Crítica de cine

'El universo de Óliver': esperando al cometa Halley

Alexis Morante da el salto al largometraje de ficción con una historia que mezcla realismo y fantasía y abusa del estereotipo para hablar de un montón de cuestiones de actualidad

María León y Salva Reina, en 'El universo de Óliver'

María León y Salva Reina, en 'El universo de Óliver' / Filmax

Quim Casas

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Tras varias películas y vídeos asociados a la carrera musical de Enrique Bunbury, además de documentales sobre Camarón de la Isla y David Bisbal, Alexis Morante da el salto al largometraje de ficción con una historia que acumula demasiados estereotipos intentando conferirles un barniz de autenticidad, por un lado, y de fantasía por el otro.

 El Óliver del título es un adolescente introvertido cuya existencia está mediatizada por su padre, que no tiene empleo ni hace mucho por tenerlo, y su abuelo, que no se relaciona con su hijo y vive en un mundo de fantasía similar al del joven, observando las estrellas todas las noches. Le apodan ‘El Majara’ por si no había quedado claro su proceder.

 En el relato aparecen, además de la sufrida madre de Oliver, la única que intenta poner orden en un mundo familiar que se descompone, una serie de personajes demasiado tipificados a partir de los cuales el director habla del racismo, la diferencia, el paro, los desahucios, los morosos, el primer amor, los conflictos escolares, el tráfico de drogas, la corrupción

Demasiados elementos organizados a partir del paso del cometa Halley –la acción se ubica en 1985, poco antes del avistamiento del cometa en cuestión– y de un talismán luminoso que permite al protagonista evadirse, cuando puede, de esa compleja realidad que empieza con una secuencia chistosa y se desarrolla después en clave a veces trágica.

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