Historia de un gran fraude editorial

Filippo Bernardini, el pirata lector

Lomos de libros de James Bond escritos por Ian Fleming

Lomos de libros de James Bond escritos por Ian Fleming / El Periódico

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La detención, este jueves, de Filippo Bernardini, un italiano de 29 años, ha resuelto parte de uno de los mayores misterios del mundo editorial anglosajón: la del falso editor que captaba manuscritos inéditos de grandes autores antes que nadie. Utilizaba todo tipo de engaños y artimañas electrónicas para conseguirlos y leerlos. Y después desaparecía.

Bernardini fue detenido en el aeropuerto JFK de Nueva York este jueves y ha sido acusado de fraude electrónico y usurpación de identidad agravada, delitos que pueden acarrearle hasta 22 años de cárcel. Y eso que la fiscalía no ha podido probar que revendiera, filtrara o plagiara los originales.

Bernardini comenzó a operar en el 2016. Se hacía pasar por empleado de la prestigiosa editorial Simon&Schuster y se ponía en contacto con autores, representantes y agentes para intentar acceder a los manuscritos más codiciados aún inéditos. Durante años logró "centenares", a veces de autores conocidos o de sus representantes, utilizando falsas direcciones electrónicas, detalla el acta de inculpación difundida por la justicia estadounidense, que no da nombres.

El sospechoso registraba dominios web que cambiaban una letra de manera anodina en su dirección para simular que eran de empresas conocidas. Creaba buzones de correo con esos dominios y desde ellos entablaba contacto con editores, agentes o representantes de derechos para iniciar un trato que le diera acceso a un original esperado. Incluso llegó a crear un ‘phishing’ para conseguir las claves de acceso a la base de datos de un agente y tener acceso a más víctimas.

La saga 'Millenium' y Atwood

Estos intentos de usurpación, a veces fallidos, otras exitosos, iban siempre rodeados de misterio ya que los robos no solían estar acompañados de chantajes o publicaciones irregulares de las obras. En agosto de 2021, la New York Magazine había contado cómo los editores suecos de la serie de novela policiaca "Millenium" fueron contactados por un supuesto colega en Italia, para que enviaran una dirección segura que daba acceso al manuscrito, que estaba en pleno proceso de traducción.

En 2019, el agente de la autora canadiense Margaret Atwood reveló que las pruebas de la esperada continuación de "El cuento de la criada", "Los Testamentos", eran una de las obras afectadas. Según el acta de inculpación, que atribuye a Bernardini el registro de "160 dominios de internet fraudulentos", un ganador del premio Pulitzer le había enviado "su manuscrito" para ser publicado convencido de que era su editor.

Escritores como Sally Rooney, Ian McEwan y el actor Ethan Hawke también fueron contactados, según el New York Times.

Sin cómplices

Bernardini se ha declarado no culpable en su primera comparecencia ante la justicia pero no ha explicado sus motivos. El acta de inculpación no especifica qué ha hecho de los manuscritos recuperados o si ha logrado dinero por ellos. Tampoco menciona posibles cómplices.

Su cargo supuesto, además, acabó siendo real y el pasado marzo logró ser contratado por Simon&Schuster para su departamento de derechos. Esgrimió un título en filología china por la universidad de Milán, sus conocimientos extensos del mundo editorial y un máster en edición, según su página de Linkedin, que también está por ver si son ciertos. 

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Simon & Schuster, de momento, ha “suspendido" a su empleado, "mientras aguarda más informaciones sobre el caso", al tiempo que un portavoz dijo estar "impactado y horrorizado" por la actuación del sospechoso. "La protección de la propiedad intelectual de nuestros autores tiene una importancia primordial para Simon & Schuster y para el conjunto del sector editorial", agrega la empresa, que agradece la colaboración del FBI.

Bernardini, mientras, ha respondido a una fianza de 300.000 dólares “con sus bienes” y aguarda ser llamado de nuevo por el juez desde un apartamento de Nueva York donde permanece en “arresto domiciliario”. Leyendo, se supone.