Crítica de música

Pablo Milanés, ojos humedecidos en el Palau

El trovador cubano conmovió a sus seguidores con el delicado recital ‘Días de luz’, recorriendo canciones de todas sus épocas arropado por piano y violoncelo

Pablo Milanés, el miércoles, en el Palau de la Música.

Pablo Milanés, el miércoles, en el Palau de la Música. / Álvaro Monge

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Como si ya hubiera tenido suficiente con los efectos de su último manifiesto en las redes (el verano pasado, cuando apoyó las protestas en Cuba), Pablo Milanés volvió a Barcelona a cantar y punto, sin conceder entrevistas. Y a recorrer un repertorio sin alusiones políticas, en torno a los temas, al fin y al cabo, perennes en su obra: el amor, el paso del tiempo, la esperanza. Podrían echarse en falta piezas como ‘Yo pisaré las calles nuevamente’ (que hace tiempo no le oímos cantar), pero lo que nos dio este miércoles en el Palau (Festival Mil·lenni), fue sólido y profundo, sirviendo a la, quizá, última revolución, la de la delicadeza y la ternura.

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El enunciado de esta gira española, ‘Días de luz’, no alude a obra nueva alguna, sino que es su nueva manera de envolver un cancionero mayor que comenzó a andar con sensualidad entre las sábanas perfumadas de ‘Comienzo y final de una verde mañana’, pieza de 1984. Por suerte, los formatos de sintetizadores ‘new age’ que le acompañaron en giras pasadas ya son historia, y al igual que en su visita de 2018, Milanés operó con sobrio clasicismo, entendiéndose con el contrabajo de Cari Varona y el piano, esta vez, a cargo de Miguel Núñez. Músico este con el que firmó el álbum ‘Flores del futuro’ (2016), del que sonaron un par de temas, el que le da título y ‘Cuando tú no estás’ (que dedicó a su esposa, la gallega Nancy Pérez).

La “máxima expresión”

En torno a ese triángulo virtuoso fluyó un repertorio hijo del cruce de influjos contrastados, el ‘filin’ cubano por un lado, cierto clasicismo romántico europeo y el poso irrenunciable de la raíz popular: el son cubano como “máxima expresión musical” de su país, recordó, apreciable en ‘De qué callada manera’ y ‘En saco roto’, esta con vistas al oriente insular. Milanés conserva el tono vocal en estado de gracia, y su tramo final, apuntando a los clásicos, resultó letal en su poderío conmovedor: ‘Años’, ‘Ya ves’, ‘Amor’, ‘Para vivir’ y esa ‘Yolanda’ amada “eternamente”, para degustar con los ojos humedecidos.