poner en duda. Más allá de la inmunidad contra el virus, deberíamos preguntarnos por esa inmunidad de ciertas acciones que se quedaron sin consecuencia, porque ha habido inmunidad e impunidad.

¿Le recomienda la obra a los políticos?

Uff, no sé, después se enfadan. El mundo artístico pone la mirada en lugares diferentes. Esta obra tiene una mirada humanista. Se centra en las emociones, en cómo afecta a las personas lo ocurrido. Lo mismo hice en ‘Els dies d’ahir’, que iba sobre el ‘procés’. O ‘Jauría’, una obra que más allá del juicio a ‘La Manada’ va a buscar las emociones, todos esos detalles que no ocuparon grandes titulares. La vinieron a ver políticos y gente del mundo jurídico a quienes les impactó porque no habían leído aquello igual.

¿Los personajes de ‘Immunitat’ son reales?

Todo es ficción, pero nos inspiramos en casos reales y dicen palabras que han dicho determinadas personas.

¿Se traducirá esta obra al castellano? No suele ocurrir. Es curioso, porque ha escrito obras en castellano como 'Ruz-Bárcenas' o 'Jauría', pero otras en catalán no se han visto en España más allá de Catalunya. ¿Motivo?

Me sabe mal, es una espinita que tengo, porque en teatros públicos como el Centro Dramático Nacional no quieren asumir obras más locales. Lamento que ‘Els dies d’ahir’, por ejemplo, no pueda verse en Madrid, porque es una mirada diferente a la de los telediarios sobre lo ocurrido en Catalunya con el ‘procés’. Parece que hablar de la identidad catalana no interesa, prefieren obras que aborden temas universales. ‘Immunitat’ es más universal porque aunque se hable de cosas que ocurren en Catalunya, bastaría cambiar ciertos datos y podría adaptarse perfectamente a cualquier otro lugar.

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‘Vilafranca o una historia catalana’ tampoco interesó. En otros países las obras giran más.

Es desesperante mirar los ejemplos de otros países porque te arrancarías los ojos. España se sitúa a la cola de toda Europa en consumo cultural por familia y Catalunya está por debajo de la media española. Catalunya en este sentido es el peor lugar para hacer teatro. Tenemos una gran tradición pero falta público. Y la estadística de un año antes de la pandemia mostraba que Madrid y País Vasco duplicaban ese gasto por familia y Valencia también nos superaba. Hemos de ser conscientes de que tenemos que atraer a más gente a las salas.