Pax Romana en la Nit del Museus

Barcelona responde un año más a la llamada de la cultura y lo hace de nuevo de forma bárbara, circunstancia para la que quien mejor preparado estaba era el Museu d'Arqueologia de Catalunya

La legión romana desfila por Montjuïc en la Nit dels Museus.

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Multitudinaria y pacífica Nit dels Museus. Lo primero estaba en el alero, porque la cita coincidió este año con Eurovisión. Lo segundo, si hubiera hecho falta, estaba garantizado, pues el Museu d’Arqueologia de Catalunya (MAC), uno de los 75 equipamientos culturales de Barcelona y el área metropolitana que se han sumado este año a la celebración, hasta se hizo para la ocasión con los servicios de un par de unidades básicas de la legión, no la de la cabra, sino la verdaderamente legendaria, la romana. En concreto, dos contubernios, palabra que sorprenderá a los lectores más veteranos (y espérense al final con la otra…), pero es que ese era en realidad el nombre de la célula básica de la fuerza militar de Roma. Pasemos revista.

El padre de la iniciativa es Ricard Llop, por edad, eso es casi inevitable, lector de Astérix, pero la afición no le viene exactamente de ahí. Profesor de latín en la Escola Joan Pelegrí, creyó necesario un día sacar del tedio de las declinaciones el estudio de esa lengua en clase y pasar literalmente a la acción. Podría haberse conformado con llevar a sus alumnos al MAC, con doble motivo, porque fue precisamente en Hostafrancs, de donde es la escuela, el lugar en el que 1848, durante unas obras, apareció la escultura de un Príapo, un dios menor, de acuerdo, pero con algo muy mayor entre las piernas. La pieza se exhibe tal cual se entra en el museo a la derecha y mide dos metros de altura, así que imagen el resto.

El grupo de recreación histórica Barcino Oriens, en posición de 'repellere equites', hace 2.000 años, una perfecta máquina triturar caballerías enemigas.

/ JORDI COTRINA

Eso, en cualquier caso, hubiera sido lo fácil. Puso en marcha un taller de estudio de la soldadesca romana, de sus técnicas, de sus pertrechos, de sus hábitos y, claro está, del vocabulario para designar cada cosa y función, como los ‘contubernium’. La palabra, en el caso de España, ha quedado cosida hasta nueva orden al uso que de ella hacía con su ridícula voz aflautada Francisco Franco (“todas las protestas habidas obedecen a una conspiración masónica-izquierdista, de la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra a ellos les envilece”) pero en realidad era una expresión sobre la que se edificó un imperio.

Lo cuenta Llop. Un contubernio eran ocho hombres, una mula, una tienda de campaña portátil y solo cuatro camas, porque cuando la mitad de los miembros de esa unidad dormían, el resto hacía lo que se supone que fuera necesario entonces en el campamento, afilar la ‘gladius’, la espada básica, hacer la colada o ensayar las obscenidades que canturrearían en el próximo desfile, “’urbani, servate uxores: moechum calvum adducimus’”, por ejemplo, o sea, “ciudadanos, guardad a vuestras esposas, que traemos un calvo adúltero”, que es lo que entonaban jocosamente las tropas para anunciar la llegada de Julio César.

Cuatro legionarios descansan merecidamente, pues armadura, armas y escudo suman 20 kilos.

/ JORDI COTRINA

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Lo que a las puertas del MAC se ha llevado a cabo por parte de Barcino Oriens (el grupo de recreación montado por Llop con padres de la escuela, amigos y algún que otro exalumno, y con una fidelidad histórica obsesiva, nada que ver con esos romanos de pega de la Semana Santa) es en esencia, una minúscula muestra de lo que en otras latitudes es un mayúsculo espectáculo. Las recreaciones históricas de las legiones romanas de Nimes y Arlés, en Francia, y las que se llevan a cabo en diversas ciudades alemanas son, al parecer, palabras mayores, pero puede que jamás hayan tenido la suerte que la soldadesca de Llop ha tenido durante la Nit dels Museus. Estaban los dos contubernios a punto de cruzar un paso de cebra cuando, en latín, porque así se comunican entre ellos, han recibido la orden de acelerar el paso, parar y formar en posición de ‘repellere equites’. Venía por la calzada un Ferrari, vamos, unos 800 bárbaros caballos, y la escena ha sido estupenda. Rugía el motor del vehículo del deportivo y asomaban las lanzas de los legionarios entre los escudos. Que supere eso Eurovision.

El público, a las puertas del Museu d'Arqueologia de Catalunya, al que le tocó representar el papel de los pueblos bárbaros en el espectáculo.

/ JORDI COTRINA

Y que supere también las sabias lecciones que ha impartido Llop, como la prometida al principio, otra palabra para retener. La funda del ‘gladius’ era llamada en Roma la ‘vagina’. Ya ven, el amor y la guerra son dos caras de un mismo sestercio. ¡Qué grande es la Nit dels Museus'.