Festival de Berlín

Carla Simón: "Reivindicar la familia es para mí una necesidad emocional"

La directora Carla Simón.

La directora Carla Simón. / EFE / SASCHA STEINBACH

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Nando Salvà

Incluso teniendo en cuenta la explosión de talento que Carla Simón ofreció con ‘Estiu 1993’, su segunda película, ‘Alcarràs’, resulta asombrosa y apabullante. Retrato de una familia de agricultores obligada a renunciar a la tierra que ha estado trabajando durante décadas, exhibe no solo varias de las virtudes ya detectadas en aquel debut -la precisa difuminación de la línea que separa lo real de lo ficticio, la avasalladora sensibilidad a la hora de retratar a la infancia- sino también otras muchas que a la directora barcelonesa no se le conocían hasta ahora, como el manejo habilísimo de actores no profesionales, la capacidad para la reflexión sociopolítica y el uso experto del mundo natural como fuente de emotividad.

A la hora de afrontar ‘Alcarràs’, ¿cuánta presión ejercieron sobre usted las expectativas generadas por el éxito de ‘Estiu 1993’?

Afortunadamente, muy poca. Tras ‘Estiu 1993’ decidí que quería era hacer una película muy distinta, que no diera pie a comparaciones y que, sobre todo, encarnara retos nuevos para mí y me obligara a aprender. Seguramente es una película más difícil para el público, pero sentí que era necesario no ir a lo fácil y, en lugar de eso, tomármela como un paso adelante en mi proceso de maduración artística.

Aunque no es tan autobiográfica como ‘Estiu 1993’, ‘Alcarrás’ se inspira en una realidad que a usted la toca muy de cerca. ¿No le genera cierto pudor poner tanto de su vida personal en su cine?

No soy una persona pudorosa. Más que la mía propia, me importa proteger la intimidad de mi gente. Como la que protagoniza la película, mi familia cultiva melocotoneros en Alcarràs, y se encuentra en una encrucijada a causa de los nuevos modelos económicos que se imponen en la agricultura, pero ahí acaban las similitudes entre ambas. En cualquier caso, al rodar ‘Estiu 1993’ decubrí que, por muy personal que te resulte aquello de lo que estás hablando, el mero hecho de convertirlo en una película hace que te distancies de ello y por tanto elimina el pudor.

‘Alcarràs’ habla de una familia que permanece fuerte a pesar de los conflictos que surgen en su seno. Y da la sensación de que, en el momento que vivimos, reivindicar la unidad familiar es un acto casi político.

Puede, pero para mí defender la familia no es una forma de posicionamiento político sino que responde a una pulsión emocional. Sobre todo ahora, en tiempos de pandemia, sentía una necesidad enorme de hablar de ese tipo de vínculos, y de mostrarlos de una forma muy vívida y táctil. ¿Significa eso que ‘Alcarràs’ es controvertida? No me importa. Supongo que podría hablarse en términos parecidos del tratamiento que la película hace de la cuestión de género. Da la sensación de que, actualmente, una historia contada por alguien como yo debería estar protagonizada por una mujer empoderada e incluir un mensaje feminista. Pero, en el mundo que ‘Alcarràs’ retrata, los roles de género son más tradicionales. Pretender lo contrario habría sido una traición.

Además de hablar de una familia en crisis, ‘Alcarràs’ tiene una dimensión política y social muy marcada. Y lo más llamativo es que, pese a que la realidad que retrata es muy amarga, se trata de una película propositiva y hasta luminosa.

Cuando haces cine desde dentro, tus películas se parecen a ti. Y yo soy una optimista empedernida. Pero creo que la película no es ilusa; para sus personajes no hay esperanza. La agricultura familiar es el oficio más antiguo de la historia, y en la actualidad no queda sitio para él. Ya no es un trabajo digno. Y eso es lamentable también desde un punto de vista de respeto a la tierra. Está claro que una gran empresa no tendrá tanto amor al terreno como la familia que la ha estado trabajando a lo largo de generaciones.

Carla Simón, durante el rodaje de 'Alcarràs'.

/ Lluís Tudela

Una de las grandes virtudes de su película es, precisamente, la precisión con la que captura ese amor...

El reto fue trasmitir esa emotividad sin caer en la idealización. Los agricultores de Alcarràs aman la tierra, pero para ellos trabajarla no tiene nada de poético. El terreno es árido, el calor es insoportable, les hace sudar y llorar. Es un infierno. Para mí, caer en el preciosismo era inadmisible.

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En los últimos cinco años, usted se ha convertido en algo parecido a la punta de lanza de una nueva generación de cineastas. ¿Qué opina al respecto?

A decir verdad, no me siento cómoda en el rol . Es muy posible que yo ni siquiera me hubiera dedicado al cine de no haber visto ‘Tres días con la familia’ (2009), de Mar Coll. Siento que ella sí es inspiración esencial de las directoras españolas que hemos surgido en los últimos años.