Entrevista

Aurora Beltrán de Tahúres Zurdos, la gran rockera de los 90: "A muchos tíos del rock de mi quinta les podría mear en la puta cara"

Su banda volvió a juntarse en 2019 para regresar a los escenarios, pero la pandemia lo paró todo y siguen a la espera de retomar el proyecto

Aurora Beltrán de Tahúres Zurdos, la gran rockera de los 90: "A muchos tíos del rock de mi quinta les podría mear en la puta cara"
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Carlos H. Vázquez

A la hora de hacer la entrevista, Aurora Beltrán (Pamplona, 1964) tiene en el horno unos pimientos verdes que ha untado con una micra de aceite de oliva. Dice que quedan mejor así que fritos y que es más fácil pelarlos. Es casi la hora de cenar. Aurora cacharrea en la cocina, comparte recetas, da consejos culinarios. Es importante cuidar del producto al asarlo. Lamenta la vocalista de Tahúres Zurdos la falta de un artilugio que permita olisquear en la distancia, al otro lado del teléfono, los aromas de la verdura cocinándose.

Tahúres Zurdos anunciaban su regreso y una gira de reunión. A pesar del estreno, el grupo hubo de guardar los mapas con apenas unos shows celebrados debido al Covid. No habría más conciertos hasta nueva orden. Esto ha dejado sin “curro” a Aurora Beltrán, que depende de la subida o de la bajada de la incidencia de la infección en Navarra. Allí vive con sus gatos (Sasa, Rayito y Ulises), en un pueblito del valle de Juslapeña llamado Usi, a unos catorce kilómetros de Pamplona.

A Aurora no le hace falta nada más. Bueno, eso y tocar. Se las apaña. Espera (y tiene ganas) de grabar un nuevo álbum con Tahúres Zurdos. Mientras llega el día, compone con la guitarra acústica al calor de la lumbre. Aunque hay nieve en el tejado, el fuego sigue encendido. Y deja claro que "de salud me encuentro bien, también de la mental. Se puede estar mejor, pero también peor". Como diría la letra de Invicta: debilitada quizás, pero jamás vencida.

Estos temas que está componiendo, ¿los va a grabar o ya no necesita sacar discos?

Aunque se van alargando los tiempos de la gente que graba trabajos enteros, cuando te llaman para tocar siempre te preguntan si tienes disco nuevo. Hoy, la gente está optando por grabar una canción y colgarla. Yo soy una analfabeta con el tema de las plataformas y me autoproduzco, no tengo medios prácticamente. Pero me gustaría mucho volver a grabar con Tahúres Zurdos un disco nuevo. Lo que pasa es que nosotros no tenemos ofertas discográficas y lo más socorrido es la autopromoción, pero para eso hay que tener medios y yo realmente ahora mismo tengo muy poquitos, aparte de poco trabajo. También surgen movidas, como que se te rompa el coche o la lavadora, pero soy muy apañada.

¿Cuánto tiempo lleva autoeditándose?

Desde el directo de los diecisiete años de Tahúres Zurdos. A partir de entonces todos los discos son autoeditados: el de Tahúres y los míos en solitario: Clases de baileMuseo púrpura y Usiana, cuatro discos. Han pasado casi veinte años y entre cada uno hay un periodo como de cinco años de media.

¿Qué le compensa más: sacar una canción de vez en cuando o un disco entero?

Ahora mismo, lo de sacar una canción de vez en cuando mola, te pone en el mapa. Pero aunque saques un disco, si no te ponen en radios y no te hacen mucho caso, ya sabes lo que pasa. Por mucho que me pese y me joda decir eso, al final es algo que no puedes controlar tú; siempre habrá alguien por encima que controle la historia, independientemente de que seas guapo o feo, bueno o malo... Es igual. Hay alguien que mueve los hilos y eso se llama industria. Si te quieren sacar, tienen que poner pasta. De lo que me sirve esto es para poder seguir haciendo bolillos. Lo que me importa es que surja la posibilidad de hacer directos, que es de lo que realmente vivimos ahora, a no ser que seas como Omar Montes, que por lo visto lo escuchan millones de personas.

Cuando Tahúres Zurdos se reúnen y anuncian gira, llega la pandemia.

Sí. Empezaron a salir cositas a raíz de haber llenado con el primer bolo de una manera muy rudimentaria, porque realmente se planificó con un par de semanas de antelación y se hizo en el puente de agosto. Por lo visto aquello atrajo la atención de los promotores. Les dio morbo y empezaron a llamar. Comenzábamos a trabajar muy bien, pero con la llegada de la pandemia se cortó el rollo.

¿Era morbo o nostalgia por lo que les contrataban?

Los promotores contratan por pasta. Hombre, yo conozco a alguno que tiene nostalgia y le queda un poquito de pureza dentro, pero es que esto es un negocio y entran muchos sentimientos. No conozco a ningún promotor que se arriesgue a hacer un concierto perdiendo dinero, cosa que me parece lógica también.

Entonces, ¿por qué razón han vuelto a juntarse Tahúres Zurdos?

Por una razón muy peregrina. Nosotros no teníamos en mente juntarnos, lo hicimos porque empezaron a llamarnos. Tocamos en realidad para hacerle un regalo a nuestro manager de toda la vida, que se casaba. Íbamos a tocar igualmente a un chiringuito de boda o a cualquier lado. Lo que pasa es que al Punki [Luis Cárdenas] le dio una úlcera más y pensó que se podía hacer algo chulo y que fuera útil. Entonces alquiló una sala y nos preguntó si nos parecía bien que la recaudación fuera para una buena causa. Todo el mundo trabajó gratis y el dinero fue para la fundación contra el Síndrome de Dravet. Con el boca a boca y un par de cuñas en Rock FM, Tahúres lo iban a petar llenando la sala con mil personas. En todos los bolos menos en uno se agotaron las entradas. Es verdad que los aforos no eran muy grandes, pero si la pandemia no hubiera llegado ahora estaríamos trabajando regularmente.

Los beneficios del concierto se destinaron a una buena causa. No sé si se puede decir que volvieron por el dinero exactamente...

Hombre... El dinero es importante, también hay que vivir. Hay una edad en la tienes un poco la vida resuelta. En mi caso, sigo viviendo de la música y con mis acústicos me llega. Juanma [Ugarte] tenía su trabajo, Lolo [Beltrán], Puntxes [Javier Lizarazu]... No era como cuando éramos jóvenes, que teníamos que estar entre dos aguas: un trabajo convencional y la música, que no era nada convencional y sí muy irregular y hubo que tomar una decisión. El dinero siempre viene bien. Es un placer tocar con mis compañeros y que el primer día que nos juntamos fuera todo tan fluido después de quince años. Fue espectacular. Como diría [Quentin] Tarantino, nos comíamos las pollas.

Aquel directo de los diecisiete años fue un trabajo que se tuvo que “currar” sola. Aparte, la relación en el grupo no era buena, sobre todo con su hermano Lolo.

Siempre te separas por un motivo. Aquí había varios y uno era musical. Son muchos años juntos rodando... A mí me gusta quedarme con lo bueno de la película, pero cada uno se fue por su lado y yo seguí tocando. No me puedo quejar tampoco, aunque no haya sido una cosa increíble. Por desgracia, desde hace un tiempo, me he dado cuenta de que ya no importa mucho si tocas o si cantas bien. Es el pan de cada día y un lastre que tienes encima, pero no se pueden llevar lastres; la mochila hay que quitársela y que salga el sol por Antequera. Cada uno defiende lo que tiene y yo he defendido lo que tenía. Entre nosotros ahora no hay resquemor de ningún tipo, todo lo contrario. También te vas haciendo mayor y empiezas a darle menos importancia a cosas que antes sí la tenían. Hay unión, pero falta trabajo.

Desde hace un tiempo, me he dado cuenta de que ya no importa mucho si tocas o si cantas bien"

Y estaría bien que saliera un disco, ¿no?

Efectivamente, me gustaría. Ahora estoy componiendo, son cosas que te pide el cuerpo. Hay días que te pones y a lo mejor no salen muchas cosas, pero otras veces sin querer te salen. Escribir y componer es simplemente juntar lo que tienes y luego unir el material al de tus compañeros. Pero con mucha paciencia y muy conscientes de todo lo que está aconteciendo y de dónde estamos y quiénes somos y los referentes o no que podemos ser en esos momentos.

Cuando ha dicho que parece que ya no hace falta tocar y cantar bien, he pensando en la meritocracia y en esto que dijo Lichis: “El sistema nos está diciendo que ha creado algo tan perfecto en el que si tú trabajas de la manera adecuada y te esfuerzas, lo lograrás porque hay igualdad de oportunidades. Pero no la hay”.

Es muy gracioso esto que me estás contando. Me río por no llorar. Hay un momento en el que te das cuenta que, esto de cantar bien, para qué. Reciclarte e intentar tener una identidad y tocar y componer bien... ¿Para qué? Tengo que confesar que estoy muy perdidica; a mis cincuenta y siete años pienso que mi manera de funcionar era de otra manera.

Antes, en el rock, ¿la menospreciaban por ser mujer?

¡Y ahora! Tú conoces a muchos tíos que están en el rock actualmente –no voy a decir nombres–, gente de mi quinta, porque ya no estamos hablando de gente joven. ¿Me puedes decir cuántas mujeres de mi edad estamos en el rock?

Pienso en Luz Casal, por ejemplo.

Vale. Ahora dime tíos de mi quinta que están en el rock.

Le puedo hacer una lista infinita...

Y yo. No quiero decir nombres, pero todos sabemos quiénes pueden ser. Y no estoy en contra, ¿eh?, ¿pero por qué ellos tienen su sitio y nosotras no? Y no me gusta comparar, pero creo que a muchos tíos del rock de mi quinta les podría mear en la puta cara, hablando de calidad. Esto me crea una frustración y un mal rollo que no necesito en mi vida. ¿Qué hacen ellos para que nosotras estemos? Nada, solo mal rollo que no necesito, así que me quedo en mi planeta haciendo mis canciones, viviendo el día a día tratando de sobrevivir de la manera más digna y más apañada posible, intentando tener una salud mental estable –porque esto que te cuento mina mucho– y sabiendo quien soy. Los que lo tienen que saber lo saben, por eso sigo tocando. Siempre ha pasado lo mismo y no solamente en la música: las mujeres hemos tenido que hacer muchas más cosas para que nos tomaran en serio. Hay cosas que sí valen ahora y antes no. Antes, una mujer quería que se la tomara en serio y se le apreciara por su talento y no por su carcasa, que caduca, pero ahora por lo visto ya no pasa eso. Por eso te digo que estoy un poco perdida y que me da un poco de miedo hablar de esto.

¿Qué referentes femeninos tenía cuando empezó con Belladona, su primer grupo?

Mercedes Ferrer, que tiene unos ovarios increíbles. Es la primera persona española que yo vi un día en la tele tocando con su Telecaster, tan bella, tan talentosa, cuando ganó el Villa de Madrid. La admiro mucho. Hablamos hace poco de ese tema. De hecho, acabamos de grabar juntas una canción preciosa. La tengo constantemente en la cabeza porque me conmueve. El primer día que la escuché, lloré. De referentes guiris tenía a Janis Joplin, Patti Smith, The Pretenders, Fleetwood Mac… Y de gente más actual te diría Morgan, que es un grupazo que acabo de descubrir con su último álbum [The river and the stone].

¿Mercedes también es un referente en las letras? Entiendo que hay coincidencias en temáticas que a veces se dan por el entorno social (drogas), político (rock radical vasco), cultural (los ochenta en Madrid y Barcelona)... Pero otras veces el referente es solo por estilo y no por letra.

Es que para mí el rock radical vasco no era una referencia. Yo descubrí a Mercedes antes. Las dos éramos unas niñas, porque ella sólo tiene un año más que yo. Había grupos de chicas, por ejemplo las Vulpess, a las que maltrataron vilmente y vapulearon sin sentido. Las utilizaron. Yo no quise montar un grupo de chicas porque sí. Nunca he querido ser una abanderada de nada. Si alguien me ha tomado como tal, de puta madre. Yo solo quería tocar, porque las mujeres también sabemos hacerlo bien y debíamos demostrarlo, y ahí fue cuando nació Belladona. El rock radical vasco es una etiqueta que le pusieron, igual que la Movida madrileña, la Movida gallega… Es una manera de comercializarlo. En cada zona había un estigma. En Euskadi y Navarra había un estigma muy grande y en Madrid tendrían otro. Yo ya contaba con una edad suficiente en aquel momento como para discernir lo que había en Galicia, Euskadi y Madrid. En Madrid yo creo que había pijos aburridos que se pasaban al lado oscuro y les molaba, porque decían que estaban hartos de escuchar a abuelos cebolleta hablando de la guerra. Personalmente, la Movida madrileña me espanta, pero obviamente quedaron cosas que sí han merecido la pena. En Euskadi nos han tenido siempre con la boca chapada con grapas y de aquella nosotros empezamos a quitárnoslas y a decir todo lo que nuestros padres no podían. No porque seamos mejores ni peores, sino porque somos distintos.

"Personalmente, la Movida madrileña me espanta, pero obviamente quedaron cosas que sí han merecido la pena"

¿No se veía un tanto frívolo el trato de las drogas en la Movida Madrileña con respecto a lo que había sucedido en su entorno?

Sí. La gente de mi edad siempre tiene en la boca la frase de que tenemos un cementerio particular lleno de amigos que lo pagaron con la heroína. Era gente muy útil, combativa, y de repente, como por arte de magia, aparece la heroína. Empiezas a descubrir que esto viene de arriba y que es una manera muy “guapa” de apaciguar a la gente útil y combativa. Pero no sólo aquí, también en otros sitios del mundo que eran “conflictivos”. Donde la gente decía cosas incómodas de oír, ahí aparecía la heroína. En Madrid, por lo visto, esto se veía divertidísimo. Yo no lo percibo como referente musical ni social. Para comprarte unas Dr. Martens, una chupa de cuero, un disco de los Clash o una guitarra eléctrica te tenías que ir a Londres o encargarlos; te salía muy caro y eso no se lo podía permitir cualquiera. Por eso aquí, en Pamplona, los primeros que empezaron a meterse heroína eran gente de pasta, porque los demás no teníamos dinero para eso, afortunadamente. A mí no me gusta la Movida madrileña, pero respeto a los que les gusta.

He crecido en una familia humilde y sé vivir con muy pocas cosas”, dice. Por otra parte, ha tenido problemas de salud. ¿Se encuentras en paz consigo misma?

Lo puedo decir con la boca muy llena: me encuentro muy en paz conmigo misma. Todo lo que he conseguido ha sido sin tener que pisar la cabeza a nadie ni engañar ni traicionar. Vivo de una manera muy austera porque yo lo soy, no porque sea pesetera, sino porque sé valorar las pequeñas cosas. Nunca he sido una persona a la que le hayan impresionado las cosas materiales ni los oropeles. Pero, a la vez, soy muy ambiciosa, porque lo que yo ambiciono no se puede comprar en una tienda. De hecho, tengo cosas que gente con mucho dinero en la vida van a oler. Dormir tranquila, la honestidad, vivir sin ser un parásito, el amor, el respeto.. Yo todo eso lo tengo. Tengo una base muy feliz en mi vida y con mi esfuerzo he logrado lo que he querido. Vivo de lo que yo gano y a veces hay baches, pero es que somos como un electrocardiograma, que unas veces subimos y otras bajamos… Pero plano no se puede estar, porque te mueres.

Ya lo dicen las abuelas: al menos nos queda la salud.

Bueno, yo tengo que cuidar mucho este regalo, que es un riñón nuevo que ha cambiado mi vida. Ahora mismo tengo muchísima energía. Cada dos meses voy a hacerme un control y eso quiere decir que no tengo salud absoluta, pero yo lo trato como si fuera oro en paño e intentaré que esto se alargue en el tiempo todo lo que pueda estar en mi mano. Así que en mi vida me considero una persona feliz.

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Sus hermanos se ofrecieron a donarle el riñón, pero usted no quería.

No quería porque al donármelo, si luego a ellos les pasaba algo, se quedaban sólo con uno. Además éramos incompatibles y lo descubrimos cuando yo tenía sólo un dos por ciento de función renal y entré en diálisis. Pensé que no lo superaba, pero consulté en ALCER y me explicaron cómo iba lo de las donaciones e incluso las donaciones cruzadas. Yo no sé quién me donó el riñón, pero es una persona a la que idolatro y le estoy tremendamente agradecida.