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El desdén por el género romántico: un filón millonario con mala reputación

Imagen del filme ’Orgullo y prejuicio’

Imagen del filme ’Orgullo y prejuicio’

  • La novela romántica vendió 47 millones de libros en 2021, pero se la sigue despreciando. Aquí, los motivos.

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Natàlia Cerezo
Natàlia Cerezo

Escritora y traductora

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Cuando uno piensa en novela romántica, seguramente le vienen a la cabeza cubiertas brillantes, títulos tan azucarados que engordan y autoras con nombres que parecen de otra época, o al menos propios de alguna de las heroínas de sus propios libros (Corín Tellado, Danielle Steel, Megan Maxwell).

Y a pesar de todo el romántico es uno de los géneros más vendidos y, por lo tanto, más leídos. De hecho, goza de una salud envidiable: la revista 'Fortune' situó en 47 millones los libros románticos vendidos en 2021. Muchísimas mujeres, y cada vez más hombres, se abandonan en las pasiones de sus páginas.

Pero, aunque en los últimos años este haya dejado de ser un fenómeno más o menos discreto (probablemente las vaporosas cubiertas de modelos descamisados ayudaban al secretismo), lo cierto es que la novela romántica sigue teniendo peor fama que otras igual de populares, como la histórica o la negra, y sigue considerándose un género menor. A diferencia de otros casos, como el de la ciencia ficción, tradicionalmente despreciada, o al menos ignorada, y que desde hace un par de años experimenta un boom en nuestro país, la romántica no parece correr la misma suerte y sigue levantando cejas y provocando sonrisas de suficiencia.

Quizás una de las razones del desprecio general hacia el género radica, precisamente, en su característica más definitoria. Aunque actualmente las novelas sentimentales estén experimentando cambios, ya que las protagonistas han dejado de ser el modelo de mujer heterosexual a la caza (o a espera) de un hombre que la conquiste y han ido adoptando puntos de vista más de acuerdo con los tiempos que corren (dos ejemplos de romanticismo LGTBI son 'Llámame por tu nombre' y las novelas gráficas 'Heartstopper'), el romántico fue el primer género pensado y escrito por y para mujeres.

Las convenciones en las que clasificábamos a las personas, la ficción y el mundo están en cuestión: ¿y si nos dejamos llevar por lo que nos apetece leer?

Y, en una sociedad en la que aquello tradicionalmente femenino siempre se ha despreciado (aún hay niños a los que no les gusta el rosa "porque es de niñas"), parece inevitable que ese desdén se traslade a textos que hablan de amor y sentimientos, un terreno naturalmente femenino. Al fin y al cabo, no hace tanto que las relaciones amorosas, especialmente el matrimonio, definían la vida de la mitad de la población.

Por otro lado, otra de las razones que parecen apuntar a la mala fama del género es su poca calidad literaria. A primera vista, puede parecer que este prejuicio es cierto, no solo porque en muchísimas novelas sentimentales, con más o menos fortuna, se produce una repetición de arquetipos (la protagonista maja y buena gente, el chico torturado pero sensible) y de hilos argumentales (una pareja se conoce, a veces se odia, un problema los separa pero el amor siempre triunfa) sino también por la elevadísima cantidad de obras de este tipo que se publican, y cuyas portadas de colores pastel se repiten, clónicas, en las estanterías de librerías y supermercados. De hecho, se calcula que Corín Tellado, leyenda de la romántica de mediados del siglo XX, escribió más de 5.000 textos de ese estilo.

Vilipendiada 'Jane Eyre'

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Ha pasado mucho tiempo desde que, en 1740, se publicó 'Pamela', considerada la primera novela de este género, curiosamente escrita por un hombre y concebida como un modelo de conducta que debían de seguir los lectores de la época. 'Pamela' ha quedado algo desfasada, pero existen otros ejemplos de romántica que siguen tan vigentes hoy como el día que se escribieron. Nadie duda de la extraordinaria calidad literaria de novelas como 'Orgullo y prejuicio', de Jane Austen, o 'Jane Eyre', vilipendiada cuando se publicó por ser amoral y "anticristiana", como la definió la crítica inglesa Elizabeth Eastlake en 1848, y que todavía hoy levanta pasiones y revisionismo, especialmente por el papel de la famosa "loca del ático". 

Las convenciones en las que clasificábamos a las personas, la ficción y el mundo están más en tela de juicio que nunca, y la novela rosa no es ninguna excepción. Quizás necesitamos una nueva clasificación, o dejar de encasillarlo todo, y simplemente dejarnos llevar por lo que nos apetezca leer.