Contracrónica

Final del Benidorm Fest: el duelo entre tetas y panderetas fue cuestión de caderas

Actuación de Chanel en la final del Benidorm Fest

Actuación de Chanel en la final del Benidorm Fest / RTVE

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Julián García
Julián García

Periodista

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Faltaban algo más de dos meses para que naciera Chanel Terrero cuando, el 4 de mayo de 1991, Sergio Dalma asaltaba los legendarios estudios Cinecittà de Roma con la abrasadora hiperbalada ‘Bailar pegados’. Aquella canción, encendida de pasión, "abrazados al compás, sin separar jamás, tu cuerpo de mi cuerpo", terminó en una formidable cuarta posición, hito eurovisivo solo mejorado desde entonces por la hoy olvidada Anabel Conde, segunda en 1995 con ‘Vuelve conmigo. Desde entonces, la calamidad y el vacío, el batacazo y el oprobio: de las últimas 16 ediciones del festival, el representante de RTVE en Eurovision ha quedado por detrás del puesto 20º en 12 ocasiones, incluida aquella última posición de Manel Navarro con la irrepetible sinfonía de gallos y memes ‘Do it for your lover’ en 2017.

Viene a cuento este breve viaje a las nubes del pasado para mirar con cierto rayo de luz al presente y al futuro, gracias a la rutilante Chanel y su canción ‘SloMo’, ese rotundo “ready pa romper cadera’, romper corazone’” que representará a España en Eurovisión el próximo 14 de mayo en Turín, y que eleva ya desde hoy mismo a la artista catalana de origen cubano a la categoría de nueva ‘reina del ventilador’, digna sucesora de iconos del rompe y rasga como Eleni Foureira o Helena Paparizou. Desafiando los pronósticos iniciales que aventuraban un duelo al sol (de Benidorm) entre ‘Ay mamá’, el himno sobre el cuerpo femenino de Rigoberta Bandini, y ‘Terra’, el telúrico llamamiento antifronteras de Tanxugueiras, la actriz y cantante de Olesa de Montserrat agitó las caderas más y mejor que nadie para conquistar, bajo desagradables acusaciones de tongo por el ciego apoyo que recibió del jurado profesional, el Benidorm Fest, de donde se llevó, además del Micrófono de Bronce destinado al ganador, el preciado billete para Turín, la ciudad italiana donde se celebrará la 66ª edición de Eurovisión.

Jurado entregado a Chanel

El duelo entre tetas y panderetas de Rigoberta y las Tanxu fue, al final, cuestión de caderas. El discutido jurado profesional, que en la primera semifinal puso en pie de guerra a la parroquia de Tanxugueiras al desairarlas y dejarlas fuera de las cuatro finalistas, ya había mostrado el primer día su predilección por la vibrante frescura latina de Chanel, y este sábado le repitió mimos al otorgarle 51 puntos por los 46 de Rigoberta Bandini y los precarios 30 de Tanxugueiras, que las alejaba de todo atisbo de gloria. Faltaba el voto del opaco jurado demoscópico, esas 350 personas elegidas por RTVE a modo de muestra del conjunto de la población española, y el televoto de toda la vida, pero, dado el desmesurado peso del jurado profesional, que suponía el 50% del voto, empezaba a dar la impresión de que la sorpresa estaba a punto de saltar: Eurovisión, sí, empezaba a oler a Chanel.

Las dos modalidades del voto popular se rindieron a Tanxugueiras, pero el abismo ya era demasiado grande y hubieron de conformarse con la tercera posición con 90 puntos, por detrás de Rigoberta Bandini, con 91, que finalmente no ganó en ninguno de los tres jurados y claudicó ante Chanel por solo cinco puntos de desventaja. Hubo gritos en el Palau Municipal d’Esports L’Illa de Benidorm en contra de la decisión, seguramente porque ’Ay mamá’ habría sido la mejor y más valiente canción enviada en eones por RTVE a Eurovisión, tanto por ese euforizante estribillo eurodance evocador de la gloriosa ‘Divine’ con la que Sébastien Tellier representó a Francia en 2008 como por los kilotones de potencia reivindicativa de su exaltación de la feminidad. O porque ‘Terra’, y su poderoso conjuro antifronteras a ritmo de pandereta, era una propuesta osadamente multicultural en tiempos de fúnebre uniformidad. El mejor modo posible, fuera una o fuera otra, de mostrar otra España en Europa.

Revolución (frustrada) de las mujeres

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La victoria de ‘SloMo’, impecable muestra de refrescante dembow, fue recibida por el público del plató con tristes gritos en su contra, aunque eran más bien por la dolorosa derrota de 'Ay mamá' y 'Terra'. Al mismo tiempo, las redes les empezar a llenarse de tags tipo #tongazo o #spainzeropoints. La desangelada aparición al final de Blas Cantó, último participante en Eurovisión y encargado de entregar el trofeo a la ganadora, quedó sepultada por los gritos de “Rigoberta, Rigoberta” y “Tanxugueiras, Tanxugueiras”. El público, como el país en general, se había polarizado en su apoyo a muerte Rigo y las Tanxu, iconos de una cierta revolución de las mujeres, y el triunfo de una propuesta llamativa pero inocua como la Chanel fue visto con desencanto, como una oportunidad perdida.

Más allá de toda la polémica, sin Rigoberta y las Tanxugueiras en danza, Chanel y su canción 'SloMo' serán la más efectiva propuesta que haya enviado RTVE a Eurovisión desde hace mucho tiempo, tan frívola en su subtexto como dotada de una poderosa vocación internacional y de un despararrante sentido del espectáculo, altamente profesional y bien trabajado en los laboratorios. "Te gusta todo lo que tengo. Te adulzo la cara en jugo de mango. Se te dispara cuando la prendo. Hasta el final, yo no me detengo". Cuidado Turín, que se viene Chanel.