Concierto

Alicia Keys, un ángel laborioso entre las sombras del Palau Sant Jordi

  • La artista neoyorquina ofreció un sofisticado espectáculo en el que lució su carácter vocal y sus dotes al piano combinando el material de sus dos últimos álbumes, ‘Alicia y ‘Keys’, y clásicos como su primer éxito, ‘Fallin’

Alicia Keys, en el Palau Sant Jordi, este jueves.

Alicia Keys, en el Palau Sant Jordi, este jueves. / Manu Mitru

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Clásica pero moderna, suspirando por la atemporalidad y a la vez tratando de no descolgarse de las tendencias urbanas, así pasó este jueves Alicia Keys por el Palau Sant Jordi, con su elegancia, su voz cálida sin excesos y su espectáculo con toque de sofisticación. Nocturnidad envuelta en sedas caras y luces ensoñadoras, cancionero extralargo (una treintena de temas) y ella, deleitándose como pianista, mujer-orquesta y sinuoso ángel cantor, moviéndose sigilosamente en un escenario con tendencia a la penumbra.

Su última obra, ‘Keys’, lanzada el pasado invierno, testificó esa doble alma con una mitad conservadora y otra más audaz en términos de arreglos, ‘beats’ y duetos. En el Sant Jordi (media entrada, 8.000 asistentes según la organización; el lunes actuará en el madrileño Wizink Center), se decantó por el registro más tradicional, si bien abierta a las discretas aventuras: ‘Nat King Cole’, tema nuevo que habla del cantante como unidad de medida ‘unforgettable’, abrió la sesión con Keys arqueando su figura en modo majestuoso, a golpe de trip-hop noventero con ecos de John Barry, silueteada sobre un fondo que evocaba la corteza terrestre.

Vástago en escena

Esta Alicia Keys queda algo lejos de la ‘piano woman’ acusada de introvertida y aburrida en los viejos tiempos. Dominó la puesta en escena, aunque más como una presencia encantada que como una diva, disfrutando de sonoridades vaporosas (‘You don’t know my name’), reggae de lentas zancadas (‘Wasted energy’) y tratamiento pop con trazo electrónico (‘Time machine’). Para separar el primer bloque de canciones del segundo, sacó a escena a su hijito Egypt, de 11 años, que nos hizo una aplicada demostración al piano que el mundo no necesitaba.

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Cuando apostó por el teclado era fácil esperar a la Alicia Keys más canónica, pero no fue exactamente así. Bien por ese ‘Is it insane’ con ambientación ‘retro’ filo-jazzística, y por la repesca de ‘Empire state of mind’, esta defendida desde el pequeño escenario alternativo. Pero ciertas ocurrencias electrónicas, manejadas por ella misma, como si estuviera jugando, trajeron caídas de tensión en temas como ’Only you’. Una Keys algo dispersa, que encontró el camino de vuelta a casa de la mano de una melodía tan solvente (que habría podido firmar Michael Jackson) como la de ‘Try sleeping with a broken heart’.

Los efluvios de ‘Fallin’’

Recorrido, sobre todo, el material tanto de ‘Keys’ como de su trabajo anterior, ‘Alicia’ (2020), llegaba la hora de los clásicos, y allí sacó ella partido del número pop ‘Girl on fire’, del ejercicio a lo ‘singer-songwriter’ tradicional de ‘Superwoman' y del que fue su primer ‘single’ y éxito, ‘Fallin’’, 21 años atrás, cuando acababa de cumplir los 20. Estribillo compartido con el público, de cuando Alicia Keys parecía mirarse más bien en el espejo de Carole King o Roberta Flack, y una cola de éxitos que no dejó de lado ‘If I ain’t got you’, recordando que ella, a su manera, sin los perfiles dominadores o muy sexualizados de otras, ha dejado huella como consumada ‘hit maker’.