Debut en Barcelona

David Wampach une danza, materia y pintura en el Mercat

  • El coreógrafo francés se presenta por primera vez en la capital catalana con dos piezas: 'Berézina', para seis bailarines, y 'Endo', una revisión del 'body art' y el 'action painting' donde baila junto a Tamar Shelef

David Wampach en un momento de ’Endo’.

David Wampach en un momento de ’Endo’. / DAVID WAMPACH

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Marta Cervera
Marta Cervera

Periodista

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El cuerpo como objeto artístico y la historia de la danza son recurrentes en el trabajo del coreógrafo y bailarín David Wampach (Alès, Francia, 1978) que debuta en Barcelona con un programa doble que reúne su pasión por la danza, el teatro y las artes plásticas. De jueves y hasta el domingo se presenta en el Mercat de les Flors por primera vez con dos obras diferentes pero conectadas entre sí. Los días 3 y 4 ofrece 'Berézina', una pieza para seis intérpretes, una de sus últimas creaciones. Los dos días siguientes, el 5 y 6, él mismo subirá a escena con su fiel colaboradora Tamar Shelef para interpretar 'Endo', donde ambos acaban embadurnados de pintura, convertidos en auténticos pinceles sobre un lienzo y pared blancos. Materia, pintura y cuerpos desnudos son el material en una pieza donde explora el 'body art', la performance y el 'action painting', disciplinas innovadoras a finales de los años 60. Se inspira tanto en el endotismo, movimiento inverso al exotismo que siguieron pintores como Francis Bacon y Pablo Picasso, como en Japón, en particular en el polifacético Shūji Terayama (1935-1983). "Está llena de referencias a artistas de generaciones y países diferentes que lanzaban su cuerpo a la batalla".

Trazos y huellas

La obra resalta la huella que deja la danza, ese rastro que pasa de unos a otros. "Viendo a Shelef, por ejemplo, podemos apreciar el rastro del ballet clásico, pero también Preljocaj y de Pina Bausch", comenta el coreógrafo cuya visión de la danza conecta con la de Aina Alegre, que estos días también ha estado actuando en el Mercat. 'Endo' conecta además con la particular revisión de la historia de la danza y sobre las influencias del ballet en la danza contemporánea que Wampach desarrolló en 'Cassette' (2011), centrada en 'El cascanueces' y 'Sacre' (2013), basado en 'La consagración de la primavera'.

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'Berézina', nombre de una desastrosa batalla de Napoleón frente a las tropas rusas, habla del fracaso como punto de partida para cambiar y mejorar. Los intérpretes bailan ante un espejo, auténtico campo de batalla del bailarín. "Si en 'Endo' construimos un fresco, en aquí pinto el espacio utilizando el cuerpo pero centrándome en la cara. La materia y la pintura sirven para crear máscaras".

A pesar de estar todo el rato en escena, los seis bailarines nunca bailan juntos. La obra se estructura como una sucesión de solos. "Hay una especie de relevo entre ellos. Es una historia de transformación y de solidaridad".