D'A Film Festival

'Ahed's knee', la película antiburocracia que escuece en Israel

El cineasta hebreo Nadav Lapid presenta en Barcelona su combativa última película, premio del jurado en Cannes pero ferozmente criticada en su país

Fotograma de ’Ahed’s knee’, de Navad Lapid

Fotograma de ’Ahed’s knee’, de Navad Lapid / EPC

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Quim Casas

Nadav Lapid representa la nueva ola del cine israelí. Una ola a contracorriente, ya que sus películas no gustan a las altas esferas políticas de su país. La última de ellas, ‘Ahed’s knee’ (La rodilla de Ahed), se presenta este jueves en el festival D’A.

La historia parte de una experiencia vivida por el director: «Fui invitado a una localidad en el desierto para presentar una de mis películas, ‘La profesora de parvulario’. Alguien muy amable del ministerio me dio un documento sobre lo que podía decir o no», nos explica el director.

Esta situación, el peso de la burocracia y la fascinación del desierto empezaron a bullir en su imaginación. «Tomé fotos del desierto y se las mandé a mi madre. Ella tenía un cáncer muy grave y falleció hace un año y medio», recuerda. Era Lapid fue la montadora de los anteriores trabajos de su hijo, del mismo modo que su padre, Haim, ha participado en el guion de algunos.

La muerte de la madre originó lo que el cineasta define como «una respuesta vital. A las tres semanas me puse a escribir. No tenía una idea clara, pero si la urgencia. Terminé el guion en 15 días, frente a los dos años que necesité para el de ‘Sinónimos’». ‘Ahed’s knee’, de puesta en escena agitada, cimbreante, nació con un sentimiento muy fuerte de enfrentarse a dos ideas, la madre carnal y la madre patria.

«Israel es una nación que se enfrenta a constantes saltos al vacío», argumenta Lavid. ¿Y cuál ha sido la respuesta a una película que cuestiona de forma tan vehemente la burocracia del sistema y la pérdida de las libertades?: «Se percibió inicialmente a distintos niveles. Hubo el interés del público por haber estado en Cannes, ganar el premio del jurado y tener distribución fuera del país. Era una especie de celebración nacional».

"De héroe a traidor"

Pero las cosas se torcieron. Según Lavid, «comenzó la polémica por el ataque directo al filme y a mí por parte de políticos y medios de comunicación que ni siquiera lo habían visto. Pasé de héroe a traidor, a ser la vergüenza del país y a que se cuestionara porque el Estado financiaba este tipo de películas».

Lavid está acostumbrado a recibir críticas duras en Israel, pero en este caso «fueron brutales, me sentí muy angustiado, no quería enfrentarme a nueve millones de israelís». Afortunadamente, por otro lado, el cineasta empezó a recibir reacciones favorables por parte del público, «gente que me escribió mensajes larguísimos a favor de la película, gente que percibía un retrato existencial antes que un manifiesto político».

El director israelí Nadav Lapid, con el Oso de Oro conquistado en Berlín con 'Sinónimos'


/ REUTERS / HANNIBAL HANSCHKE

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‘Sinónimos’ narraba la historia de un joven hebreo que se instala en París y quiere deshacerse de su nacionalidad israelí. La polémica siempre le ha acompañado, aunque justifica que en aquel anterior filme «el protagonista es un chico joven y aún tiene tiempo para madurar, está en París, la película es en otro idioma, se percibió como un filme más extranjero. Por el contrario, la última está filmada en Israel, hablada en hebreo, el protagonista es más maduro».

Para Lavid es igual que un filme sea de Hollywood, europeo o independiente. Lo único es «la urgencia, la singularidad, el riesgo, utilizar todo el potencial del medio creativo». Y concluye: «Los cineastas deben estar en las barricadas».