Hotel Cadogan
Los libros recomendados por Olga Merino: comilonas pantagruélicas en el siglo XVII
Nórdica publica 'La alegría del exceso. Diarios gastronómicos', de Samuel Pepys

PEPYS

La guerra en el este de Europa, tan lejos y tan dolorosamente cerca, nos encuentra enervados e insomnes como polillas, sin manera de contener la thermomix de la cabeza. La inquietud también devora a nuestros ilustres huéspedes, gentes de natural tranquilo, de jardín y reflexión, quienes apenas salen en estos días de sus habitaciones, importunándonos cada dos por tres con peticiones de neurótico resfriado: almohadones de plumas, toallas limpias o chocolate con picatostes a deshoras. Solo en las últimas dos noches, cuando se acallan un poco las campanillas del ‘room service’, hemos disfrutado de cierto solaz e incluso agradecido la bendición de alguna carcajada con la lectura en voz alta de ‘La alegría del exceso. Diarios gastronómicos’, recién publicados por Nórdica. Se trata de los viejos cuadernos de Samuel Pepys (1633–1703), el gran notario de la llamada Restauración inglesa, pero expurgados aquí hasta el hueso, hasta dejar únicamente las entradas referidas al yantar.
Caballero ilustrado, ‘gentleman’ irascible, individualista y anglicano sin estridencias fanáticas, parece que, tras la tijera de la edición, Pepys viva para satisfacer su estómago en comilonas pantagruélicas. Veamos qué banquete prepara su esposa, Elizabeth, para diez comensales un 26 de enero, solo porque sí: un plato de huesos con tuétano, una pierna de cordero, un lomo de ternera, un plato de pollo, tres gallinas y dos docenas de alondras, una gran empanada, una lengua de vaca, otro plato de gambas, y queso.
No es de extrañar que en la época medraran enfermedades como la gota o molestias como los cálculos renales y biliares por excesos proteicos.
En las páginas del librito desfilan las más peculiares viandas como sustento diario: gallinas y carpas estofadas, cabeza de jabalí de Winchcombe, callos cubiertos con mostaza, espinazo de ternera, gansos y cisnes asados, cercetas, empanadas de arenque o lamprea, entrañas de venado y carrilleras de salmón. En ocasiones, el diarista se purga de las intemperancias vomitando en la jofaina, mediante lavativas (padece estreñimiento) o con la abstinencia del vino. Pepys come, trabaja (un poco) en el Almirantazgo y magrea a alguna dama de la corte o criada, mientras se van encadenando como en sordina grandes sacudidas de la historia: la guerra contra Holanda, la epidemia de peste bubónica o el gran incendio de Londres de 1666. Una lectura para evadirse.
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