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Rosalía: rock and roll contra los puretas

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Rosalía, en Madrid, el jueves de la semana pasada.

Rosalía, en Madrid, el jueves de la semana pasada. / José Luis Roca

Lo primero que hay que hacer es brindar por 'Motomami': un álbum discográfico, esa reliquia cultural, un artefacto más muerto que vivo, la ha liado. Como en los viejos tiempos y como ojalá sucediera más a menudo.

Lo segundo que hay que hacer es abofetear (metafóricamente) a todos los puretas que han dicho y escrito que 'Motomami' no va con ellos, que no lo entienden, que les parece chabacano, y son unos cuantos (si me lo piden bajo mano les diré quiénes han sido). Ojo, sin tiempo para haberlo escuchado y mucho menos digerido. Es esta contrafuerza madura el mejor elogio a 'Motomami'. Caramba, hacía mucho que una vieja guardia no se sentía tan herida. Las coces viejunas emparentan 'Motomami' con los grandes discos de la música popular moderna. A ver: no está hecho para vosotros, que quizá vais a conciertos de estadio con vuestros hijos.

Códigos blindados

Lo tercero que hay que hacer es volver a brindar por un disco que ha puesto sobre la mesa que existe una poderosa cultura juvenil a la que ni los puretas mejor intencionados tenemos acceso, con sus códigos blindados y esas cosas. En cuanto empiezas a pensar qué hará tu hijo por la noche ya no pintas nada.

Y lo cuarto que hay que hacer ante 'Motomami' es sacarse el sombrero. Rosalía atrapa el 'zeitgeist' musical y lo propulsa al futuro (sí, el reguetón, el archienemigo de la música 'de calidad'), a la vez que hiela la sangre con traslaciones al presente de la tradición (flamenco, copla, bolero, balada).

Todo ello desde una postura autoral, del golosísimo verso "saoko, papi, saoko", signifique lo que signifique, tampoco nadie en su sano juicio se dedicó a buscar el significado de "achilipú, a pu, a pu", a la fulminante estrofa "nunca me ha dado miedo / la risa de un loco / más miedo me da / el que miente o el que ríe poco".

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Era muy fácil para los puretas, al fin y al cabo los que dictamos las normas, prendarse de 'El mal querer', un bloque hecho para pasmar y que admitía ser comentado gintónic en mano en el 'village' de un festival. 'Motomami' es otra cosa, un surtido desafiante, gamberro, divertido, severo a tramos y mejor, si quieren saber mi opinión. Un discazo de rock and roll, que no es exactamente eso que espolvorean los cocineros guais sobre sus platos.

Nada de lo anterior impide que Rosalía sea vista como 'un producto' por el sector 'hardcore' de los fans de las músicas urbanas; eso es normal y otra historia.