Entrevista

Xarim Aresté: "Haciendo música se me pasa el hambre"

  • El cantante y guitarrista de Flix, exmiembro de Very Pomelo y cómplice de artistas como Sopa de Cabra, Maika Makovski y Sanjosex, muestra su nuevo álbum, ‘Ses entranyes’, este sábado en el Auditori Barradas, de L’Hospitalet, dentro de Barnasants, arropado por su banda de cinco músicos

Xarim Aresté.

Xarim Aresté. / Ferran Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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El título del álbum, ‘Ses entranyes’, nos sugiere un contenido visceral. ¿Y ese artículo ‘salat’, tan propio del catalán de Baleares?

Es porque todos los miembros de la banda son mallorquines menos yo, y les he hecho un homenaje. El tema ‘Ses entranyes’ es antiguo: viene de la época de Very Pomelo. En la banda están Richard Sohn y Pep Garau, dos ‘pomelos’, con Tomeu Garcías, Joan Garcías y Enric Fuster. Esta vez tuve muy claro que quería ir al estudio con ellos y hacer algo que llevaba mucho tiempo deseando hacer: grabar un disco como quien hace una tortilla de patatas. La hacemos y nos la comemos allí mismo. Lo grabamos en un día y medio.

Aunque toca con dos ‘pomelos’, lo que hacen ahora es bastante distinto, más sereno y alejado de aquel punto de algarabía rumbera y rocanrolera.

Yo no siento que sea distinto. Entre las canciones que he descartado ahora hay algunas que son muy distintas, humorísticas, por ejemplo. Ha habido improvisación: yo me preparaba una lista de canciones e iba diciendo ‘ahora tocamos esta’, sabiendo que surgiría la magia, porque cuanto más espacio dejas para la creación, más sales ganando. Confío en el instinto. No había tiempo para pensar; la energía era muy potente, hubo cierto vértigo, y así salió el disco, más por el hígado que por la mente.

¿Y la temática de las canciones?

Solo hay una posible ahora mismo, y es que siento que estamos muy perdidos en el mundo que nos rodea. Nadie se quiere. Todo el mundo se desprecia incluso a sí mismo, y no sabemos a qué agarrarnos. Todo se derrumba porque la primera piedra no es lo suficientemente sólida, y la buscamos fuera, en la política, en los líderes. Yo estoy seguro de que esa autoridad está dentro. Fuera solo encontraremos el caos. Toda mi vida, la música me ha servido para eso, para localizar mi voz interna.

¿Quién es el “boig” que “baixa del tren cridant”?

El único que dice la verdad. Al loco no le da miedo respirar. Lo utilizo como alguien que dice lo que piensa o, mejor dicho, que dice lo que siente.

Hace unos años nos hablaba de las rupturas generacionales en la música como algo interesante, pero su camino sigue dentro de los márgenes de la gran tradición del rock y aledaños.

Yo me alegro de que la gente joven no quiera saber nada de nosotros.

Si el reguetón, el trap o el drill ofenden a los viejos rockeros, será que hacen bien.

Exactamente, el rock’n’roll era eso, y el jazz, y Beethoven, y Mozart. Todo el rato. Pero yo en este disco he intentado desnudar mi música. En otro momento hice una búsqueda más mental, queriendo romper con algo, pero aquí no he tenido ninguna intención. Solo desnudar. Es lo que hago, de forma natural. Podría hacer muchas cosas si quisiera: tocar una bulería o electrónica, pero al final, llamas a los amigos y, aunque podríamos quedar para cenar sushi, lo más común es que compremos unas pizzas o hagamos una tortilla de patatas.

Las músicas verbeneras son las que arrasan en la escena catalana, a partir de las fiestas mayores. ¿Le hace sentirse desubicado?

Eso explica cómo somos, que solo vamos a un concierto cuando hay fiesta mayor, y si es gratuito, a poder ser. En muchos pueblos no se consume música de otra manera. Y es imposible sobrevivir fuera de ese escenario. Yo confío en la providencia. A veces me dicen que soy muy productivo, pero me doy cuenta de que haciendo música se me pasa el hambre, porque a veces no tengo para comer, y en lugar de comer, hago un disco. Mi sistema hace ‘blup’, y puedo aguantar. Cuando llevas un par de días así, llegas a ese estadio: te olvidas del tiempo y de que tienes un cuerpo.

Vivir de la música cuesta, pero vivir de la música propia es heroico. Usted llegó a ser un pluriempleado de muchas bandas.

Hubo un momento en que todo coincidió y estaba en cinco o seis bandas: Sanjosex, Pantanito, Carles Mestre y la Sinfónica de Gavà, Maika Makovski, Sopa de Cabra… Y Very Pomelo. Todo eso se hizo y se deshizo solo. Me he ido dedicando más a lo mío, pero no descarto volver a juntarme con otros músicos. De hecho, hace poco hice un vinilo con Fenomen Orkesta Calanda. Estamos intentando encontrar conciertos, pero uno del grupo vive en el País Vasco y es difícil.

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Ahora muchos músicos hacen colaboraciones en la radio, secciones o programas.

Eso me interesa relativamente. Sí que estoy pintando, y he escrito una novela que saldrá en septiembre. No puedo decir mucho todavía, aún estoy tocando detalles. Pero seguramente tengo más futuro con la literatura que con la música. La literatura sí que es una industria de verdad. La música no lo es.