Crítica de cine

‘Todo a la vez en todas partes’: terapia familiar en el multiverso

  • Los Daniels tienen demasiadas ideas, y están demasiado enamorados de todas ellas como para comprender que, si descartaran las malas, las buenas lucirían aún más

Michelle Yeoh, en ’Todo a la vez en todas partes’ 

Michelle Yeoh, en ’Todo a la vez en todas partes’  / EPC

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Nando Salvà

'Todo a la vez en todas partes’ ★★★

Dirección Daniel Kwan y Daniel Scheinert

Intérpretes Michelle Yeoh, Ke Huy Quan, Stephanie Hsu, Jamie Lee Curtis

Estreno 3 de junio de 2022

Quienes conozan la primera pelicula de Daniel Kwan y Daniel Scheinert, ‘Swiss army man’ (2016) -en la que Daniel Radcliffe encarnaba a un cadáver tan flatulento que es capaz de funcionar a modo de moto acuática- no se sorprenderán por los niveles de excentricidad e inventiva que exhibe la segunda. ‘Todo a la vez en todas partes’ es un relato fantástico de aceptación personal y reconcilación familiar adornado de espectaculares artes marciales, cuyos personajes utilizan tapones anales para obtener superpoderes y consoladores gigantes como ‘nunchakus’, y que transita por todo el espectro del multiverso para abarcar la práctica totalidad de la historia humana. Para ello pone el foco en una inmigrante china, amargada por culpa tanto de un trabajo que detesta como de un marido con el que ya no conecta y una hija a la que no entiende, que de repente emprende un viaje épico por todas las vidas alternativas que pudo haber vivido para enfrentarse a una malvada agente del caos que amenaza con destruirlo todo.    

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A partir de esa premisa, los Daniels -así se hace llamar el dúo- llevan a su protagonista de paseo por complejos de oficinas reconvertidos en feroces campos de batalla, universos en los que la gente tiene perritos calientes en lugar de dedos, momentos que parodian ‘Ratatouille’ sustituyendo ratas por mapaches y referencias muchas otras películas chinas, hongkonesas y estadounidenses más, y en el proceso la van embutiendo alternativamente en identidades tan dispares como una cantante de ópera china, una alumna de ‘kung fu’, la estrella protagonista de un remedo de ‘Deseando amar’ (2001), una piñata antropomórfica y hasta una piedra con sentimientos. Mientras, los directores yuxtaponen escenas, líneas de diálogo e imágenes a través de movimientos de cámara y un montaje trepidante que condensa lo que podrían ser catorce películas en una sola de 140 minutos. En otras palabras, ‘Todo a la vez en todas partes’ hace justicia a su título.  

Como resultado, es una película increíblemente imaginativa, en general deslumbrante y a ratos fascinante, pero que a menudo resulta extenuante y hasta tediosa. A generar esa sensación contribuyen la desesperación por epatar de la que Kwan y Scheinert hacen gala, su falta de interés en dotar de personalidad a sus personajes -incluso su protagonista carece de más sustancia que la que le aporta por defecto la identidad de la actriz que la encarna, Michelle Yeoh-, el porcentaje relativamente bajo de momentos cómicos que funcionan y el excesivo sentimentalismo al que la película recurre para tratar de convencernos insistentemente de la importancia que tiene valorar el amor y la belleza que nos rodea. En suma, los Daniels tienen demasiadas ideas, y están demasiado enamorados de todas ellas como para comprender que, si descartaran las malas, las buenas lucirían aún más.