AUTENTICIDAD E IDENTIDAD

Costa Rica: Pura artesanía tradicional

Algunas de las creaciones más importantes son las de las carretas decoradas, las mascaradas, la cerámica chorotega y las máscaras de los borucas.

Mascarada en Puntarenas.

Mascarada en Puntarenas.

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Costa Rica es uno de los destinos de vacaciones mejor valorados por los viajeros, sus magníficos paisajes, playas y entornos prácticamente vírgenes no son, sin embargo, los únicos atractivos del país.

La artesanía es otro de los grandes exponentes de la identidad costarricense. En algunos casos, los motivos, materiales y significado de las piezas, hunden sus raíces en culturas precolombinas. Para proteger esta tradición nació el sello Costa Rica Artesanal, promovido por el gobierno y el Instituto Costarricense de Turismo que protege la autenticidad en la creación de los diferentes productos. Se trata de un instrumento que garantiza al consumidor nacional y extranjero la posibilidad de adquirir artesanía costarricense, con características de identidad, calidad, buen diseño y adecuadas prácticas ambientales.

Carretas decoradas

Carreta decorada.

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En los años en que las únicas conexiones que había entre el Valle Central y la costa del Pacífico eran duros y complicados caminos, las carretas de tracción por bueyes fueron el medio de transporte empleado para sacar el café hasta el puerto de Puntarenas, desde donde embarcaba con destino a países de todo el mundo. Las carretas también se utilizaban en la vida diaria de los ticos y en los grandes eventos, como la celebración de bodas, bautizos y entierros, cuando transportaban a toda la familia. A principios del siglo XX, se empezaron a decorar con vistosas pinturas, con patrones, motivos y colores que estaban identificados con la región de la que provenían los boyeros. La tradición del boyeo y del pintado de las carretas está en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Unesco. 

Mascaradas, la magia del color

Máscaras.

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Los pueblos indígenas utilizaron las máscaras con diversos propósitos: ritos fúnebres, fiestas o chamanismo, entre otros. Sus diseños solían tener rasgos animales y grotescos. En el aspecto festivo, su uso más conocido fue el que hacía la comunidad boruca durante el Baile de Diablitos, celebración que representa la lucha indígena frente a los conquistadores españoles.

La primera mascarada, tal como la conocemos actualmente, nace en Cartago en el año 1824. Uno de los artesanos más reconocidos hoy es Tony Aguilar Solís, autor de personajes como la Llorona y el Torito y quien cuenta que desde carajillo (niño) le gustó la música y le llamaba la atención la artesanía. Cuando entró en la cimarrona de su pueblo tenía que pedir prestadas o alquilar las mascaradas, pero no estaban en buen estado y tuvo claro que tenía que hacer las suyas propias, no por dinero sino para aportar cultura y tradición a la comunidad donde vive, en Ciudad Colón. En el fresco patio de su casa, a la sombra de árboles frutales, ofrece un espectáculo de mascaradas con cimarrona y almuerzo típico. 

En una muestra evidente de la voluntad de los costarricenses por recuperar y fortalecer sus tradiciones, el Ministerio de Cultura y Juventud decretó en 1997 que el 31 de octubre sería el Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense. Ese día, las calles se llenan de esa especie de cabezudos, mezcla del colonialismo español y de los rituales indígenas, que representan a personajes conocidos, protagonistas de leyendas, e incluso a la muerte y al diablo. 

En los desfiles de mascaradas se baila al son de las cimarronas, una clase de orquesta tradicional de los pueblos de cuyas composiciones han nacido ritmos tan populares en el país como la danza, la contradanza, las parranderas, el pasillo o el tambito.

Cerámica chorotega de influencia indígena

Cerámica de Costa Rica.

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Los chorotegas fueron el grupo indígena mayoritario en Costa Rica. Su territorio abarcaba principalmente la zona conocida como Gran Nicoya, ubicada al sur de la actual ciudad de Nicoya. Al ser un lugar de paso, estas tribus recibieron influencias en doble dirección, tanto de las civilizaciones precolombinas asentadas al norte, en Centroamérica y México, como de las de Sudamérica. Hoy en día quedan pocos indígenas chorotegas en el país, concentrados alrededor de Matambú. Su lengua se ha declarado extinta, pero no así la tradición artística de la cerámica que sigue muy viva gracias al empeño de diversas personas y asociaciones. En las localidades cercanas a Nicoya podemos ver tornos donde elaboran cuencos, platos, jarras y algunos recipientes con forma de animal. El material que utilizan es una mezcla de arcilla de las montañas de la zona y arena de río. 

La cerámica se decora pintándola de rojo, ocre y negro, colores que surgen de materiales como el manganeso, el zinc y el óxido de hierro. Los motivos ornamentales suelen estar inspirados en la extraordinaria naturaleza del país y dibujan en las piezas jaguares, serpientes, monos y cocodrilos, igual que lo habían hecho sus antepasados. En San Vicente de Nicoya se puede visitar un ecomuseo de las artes y de la cultura chorotegas que está gestionado por la propia comunidad.

Las sorprendentes máscaras borucas

Aunque en la actualidad la población de los borucas se ha reducido de manera notable, hubo un tiempo en que ocuparon todo el extremo sur de Costa Rica. Las pequeñas localidades y poblados que todavía quedan son la salvaguarda de una importante tradición artesana, la de las máscaras hechas con madera de balsa

Juego de los Diablitos.

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El origen se halla en su uso en los desfiles del Juego de Diablitos, celebración que representa la lucha indígena contra los conquistadores españoles. Antiguamente, las máscaras eran unas piezas bastante básicas que se pintaban con pigmentos naturales: con el achote conseguían los tonos rojizos y anaranjados, con la yuca el ocre y con el carbón las tonalidades del gris al negro. 

Solían representar rostros de diablos pero los diseños se han ido sofisticando y con el turismo llegaron máscaras de vivos colores que representan motivos animales como tucanes, jaguares, colibríes, serpientes o monos, entre otros. En el Museo Nacional, en San José, hay una buena muestra de estas máscaras, tanto de los diseños más primitivos como de las coloridas creaciones actuales. 

Los boruca también trabajan la artesanía del hilado de prendas en telares y de la elaboración de tambores de madera. 

Mas información:

www.visitcostarica.com/es

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