Crítica de música

Roger Mas, el cantautor del milagro en Barnasants

El trovador de Solsona lució sus artes en la presentación de ‘Totes les flors’, álbum con el que conmemora sus 25 años de carrera

Roger Mas y Quico Pi de la Serra, en el Auditori.

Roger Mas y Quico Pi de la Serra, en el Auditori. / Ferrán Sendra

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Disco a disco, y ya van once entregas, Roger Mas ha dejado su impronta revitalizadora en un género de tan honda tradición en el imaginario catalán como es la canción de autor, conjugando mística e ironía, un don por la tonada diáfana y cierta trascendencia sensorial con vistas al otro lado del espejo. Ahora que de casi todo hace, por lo menos, 25 años, ya no debe sorprender que el trovador de Solsona conmemore precisamente cinco lustros en el oficio y que lo haga sin autocomplacencia: ahí está ese nuevo disco, ‘Totes les flors’, que recorrió por completo este domingo en el Auditori (sala 2), enmarcado en el primer fin de semana de Barnasants.

Fue un recital de condensación de sus cualidades aun sin recurrir al repertorio de clásicos, porque ‘Totes les flors’ tiene algo de antología, con canciones de estreno, pero expresando un amplio repertorio de modos expresivos: la engañosa volatilidad del tema titular (la niña que esparce las flores y la que las pisotea con deleite) y el recogimiento espiritual de ‘Tu vols àngels xisclant’; la rumbera y traviesa ‘Amb la polla i amb l’ou’, consagrada a Carme Ruscalleda, y el homenaje al “geni creador”, con toque de mariachi, de ‘Des del pont de la ciència”. En ‘Mort, qui t’ha mort’, jocosa ella, nos vino a decir que no es el poder quien quiere atontar al pueblo con pan y circo, sino que es este quien lo reclama, y en ‘Si us blau’ reflotó un blues que tenía atascado desde hace años con los punteos de guitarra de un docto invitado, Quico Pi de la Serra.

Cancionero encantado

Voz en su punto de severidad con doble fondo, en un diálogo muy fluido con sus cómplices, los de largo recorrido (el pianista Xavier Guitó y el bajista y contrabajista Arcadi Marcet) y esa arma secreta llamada Míriam Encinas Laffitte, envolviendo las canciones en especias indias (el dilruba) y aplicando flautas y percusiones. Con ellos desplegó Roger Mas su cancionero iluminado por un encantamiento forestal, de hondas raíces, como en los rescates de ‘Les tres germanes’ (una de las cuatro citas a ‘La casa d’enlloc’, 2010, álbum que dedicó al recientemente desaparecido Ramon Muntaner), ‘El rei dels verns’ o la tradicional inglesa ‘Jordi’.

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Mas pasó por alto su álbum más pop (‘Mística domèstica’, 2005, producción de Raül Refree), así como el más metafísico (‘Les cançons tel·lúriques’, 2008), pero hubo guiños al 25º aniversario de carrera con piezas lejanas como ‘I la pluja es va assecar…’ (que en su día grabó con el coro de los maestros Sisa y Pau Riba) y ‘Volant’, que resurgieron con toda su fuerza ultramontana. Composiciones con las que nos recordó que lo suyo, esa obstinada trayectoria de trovador en tiempos inciertos, no deja de ser un prodigio y un regalo, porque, como deslizó en ‘Le chansonnier miraculeux’, el cantautor te toca y la canción te cura.