Hasta el 6 de junio
Magritte, el arte que destruye la realidad, brilla en CaixaForum Barcelona
Una exposición, coorganizada por el Museo Thyssen, reúne 70 obras del atípico genio surrealista, maestro, como él mismo lo definía, del "arte de pensar"
René Magritte es un enigma sin solución, un maestro del "arte de pensar", como él mismo lo definía, un surrealista atípico. Un artista capaz de sistematizar el delirio para convertirlo en una forma de creación lógica, y transformar dicho caos organizado en su innovador método de trabajo. La producción a partir de la más pura repetición de sus elementos predilectos. ‘La máquina Magritte’. Bajo este mismo nombre se inaugura en CaixaForum Barcelona, tras su exitoso paso por el Museo Thyssen de Madrid, una exposición de casi 70 obras del genio precursor del arte conceptual, entre ellas 'La cascada', 'La alta sociedad', 'Tentativa de lo imposible', 'Delirios de grandeza' o el cuadro 'El sentido de las realidades', exclusivo de la muestra en la capital catalana.

La exposición sobre Magritte, en CaixaForum. / CAIXAFORUM
Los cuadros de Magritte, con un imaginario que va más allá de sus manzanas, pipas u hombres de espaldas con sombrero de hongo, vuelven a la ciudad por primera vez en 20 años. Lienzos que provienen de coleccionistas privados de todas las partes del mundo y que se reencuentran para una muestra que se podrá disfrutar hasta el 6 de junio. Se trata de un recorrido a través de la laberíntica mente del pintor y su desconcertante universo psicológico. Una exhibición basada en la interpretación didáctica y temática de sus producciones, y donde nada es lo que parece. Porque para Magritte la pintura pierde sentido cuando se limita a reproducir nuestro entorno. El cuadro desaparece, resulta inútil repetir aquello que uno mismo puede captar con los ojos. La paradoja es lo que dará sentido a la obra. El artista solo se hace visible cuando saca las cosas de quicio, mediante lo inesperado, lo increíble, lo singular.

La exposición sobre Magritte, en CaixaForum. / CAIXAFORUM
Pintor rebelde
A su abstracta creación pictórica se le añade además la contradicción de la palabra. Mensajes que se oponen a lo que la imagen demuestra y que terminan generando una auténtica contradicción poética. El clásico ‘Esto no es una pipa’ (que el museo de Los Ángeles que lo guarda no ha prestado para la muestra), que acompaña a una ilustración de la misma. Una separación entre el objeto y su representación. "Magritte rompe con todo lo que tenga que ver con la pintura tradicional, incluso la odia. La profana deliberadamente. Es conscientemente antipictórico", explica Guillermo Solana, comisario y director artístico del Museo Thyssen-Bornemisza.
Por eso mismo Magritte transgrede en tantos aspectos contra los principios del 'buen artista'. Es capaz incluso de trazar con precisión, en 'El principio del placer', la silueta de un personaje del que luego no permite ver el rostro, porque un gran destello de luz o un objeto descontextualizado se interpone entre el espectador y las facciones del protagonista, negando así el conocimiento de su identidad a pesar de que esta sea precisamente una de las partes cruciales del arte como históricamente se concibe.

La exposición sobre Magritte, en CaixaForum. / CAIXAFORUM
O, como en la gran manzana que aparece en 'La habitación de escucha', opta por representar un objeto agigantado, o levitando (como los dos hombres de 'El arte de la conversación'), mimetizado con el entorno… contradicciones con la realidad propias del artista más rebelde, que supera incluso los límites del surrealismo definido por las escuelas de París o Bruselas, de las que rápidamente se desvinculó al no encajar en sus estrictos paradigmas. Corrientes demasiado serias como para encajar con el conceptualismo propio de Magritte, que defendía métodos más liberales, rompedores e incluso divertidos. Por este motivo demuestra muchas más similitudes con artistas como Joan Miró, con quien compartió estilos parecidos alrededor de los años 20 y 30.
Un arte muy propio
Sin embargo, más allá de su papel como negacionista de la realidad visual, y la rebeldía de sus cuadros, sorprende mucho en Magritte su excepcional técnica. Son muy famosos sus "collages pintados" a mano (como 'La alta sociedad'), un término que no agradaba al propio pintor, pero que resulta muy adecuado para definir la precisión con la que era capaz de simular los efectos de la superposición de texturas, objetos y fondos. Una predilección por la combinación de distintas dimensiones procedente de su obsesión por el concepto del vacío y de la ausencia, algo que le acompañaría toda la vida.
El concepto de cuadro como ventana, como representación fiel de la realidad, es una comparación que Magritte odiaba y que procuró destruir en tantas de sus obras. El trabajo de un artista revolucionario que resultó demasiado rebelde incluso para otros referentes surrealistas.
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