Exposición en BCN

La Fundació Miró muestra el lado más íntimo y familiar del artista

La muestra, formada por 180 piezas desde 1910 a 1976, enseña a Miró como coleccionista de su propia obra

Exposición ’El llegat més íntim’ en la Fundació Miró de Barcelona

Exposición ’El llegat més íntim’ en la Fundació Miró de Barcelona / Ricard Cugat

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Judith Navarro

Un Joan Miró más humano y familiar, más persona que artista. Un lado no tan visto del pintor, y que ahora sale a relucir en ‘Miró. El llegat més íntim’, exposición comisionada por Marko Daniel, Elena Escolar y Dolors Rodríguez Roig que se puede visitar desde el viernes 1 de abril en el recinto de la Fundació del propio autor. 

La muestra abre la puerta a conocer a Joan Miró como coleccionista de su propia obra, aquel hombre que a lo largo de los años conservó descripciones, planos, dibujos y bocetos que le permitían mantener un contacto emocional con su trabajo y, al mismo tiempo, servían como herramienta para revisar su trayectoria y su evolución artística. Lo que comenzó como una recopilación personal, se agrandó enormemente al empezar también a reservar cuadros para su mujer, Pilar, y su hija, Dolors. Materiales guardados durante años que terminaron por dar origen a tres grandes colecciones familiares. Ciento ochenta piezas que resiguen casi toda su trayectoria, desde 1910 hasta 1976, y que ahora salen a exhibición. 

Una colección familiar

Algunas de estas piezas decoraron durante años el hogar de la familia, como ‘L’estel matinal’ (1940), un óleo que solía exponerse en la parte superior del cabezal de la cama del matrimonio Miró. Otras, en cambio, fueron creadas por el pintor específicamente para sus seres queridos, como ‘Personatge i ocells davant el sol’ y ‘Personatge davant la lluna’ (1976-1977), regalados a sus nietos Teo y Joan Punyet el día de su comunión.

Este último define a su abuelo como “alguien increíblemente cercano y cariñoso” y así lo demuestran las afectuosas dedicatorias que escribía en el dorso de algunos de sus cuadros. Mensajes que siempre han permanecido de espaldas al público, ocultos, pero que ahora pueden leerse gracias a que la exposición exhibe las piezas de manera que ninguna de sus caras quede pegada a la pared. Se mantienen sujetas en expositores de madera en el centro de la habitación, ofreciendo al visitante una vista de 360º.

Pero Miró no solo se ocupó de mantener vivo su propio patrimonio, sino también el de su hija Dolors, que se interesó por el arte a una temprana edad, a pesar de que nunca terminara siguiendo los pasos de su padre a nivel profesional. Este tomó los dibujos de la pequeña como inspiración en diversas ocasiones. La idea de la obra ‘Tres boles’ (1972), por ejemplo, surge a partir de un garabato trazado por la niña en 1937. Ahora ambas piezas, cuadro y dibujo, se exhiben juntas en la exposición. 

Surrealismo y rebeldía

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La faceta familiar de Miró no ocupa por completo la temática de la exposición, creaciones propias de su tendencia más surrealista y transgresora también se muestran en la fundación. Son ejemplo de ello las cuatro piezas que forman el conjunto de ‘Teles cremades’ (1973). Lienzos cortados, quemados con gasolina y pintados con acrílico que, a pesar de parecer creaciones aleatorias, son en realidad fruto de una acción premeditada, tal y como demuestran los planos originales en que el pintor planeaba las acciones que iba a realizar sobre cada una de las telas.

‘Ballet romàntic’ (1974), ‘Caballs posats en fuga’ (1976) y ‘Personatge en un paisatge aprop del poble’ (1965) muestran también el lado más rompedor de Miró. Composiciones que el artista realiza a base de pintar sobre cuadros ya existentes. Piezas que compraba en el mercado de los encantes de Barcelona y sobre las que él añadía trazos y elementos que las convertían en obras más 'kitsch'.