Rumbo a Eurovisión

Sanremo: el colosal espectáculo en el que se mira (con envidia) el Benidorm Fest

Mahmood y Blanco, en una de sus actuaciones en Sanremo.

Mahmood y Blanco, en una de sus actuaciones en Sanremo. / EFE / Riccardo Antimiani

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Beatriz Martínez
Beatriz Martínez

Periodista

Especialista en cultura y cine

Escribe desde Madrid

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El año pasado, tras el triunfo del grupo italiano Måneskin en Eurovisión y la derrota aplastante de Blas Cantó (quedó el penúltimo), nos preguntábamos: ¿cómo es posible que ni siquiera los eurofans autóctonos vayan con España?, ¿por qué la delegación española no es capaz de reinventarse y llevar a un candidato que conecte con el público? Los ojos estaban puestos en el Festival de Sanremo, ya que de ahí habían surgido los vencedores de la gala. ¿Por qué no copiar la fórmula? Al fin y al cabo, ya lo habíamos hecho cuando en 1959 apareció el Festival Español de la Canción de Benidorm. Además, desde su regreso a Eurovisión en 2011, vía Sanremo, Italia ha conquistado dos segundos puestos (2011 y 2019) y una tercera posición (2015), amén del citado triunfo.

El Benidorm Fest llegó con un aura renovada, más moderna, dejando atrás la caspa que le había caracterizado en su última época y con la intención de integrar a la audiencia en los procesos de selección de la canción representante, dada la opacidad que el proceso había tenido en los últimos años. El 'invento' fue recibido con entusiasmo y con las polémicas que merecía una ocasión así, pero eso es otra historia que ya todo el mundo sabe tras convertirse prácticamente la primera edición en una cuestión de Estado. 

Como punto de partida la iniciativa resulta acertada, aunque al Benidorm Fest le quede un buen camino para alcanzar su identidad y perfilar y corregir todos esos flecos que han sido tan criticados, sobre todo si alguna vez pretende acercarse a la grandeza de su fuente de inspiración. Puede que consciente del plagio español, este año Sanremo parece haber sacado pecho (y toda su artillería pesada) para demostrar que ninguna imitación puede estar a la altura. Así lo demuestra el equilibrio perfecto entre 'brilli brilli' y discurso, entre espectáculo y reflexión de su propia historia para elevar a los altares el orgullo y el amor por la música de su país. Es algo a lo que nosotros en España no estamos acostumbrados, o no termina de salirnos del todo bien. 

Veteranos

En ese sentido, resulta significativo que ninguno de los artistas que se presentaron en el Benidorm Fest (quizá con la excepción de Azúcar Moreno) fueran veteranos. ¿Se atrevería alguien de la talla de Raphael a presentarse como lo ha hecho este año Gianni Morandi con 77 años? Una de las particularidades de Sanremo es que todos los grandes cantantes quieren participar, sin importar que tengan una carrera consolidada. Para ellos no es solo la oportunidad de ir a Eurovisión, que es la razón por la que se ha creado la versión española, sino que el propio certamen adquiere un sentido propio que tiene que ver con el respeto que se le profesa a nivel nacional. Algo así como la SuperBowld en Estados Unidos. 

Gianni Morandi, dándolo todo en Sanremo a los 77 años.

/ EFE / ETTORE FERRARI

Durante toda una semana Italia rinde tributo a su música. Lo hace en un formato de cinco noches, ‘seratas’, en las que se presenta a los artistas en competición. En la primera y la segunda se dividen los participantes, 12 un día y 12 el siguiente. En la tercera, suben al escenario los 25 aspirantes, mientras que, en la cuarta, normalmente cantaban su tema junto a alguna estrella invitada, algo que se ha modificado este año para interpretar el 'cover' de algún éxito, si es italiano y apela a la memoria colectiva, mejor. La última jornada, este sábado por la noche, fue la decisiva y culminó con un duelo a tres entre aquellos que habían conseguido una máxima puntuación a lo largo de toda la semana. Un formato mastodóntico (cada ‘serata’ dura alrededor de cinco horas) que además se encuentra amenizado por artistas invitados, números cómicos, unos presentadores entregados y la presencia omnipresente de una gran orquesta que acompaña cada uno de los números en directo, algo que dota a los temas de una dimensión diferente ya sean de música melódica o rap. 

Legado cultural

La tradición siempre se encuentra presente, siempre se pone de manifiesto el legado cultural a través de la mención explícita al mismo. Y también se intenta imbricar todo eso con la propia historia del país, aunque esta sea incómoda, como ha ocurrido este año cuando Roberto Saviano subió al escenario para hablar de los crímenes de la Cosa Nostra y homenajear a las víctimas a través del atentado del juez Falcone. 

Efectivamente, Sanremo es mucho más que un festival confeccionado para ir a Eurovisión. De hecho, los ganadores del certamen pueden renunciar a hacerlo. Y por encima de todo, es un festival de artistas. No se admiten los productos prefabricados. La mayoría de los participantes son autores de sus propias canciones y, solo en algunos casos, están compuestas por músicos de prestigio que las han escrito específicamente para ese cantante. 

De las pocas cosas que se han intentado trasladar de forma fiel al Benidorm Fest ha sido el sistema de votación de Sanremo. Y les ha salido mal. También hay televoto, un jurado de la prensa y un jurado demoscópico, solo que estos diferentes sistemas de votación tienen un peso distinto en cada noche, por ejemplo, en la tercera, el 100% de la puntuación procede del televoto. 

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Solo hace falta echar un vistazo a los tres artistas que ocuparon las tres primeras posiciones tras la final de la madrugada del domingo para sentir que existe todavía un abismo entre nuestras pugnas infantiles entre Tanxugueiras, Rigoberta Bandini y Chanel y la propuesta de Sanremo, en la que no se le intenta vender a nadie la moto. Ganaron Mahmood (que quedó segundo en Eurovisión hace dos años) junto a Blanco, con una balada épica en la que los dos hombres dinamitan las fronteras de la masculinidad a través de su sensibilidad; quedó segunda Elisa (vencedora de la edición de 2001) con su característica potencia expresiva vocal que deja sin palabras, y el ya mencionado Gianni Morandi quedó tercero con un tema de Lorenzo Jovanotti de lo más marchoso que podría ser himno inmediato.

Pero, además, ahí estuvieron defendiendo sus canciones otra mítica como Iva Zanicchi, que ya ha ganado el certamen en tres ocasiones, la primera en 1967, junto a nuevas divas como Noemi o Emma y grupos tan sugerentes como La Rappresentante di Lista con su ‘Ciao Ciao’.