66ª edición del festival de la canción

Eurovisión 2022: análisis de las 5 canciones favoritas de la segunda semifinal, por Jordi Bianciotto

Sheldon Riley, The Rasmus, Ochman, Cornelia Jakobs y Konstrakta

Sheldon Riley, The Rasmus, Ochman, Cornelia Jakobs y Konstrakta

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Suecia. ‘Hold me closer’, Cornelia Jakobs

Balada sobre corazones rotos con electrónica y subidón emocional: “Aunque marcharás antes del amanecer / Estaré sangrando, pero no importa, estaré bien”, suspira, haciéndose la fuerte, esta cantante bregada en ‘talent shows’, excomponente del grupo femenino Stockholm Syndrome. Su vinculación con la música viene de la cuna, ya que su padre, Jakob Samuel, fue el wagneriano cantante de la banda metalera The Poodles (que accedió a la preselección eurovisiva sueca, el Melodifestivalen, dos veces, en 2006 y 2008). Es una de las mejor situadas en las apuestas, con un 8% de posibilidades de victoria.


Polonia. ‘River’, Ochman

Los alardes vocales de Krystian Ochman, con vibrantes amagos de falsete, recuerdan que es nieto del reconocido tenor Wiesłav Ochman. Nacido en Massachusetts en el seno de una familia polaca, ganador de ‘La Voz’ en el país eslavo (2020), defiende en ‘River’ una balada un tanto enrarecida, montaña rusa con coros grandiosos, despliegue de orquestaciones, recesos de piano y un sentido tramo final con regusto trágico. Canción de mensaje impreciso, deja un rastro de languidez en ese inquietante diálogo con Dios: “Llévame lejos / me voy flotando / al río / Entierra todas mis cosas / Entiérrame en mi piel”.


Serbia. ‘In corpore sano’, Konstrakta

La canción más extraña del paquete, ‘In corpore sano’ desliza observaciones irónicas sobre la salud y la belleza, entendidas como pensamientos mágicos, con el trasfondo de la pandemia. Apunta que el alma puede estar triste aún con el cuerpo en forma, alusión a las disfunciones mentales observadas en la actualidad, y lanza como despedida un seco “¿y ahora qué?”. Tema de complexión mutante, con coros litúrgicos y dinámica disruptiva, es el aventurado artefacto art-pop de Konstrakta, marca utilizada por Ana Đurić, arquitecta y artista de Belgrado, que fue integrante del grupo alternativo Zemlja Gruva.


Australia. ‘Not the same’, Sheldon Riley

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El país de las antípodas, pasto de la ‘euromanía’, presenta una balada sufrida y en primera persona: Sheldon Riley canta a sus vivencias como el niño autista que fue (sufrió desde los seis años el síndrome de Asperger), en un texto que escribió cuando era un adolescente. Nacido en Sídney, de apellido real Hernández (padre filipino), quedó tercero en ‘La voz’ (2018) y ‘Not the same’ es su quinto ‘single’. Su interpretación va asociada a una misteriosa puesta en escena, con máscara de pedrería (que se quita teatralmente en el tramo final del tema) y ropajes negros provistos de una larga cola.


Finlandia. ‘Jezebel’, The Rasmus

Para un artista consagrado, acudir a Eurovisión es jugársela, pero The Rasmus, banda de rock con larga proyección internacional (y éxitos como ‘In the shadows’, 2003), mueve pieza para tratar de animar su últimamente cabizbaja carrera. ‘Jezebel’ es una apuesta competente, inspirada en una chica descrita como “un espíritu libre”, que “toma lo que quiere sin preguntar". Pocas aspirantes eurovisivas cuentan con su pedigrí compositivo: firma el tema Lauri Ylönen, cantante del grupo, en tándem con Desmond Child, coautor de hitos como ‘I was made for lovin’ you’ (Kiss) o ‘Livin’ on a prayer’ (Bon Jovi).