Crítica de cine

Crítica de 'Drive my car': 'Tio Vania' en Hiroshima

 Hidetoshi Nishijima y Tôko Miura, en un fotograma de ’Drive my car’, de Ryûsuke Hamaguchi

 Hidetoshi Nishijima y Tôko Miura, en un fotograma de ’Drive my car’, de Ryûsuke Hamaguchi / EPC

Ryûsuke Hamaguchi, posiblemente el director japonés más interesante del momento, propone una pausada reflexión sobre vida y teatro partiendo de un argumento original escrito por Murakami

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Quim Casas

'Drive my car'

Dirección Ryûsuke Hamaguchi

Intérpretes  Hidetoshi Nishijima, Tôko Miura, Reika Kirishima, Sonia Yuan, Satoko Abe

Estreno 4 de febrero de 2022

★★★★ 

Reciente aún el estreno de su anterior película, ‘La ruleta de la fortuna y la fantasía’, Ryûsuke Hamaguchi presenta ‘Drive my car’, un filme tan distinto a la vez que cercano a aquel. El que sea posiblemente el director japonés más interesante del momento propone una pausada reflexión sobre vida y teatro partiendo de un argumento original escrito por quien también sea posiblemente el mejor novelista japonés actual, Haruki Murakami.

La obra de Chéjov ‘Tío Vania’ está en el centro de la historia. Es un texto que, en términos cinematográficos, invita a acercamientos muy diversos, desde transcripciones fieles hasta recreaciones como la emprendida por David Mamet y Louis Malle en ‘Tío Vania en la calle 42’, en la que los ensayos sobre un montaje teatral de la obra se mezclaban con las experiencias personales de los intérpretes y director de esta.

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Algo similar ocurre, en cierto modo, en ‘Drive my car’, ya que uno de sus personajes principales prepara un montaje multilingüe de la obra de Chéjov en el festival de Hiroshima a la vez que intenta superar, sin mucho éxito, la crisis personal provocada por la muerte de su esposa.

Conduce mi coche. Es el Saab 900 Turbo de la chófer y acompañante que le han asignado al protagonista durante su estancia en Hiroshima. Y a través de largas escenas pautadas con un tempo preciso y una fluida interrelación entre los dos intérpretes –a los que el director pidió que leyeran el guion con absoluto desapasionamiento, lo mismo que les pasa a los actores que interpretan este ‘Tío Vania’–, la película va creciendo en intensidad sin dejar de lado esa ligereza fuera de toda aparente gravedad con la que Hamaguchi construye la mayoría de sus hermosas películas